viernes, 5 de febrero de 2021

EL CAMBIO CLIMÁTICO ES UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD


Los tribunales franceses acaban de sentenciar contra el Estado por  su inacción contra la crisis climática. En dos meses se verá si se imponen medidas concretas contra esa inacción. Es una buena noticia. Una señal más de la concienciación sobre la emergencia climática. No es el primer caso. En Holanda ya hubo otra sentencia similar que acusaba a los gobernantes de vulnerar los derechos fundamentales de las personas. 

Cuando entre en la cárcel con una larga condena algún presidente del gobierno por cargarse el planeta se acabaran las bromas, las mentiras y el decir una cosa y hacer otra. Ya está bien de cumbres, asambleas, conferencias y discursos donde se dice “el cambio climático es el mayor reto de nuestra civilización” pero luego se actúa justo en sentido contrario.

Un gobernante que no actúe contra la pérdida de biodiversidad, que no se preocupe por el deterioro de nuestros bosques y nuestras zonas húmedas, que fomente la contaminación del aire que respiramos y de los suelos  que cultivamos y de los que comemos, que no evite el envenenamiento de nuestros acuíferos o la plastificación de nuestros mares está atentando contra todos y cada uno de nosotros, nos está matando, está asesinando a nuestros hijos. A muchos, a miles y miles de ciudadanos. Quien ponga intereses económicos por delante de la salud de las persona y del planeta es tan malo como un criminal de guerra.

Vamos al colapso y todavía hay quien quienes lo ponen en duda; gente peligrosa pero que se pone en ridículo por si misma. Vamos al colapso y todavía hay acciones individuales que parecen no tenerlo en cuenta; por eso se sanciona a los ciudadanos incívicos, muchos de ellos forman parte del gran poder económico. Vamos al colapso y nuestros dirigentes todavía se pliegan a los intereses económicos y legislan para acelerar la debacle; ellos cometen un crimen de lesa humanidad. Deberían pagar por ello.
















martes, 12 de enero de 2021

LA ESPAÑA PAPISTA DEL OLIGOPOLIO ELÉCTRICO

¿Se imaginan que por culpa del aumento del coste en el cultivo de la cebada, la cerveza subiera de precio de manera exagerada y, de golpe, se aplicara idéntico aumento a la leche, al vino, al agua y a los refrescos? ¿Extraño, no? Pues bien, algo así pasa con la electricidad, con el añadido de que, se puede dejar de beber vino, agua o refrescos, pero no se puede dejar de consumir electricidad.

 Lo que ha sucedido estos días es que por distintas causas ha subido el precio del gas y eso se ha trasladado al conjunto de la energía producida, ya sea renovable, nuclear o de cualquier otra fuente. ¿Quién sale ganando con eso? Las grandes empresas como Endesa o Naturgy. ¿Quién pierde? La ciudadanía en su conjunto. ¿Para quién es un desastre? Para los más vulnerables. 

 Por supuesto que las normas que amparan esta sinrazón no son obra de malignas fuerzas sobrenaturales, no. Es la legislación que aprobó el PSOE y que, cuando los tribunales europeos dieron la posibilidad de modificar, el Partido Popular reforzó. Así pues, estos continuos “records” en el precio de la luz, que tanta alarma (y tanta hipocresía) han desatado en los últimos días, se podrían resolver en buena parte legislando a favor de separar unas energías de otras o asegurando que los beneficios “caídos del cielo” que se embolsan las grandes empresas son recuperados socialmente en su justa medida. 

El proceso legislativo necesario podría empezar mañana y, ya puestos, aprovechar para bajar el IVA y hacer más proporcionales al consumo los costes fijos. El llamado “gobierno másprogresista de la historia de España” tiene ocasión de hacer honor a su nombre. Podemos ya ha dicho que adelante; el PSOE, se pone de perfil… Que no sea por sus muchos y destacados dirigentes que han pasado de cargos gubernamentales a los consejos de administración o asesores de las grandes eléctricas beneficiarias. No les voy a cansar con la lista. Sólo el Partido Popular transita mejor las puertas giratorias que Felipe González y todos los que después de él han sido. 

 Otro debate. ¿Qué hay de la empresa pública de electricidad que reivindicaba Podemos en campaña electoral? Estamos a la espera. La privatización del sector eléctrico español , en realidad, la fiebre privatizadora, viene de largo. Arranca con el PSOE felipista, la lleva a su máximo exponente el PP de Aznar y le ponen la guinda entre Zapatero y Rajoy. 

