lunes, 19 de octubre de 2020

IBERDROLA Y LA LEY DEL EMBUDO

José Manuel Sánchez Galán, presidente de Iberdrola (Foto: Efe)

Me dispongo a contarles un episodio de mi relación con Iberdrola que, por una vez, no ha consistido en pagarles los recibos mensuales sino en necesitarles para que me arreglaran una avería en su instalación, para que solventaran un fallo en su servicio. Y ya les avanzo que Iberdrola, casi 2.000 millones de beneficios netos en el primer semestre de 2020, no ha estado a la altura. Bueno, igual exagero. Ustedes dirán.
Sábado 13 de octubre. Pasadas las 12 del mediodía llego a mi casa en Alpatró, Vall de Gallinera, Marina Alta, provincia de Alicante. Y no tengo luz. Consulto a un vecino, electricista, que me hace ver que hay signos de que se han quemado los cables de la fachada y una mancha negra en la pared. Un cortocircuito. “Tienes que llamar a Iberdrola”, me dice.
Y eso hago. Llamo al teléfono que aparece en su página web: 900225235. No les sorprenderá que les diga que me salta un contestador que me pregunta por el problema, me pide datos y me acaba diciendo que “espere, por favor”. Y, al rato, añade que “nuestros operadores están ocupados, le atenderemos en breve”. De breve nada. La espera se alarga. Se alarga. Cuelgo. Llamo unos minutos después, lo mismo. Repito los datos. Repito la espera. Tres veces. A la tercera, al final, me aparece una voz “en directo”. Vuelta a la narración de mis problemas. Otra vez los datos… y, ooh sorpresa, la señora que me atiende resuelve que no hay ningún contrato con Iberdrola en mi vivienda. Sorprendido cuelgo. Reviso en internet y, sí, hay contrato y el último pago es del pasado 2 de ocubre. Así que vuelvo a la carga.
Dos intentos fallidos más ante el contestador/barrera. A la tercera, de nuevo, una señora me atiende a la antigua usanza, vamos de persona a persona. Vuelvo con la retahíla de mi explicación y esta vez sí que aparece que Iberdrola da servicio a mi casa. Ganada esta batalla, yo crecido, me dice que me va a dar un teléfono de su distribuidora para que llame allí ya que ellos son los que han de resolverme la avería. Le pregunto cómo es eso dado que yo pago a Iberdrola y estoy hablando con Iberdrola, que por qué no me lo resuelve ella… Y me viene a decir que la cosa funciona así. Bien. Me da el teléfono: 900171171. Llamo.
Sin éxito. Otro contestador. Yo con mi parrafada de datos, que ya recito como la lista de preposiciones o la tabla del 5, pero nada de que me atienda nadie. De hecho, en una de las ocasiones, el contestador me sugiere que revise los mandos de caja eléctrica y añade, por aquello de ayudar, supongo, que es un cuadro de palancas que, seguramente, tengo en la entrada de la vivienda. En fin… A ver a quién le digo yo que el cortocircuito está fuera, que la caja tiene la misma culpa en el caso que las corrientes marinas de las Azores.
A la tercera, siempre a la tercera, será casualidad, un señor muy amable después de oír toda mi narración de los hechos me dice que la distribuidora, es decir, él, se pondrá en contacto con la empresa colaboradora y me mandarán un técnico. “En 20 minutos, como máximo, se pondrá en contacto con usted”, remata. Parece que la cosa marcha.
Pasa una hora y no ha llamado nadie. Vuelvo a llamar. Más contestador, más espera, más “nuestros operadores están ocupados” y, al final, una señora de carne y hueso. Le cuento “mi vida” y le remarco lo de los 20 minutos. Y me dice que lo máximo de espera para el contacto no son 20 sino 45 minutos. Le recuerdo que le acabo de decir que llevo una hora de espera. Me asegura que en 10 minutos “el técnico de la empresa colaboradora” me llamará.
Y sí, me llama el señor de la “empresa colabodora”. No a los 10 minutos sino a los 30 pero llamar, me llama. Y sí, le vuelvo a contar todo. Asiente. Me dice que está en Benissa, a 50 kilómetros de donde estoy yo y que ya sal para allá. 50 kilómetros, calculo 45 minutos y pienso que puedo comerme un bocata.
Digerido ya el bocadillo, una hora y cincuenta minutos después de mi conversación con el técnico que supuestamente estaba viniendo, me decido a volver a llamar a la distribuidora. Les ahorro mi nuevo encuentro con el contestador que esta vez acaba en un operador a la primera… pero se corta la llamada. No podía ser tan bonito. Vuelvo a la carga y, no se lo pierdan, vuelve el contestador a sugerirme que revise mi caja de mandos. Nooooo… Lo intento de nuevo y, a la segunda, llego a una señora que me da el teléfono del técnico a lo que le respondo que les estoy llamando y no me contesta, que tenía su teléfono de cuando me aviso de que ya estaba viniendo y que, por supuesto, ya lo había probado. Me contesta extrañada que eso no puede ser. Se hace un silencio un poco largo. Lo rompo preguntándole si piensa hacer algo, si tiene alguna idea al respecto. Me dice que llamará a la “empresa colaboradora” y que ya me informará de manera urgente. Me llama unos minutos después. Me asegura que los de la “empresa colaboradora” tampoco dan con su técnico. Entonces me asegura que esperemos unos minutos y que si no encuentran al técnico buscaran otra “empresa colaboradora” que me de servicio. Son ya las siete de la tarde. Estoy perdiendo la esperanza… y entonces escucho unos ruidos en la calle, me asomo, y sí, allí estaba el técnico. Le cuesta 10 minutos arreglar la avería. Se va. Me decido a volver a llamar a la empresa distribuidora para informarles que no busquen más, que el técnico ya ha hecho su trabajo. Me dicen que gracias, que no lo encontraban, que sería que no tenía cobertura. Me asalta el dato que he visto mientras esperaba