En concreto Endesa acaba en manos de ENEL y a Acciona. Curiosos destinatarios del negocio: ENEL, la empresa pública eléctrica de Italia; es decir, lo que pierde el estado español lo gana el estado italiano, y Acciona, la firma de la familia Entrecanales, presente en Gurtel, en Púnica y en todas las salsas corruptas del PP. Renacionalizar ENDESA serían algo así como 20.000 millones de euros. Teniendo en cuenta que los beneficios anuales se acercan, cuando no superan, los 2.000 millones, no parece una cifra desorbitada. Y sería escrupulosamente legal. El artículo 128 de la Constitución lo ampara al establecer que "toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general". Con su justa indemnización y por utilidad pública se puede hacer.

 Una gran empresa pública en el sector de la electricidad podría servir también para agrupar la gestión de las decenas de centrales hidroeléctricas cuyas concesiones, después de casi un siglo en manos privadas, están revirtiendo en el Estado. Aquí hay poco que imaginar, se puede ir a hechos concretos. Ya hay en estos momentos Confederaciones Hidrográficas que se han hecho cargo de la gestión de este tipo de centrales y están consiguiendo precios por kilowatio hasta 10 veces inferiores a los que ofrecen las empresas privadas. Añadan a eso que estamos hablando de una gestión más democrática, más participativa, más transparente, menos especulativa y entregada a la erradicación de la pobreza energética. Yo le veo pocas sombras. 

 Es cierto que nada de lo que hasta aquí he comentado viene a resolver los aumentos de precio que puedan haberse producido estos días de tanto frío. Tampoco nos engañemos, los atracones especulativos de las eléctricas no son grandes golpes de un día o una semana, su meganegocio es de largo aliento. Así pues, no caigamos en hacernos ahora los alarmados y en nada olvidarlo todo. 

 Aprovechemos la situación y los focos sobre el tema para debatir con decisión las soluciones a medio plazo. Primero, legislar sobre lo que ya se puede legislar para que los aumentos de un sector no se trasladen a todos los demás y, en paralelo, plantearnos si tenemos que seguir huérfanos de presencia pública en un sector tan estratégico como la electricidad. Nacionalizar, sí, nacionalizar lo que nunca se debería haber privatizado. Puestos a mirarnos en los grandes países europeos, también lo podríamos hacer en esto; veríamos que somos más excepción que otra cosa, que a neoliberales también hemos sido más papistas que el Papa, y que así nos va.

lunes, 14 de diciembre de 2020

COCA-COLA, DANONE Y MERCADONA SIGUEN USANDO ECOEMBES PARA MENTIR Y CONTAMINAR



No voy a descubrir ahora que el conflicto social entre los de arriba, ese 1% de la población que lo tiene todo y que detenta el poder casi  al margen de quien gobierna, y los de abajo, el 99% restante, es muy desigual. Lo sabemos. Capitalismo y democracia funcionan con lógicas enfrentadas y eso explica lo antes descrito: gobierna quien decide la mayoría en base a elecciones democráticas pero el poder, el de verdad, reside en unas élites económicas que dominan las grandes corporaciones financieras y empresariales y que no se someten a las urnas.

Dicho todo esto, y aceptado que las cosas son así, que tenemos que cambiarlas, sí, pero que no va a resultar sencillo, lo que no tenemos porque aguantar es que encima nos tomen el pelo, se rían de nosotros y ofendan nuestra inteligencia.

En las últimas semanas hemos visto una ofensiva de los productores de bebidas, supermercados y envasadores, agrupados en Ecoembes, promocionando un proyecto de recuperación de botellas y latas al que han bautizado como Reciclos y presentan como un Sistema de Devolución y Recompensa (SDR). 

Quede claro que los promotores de la cosa son, resumiendo, de Coca-Cola  a Danone, de Mercadona a Carrefour, de Procter and Gamble a L’Oreal. Ecoembes no es una ONG ecológica, ni siquiera una entidad que trabaja por la mejora del medio ambiente. Ecoembes es la empresa a través de la cual, las grandes corporaciones antes citadas y centenares más, gestionan su obligación por ley de recuperar los envases que ponen en el mercado. Y, todo sea dicho, lo hacen mal, bastante mal ya que apenas recuperan un tercio de todo lo que comercializan. Es decir, incumplen la ley, con el añadido de que, en este caso, en lugar de pagar ellos su “delito” nos lo cargan al conjunto de la población en forma de contaminación y de coste añadido ya que la recogida de lo que ellos abandonan se hace con dinero público.

El invento Reciclos “made in Ecoembes” se explica porque algo tienen que hacer ante una realidad que ya nadie duda: con el actual sistema de contenedores,  la gestión de los residuos de envases no alcanza. Ni cumplimos las normativas europeas ni las vamos a cumplir, estamos llenando nuestros mares de plástico y nuestras calles, nuestras plazas, nuestros montes y nuestras carreteras están a rebosar de latas y botellas.

En medio mundo, desde Suecia a Australia pasando por Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Lituania y decenas de países más, tienen más o menos resuelta esta problemática con el viejo modelo de “devolver el casco”. Se compran las bebidas con un depósito de, pongamos, diez céntimos, que se recupera cuando se retorna el envase vacío. Es lo que se conoce desde hace más de 20 años como Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR).

Pero Ecoembes, es decir, Coca-Cola, Danone, Mercadona y demás, el 1% del inicio del artículo,  no quieren SDDR porque para ellos supone más control y menos negocio, porque no están dispuestos a pagar por lo que contaminan y porque quieren seguir siendo juez y parte y ganar dinero a costa de nuestra salud y la del planeta. Y se inventan Reciclos. Y utilizan a los gobiernos autonómicos y municipales como cómplices en la tomadura de pelo en marcha.

Promueven Reciclos, algo que está por testar, quienes califican de temerario un sistema como el SDDR que está funcionando, y muy bien, en multitud de países. Califican de molestia para los usuarios tener que devolver envases a la tienda   más cercana y lo que proponen ellos es que nos bajemos una aplicación en nuestro móvil, que fotografiemos con ella los códigos de barras de nuestras bebidas, que busquemos por la ciudad máquinas o contenedores adaptados al sistema, que volvamos a usar la aplicación para capturar sus códigos y que, finalmente, depositemos allí nuestros envases. Y, así, entraremos en sorteos de patines eléctricos, bonos de autobús o cosas similares. Es decir, frente a una cosa sencilla y que funciona; algo tan complicado y que, francamente, cuesta pensar que pueda tener éxito. No imagino a quien tira los envases donde no toca haciendo todo el proceso para obtener un boleto en un sorteo. Encima, puesto que todas las encuestas que se hacen reflejan una gran aceptación del SDDR, al sistema le llaman SDR, entiendo que para confundir un poco más y hacer ver que aquello que a la mayoría les parece bien es lo que ellos proponen.

El otro día participé en una mesa redonda sobre sobre todo esto que acabo de contar aquí y resumí en una breve intervención lo que me parece el proyecto de Reciclos. Los organizadores me han hecho llegar el vídeo que encabeza este escrito y he querido aprovecharlo para explicar un poco más detalladamente mis argumentos. Espero haberme hecho entender.


lunes, 19 de octubre de 2020

IBERDROLA Y LA LEY DEL EMBUDO

José Manuel Sánchez Galán, presidente de Iberdrola (Foto: Efe)

Me dispongo a contarles un episodio de mi relación con Iberdrola que, por una vez, no ha consistido en pagarles los recibos mensuales sino en necesitarles para que me arreglaran una avería en su instalación, para que solventaran un fallo en su servicio. Y ya les avanzo que Iberdrola, casi 2.000 millones de beneficios netos en el primer semestre de 2020, no ha estado a la altura. Bueno, igual exagero. Ustedes dirán.
Sábado 13 de octubre. Pasadas las 12 del mediodía llego a mi casa en Alpatró, Vall de Gallinera, Marina Alta, provincia de Alicante. Y no tengo luz. Consulto a un vecino, electricista, que me hace ver que hay signos de que se han quemado los cables de la fachada y una mancha negra en la pared. Un cortocircuito. “Tienes que llamar a Iberdrola”, me dice.
Y eso hago. Llamo al teléfono que aparece en su página web: 900225235. No les sorprenderá que les diga que me salta un contestador que me pregunta por el problema, me pide datos y me acaba diciendo que “espere, por favor”. Y, al rato, añade que “nuestros operadores están ocupados, le atenderemos en breve”. De breve nada. La espera se alarga. Se alarga. Cuelgo. Llamo unos minutos después, lo mismo. Repito los datos. Repito la espera. Tres veces. A la tercera, al final, me aparece una voz “en directo”. Vuelta a la narración de mis problemas. Otra vez los datos… y, ooh sorpresa, la señora que me atiende resuelve que no hay ningún contrato con Iberdrola en mi vivienda. Sorprendido cuelgo. Reviso en internet y, sí, hay contrato y el último pago es del pasado 2 de ocubre. Así que vuelvo a la carga.
Dos intentos fallidos más ante el contestador/barrera. A la tercera, de nuevo, una señora me atiende a la antigua usanza, vamos de persona a persona. Vuelvo con la retahíla de mi explicación y esta vez sí que aparece que Iberdrola da servicio a mi casa. Ganada esta batalla, yo crecido, me dice que me va a dar un teléfono de su distribuidora para que llame allí ya que ellos son los que han de resolverme la avería. Le pregunto cómo es eso dado que yo pago a Iberdrola y estoy hablando con Iberdrola, que por qué no me lo resuelve ella… Y me viene a decir que la cosa funciona así. Bien. Me da el teléfono: 900171171. Llamo.
Sin éxito. Otro contestador. Yo con mi parrafada de datos, que ya recito como la lista de preposiciones o la tabla del 5, pero nada de que me atienda nadie. De hecho, en una de las ocasiones, el contestador me sugiere que revise los mandos de caja eléctrica y añade, por aquello de ayudar, supongo, que es un cuadro de palancas que, seguramente, tengo en la entrada de la vivienda. En fin… A ver a quién le digo yo que el cortocircuito está fuera, que la caja tiene la misma culpa en el caso que las corrientes marinas de las Azores.
A la tercera, siempre a la tercera, será casualidad, un señor muy amable después de oír toda mi narración de los hechos me dice que la distribuidora, es decir, él, se pondrá en contacto con la empresa colaboradora y me mandarán un técnico. “En 20 minutos, como máximo, se pondrá en contacto con usted”, remata. Parece que la cosa marcha.
Pasa una hora y no ha llamado nadie. Vuelvo a llamar. Más contestador, más espera, más “nuestros operadores están ocupados” y, al final, una señora de carne y hueso. Le cuento “mi vida” y le remarco lo de los 20 minutos. Y me dice que lo máximo de espera para el contacto no son 20 sino 45 minutos. Le recuerdo que le acabo de decir que llevo una hora de espera. Me asegura que en 10 minutos “el técnico de la empresa colaboradora” me llamará.
Y sí, me llama el señor de la “empresa colabodora”. No a los 10 minutos sino a los 30 pero llamar, me llama. Y sí, le vuelvo a contar todo. Asiente. Me dice que está en Benissa, a 50 kilómetros de donde estoy yo y que ya sal para allá. 50 kilómetros, calculo 45 minutos y pienso que puedo comerme un bocata.
Digerido ya el bocadillo, una hora y cincuenta minutos después de mi conversación con el técnico que supuestamente estaba viniendo, me decido a volver a llamar a la distribuidora. Les ahorro mi nuevo encuentro con el contestador que esta vez acaba en un operador a la primera… pero se corta la llamada. No podía ser tan bonito. Vuelvo a la carga y, no se lo pierdan, vuelve el contestador a sugerirme que revise mi caja de mandos. Nooooo… Lo intento de nuevo y, a la segunda, llego a una señora que me da el teléfono del técnico a lo que le respondo que les estoy llamando y no me contesta, que tenía su teléfono de cuando me aviso de que ya estaba viniendo y que, por supuesto, ya lo había probado. Me contesta extrañada que eso no puede ser. Se hace un silencio un poco largo. Lo rompo preguntándole si piensa hacer algo, si tiene alguna idea al respecto. Me dice que llamará a la “empresa colaboradora” y que ya me informará de manera urgente. Me llama unos minutos después. Me asegura que los de la “empresa colaboradora” tampoco dan con su técnico. Entonces me asegura que esperemos unos minutos y que si no encuentran al técnico buscaran otra “empresa colaboradora” que me de servicio. Son ya las siete de la tarde. Estoy perdiendo la esperanza… y entonces escucho unos ruidos en la calle, me asomo, y sí, allí estaba el técnico. Le cuesta 10 minutos arreglar la avería. Se va. Me decido a volver a llamar a la empresa distribuidora para informarles que no busquen más, que el técnico ya ha hecho su trabajo. Me dicen que gracias, que no lo encontraban, que sería que no tenía cobertura. Me asalta el dato que he visto mientras esperaba de que Iberdrola es la empresa que más aumentó su gasto en publicidad durante el pasado año y pienso que, en lugar de tanto anuncio, igual podrían dotar de mejores teléfonos a sus “colaboradores” o, mejor todavía, igual podrían subcontratar menos y hacer mejor su trabajo... pero no se lo digo. Ya tengo luz. Siete horas me ha costado. No es que pensara que el Sr. Sánchez Galán podía venir con la caja de herramientas o que iba a apsarse el comisario Villarejo con quien la empresa hace negocios pero, dado sus beneficios, sus dimensiones y su "gran interés por sus clientes", sí que sería de esperar un mejor servicio.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

PIRÓMANOS BANCARIOS AL MANDO DE LA EXTINCIÓN DEL INCENDIO ECONÓMICO

 


La, según parece, imparable fusión entre CaixaBank y Bankia es como si, en plena pandemia del COVID, el gobierno nos sorprendiera dando luz verde al despido de nuestro personal sanitario aludiendo a estrategias económicas de altos vuelos. En estos tiempos de emergencia climática, de urgente necesidad de ir hacia un modelo económico menos contaminante y depredador y en plena fase de desmoronamiento por las consecuencias económicas de una crisis sanitaria, permitir mayor concentración bancaria y la desaparición de la poca banca pública que tenemos en vez de reforzarla, es lo mismo que acabar con el cuerpo de bomberos en plena ola de incendios.

El tránsito hacia un tejido industrial con menos emisiones, la superación del mito del crecimiento consumista, la ayuda a las pequeñas y medianas empresas en este proceso, la reorientación de las prioridades en temas de rehabilitación de viviendas y de cambios en la movilidad, la compensaciones que exige una transición ecológica socialmente justa y equlibrada en lo territorial o la transformación del modelo energético no puede hacer se a la velocidad que necesitamos sin un impulso de la banca pública.

No tenemos que inventar nada. Lo reclama hasta el Banco Mundial. Está sucediendo en los países europeos de referencia. En estos tiempos convulsos nadie renuncia a las herramientas públicas en el sector bancario. Alemania, Italia, Francia, los países del norte del continente… Los bancos más solventes según todos los test son, oh, casualidad, los públicos. En Alemania, repartidos por landers, son básicos en las inversiones más sostenibles; en Holanda, el BNG, exactamente igual. Hasta en Estados Unidos, Dakota del Norte está esquivando los graves desajustes económicos de este país, gracias a su banca pública absolutamente excepcional.

La banca pública es un factor de estabilidad. Resulta ridículo escuchar al presidente Sánchez o a sus portavoces apelar a al existencia del ICO para tranquilizarnos respecto de la fusión de Bankia (en realidad, absorción) con CaixaBank. El ICO no llega ni al 10% de lo que representa la banca pública en la mayoría de países de nuestro entorno.

Para entendernos: la banca pública es una garantía de competitvidad, de la competitividad buena y justa en tiempos de brutal concentración del sector financiero y sirve al interés general en lugar de buscar el beneficio rápido y a costa de lo que sea. Resulta sorprendente que en tiempos de emergencia climática, en realidad, le deberíamos llamar emergencia social, un gobierno progresista considere adecuada una mayor privatización bancaria. No voy a reclamar la nacionalización del sector pero que un gobierno como el de Pedro Sánchez se planteara la consideración de toda la banca como un servicio público esencial parece lo mínimo. Pues no, todo lo contrario. Y claro, de sus deudas pendientes, “ya tal… “ que diría Rajoy.

Acabo con una vuelta a la defensa del interés general para reclamar la existencia de una banca pública potente que pueda ejercer de impulsora de la transformación ecológica de nuestra economía. Más allá de la miopía caníbal del capitalismo depredador, acelerar la transición ecológica es una responsabilidad en beneficio de las futuras generaciones, esas que hoy no están aquí, o todavía no tienen sitio en las altas esferas de poder. También en el ámbito de la economía. Cuánto más ignoremos los peligros ambientales mayores serán las catástrofes que se producirán y, por tanto, también serán mayores las pérdidas económicas, la desestabilización los desastres financieros. Por el contrario, cuanto más decididamente dirijamos dinero a inversiones “ecológicas” más posible será una prosperidad compartida. Tenemos que elegir, también esos buitres de consejo de administración acostumbrados a mandar sin pasar por las urnas, desde Primo de Rivera a nuestros días, entre una transición verde suave o traumática. Entre crecer y crecer hasta llegar al abismo y seguir creciendo para caer en él o repensar nuestro modelo de consumo.  O movilizamos ya los recursos financieros hacia la descarbonización o tenemos los días contados. O lo impulsamos desde lo público o no llegamos a tiempo.O lo hace este gobierno o estamos perdidos. O recuperamos la banca pública o nada. En pleno incendio dejar las tareas de extinción en manos delos pirómanos es poco tranquilizador.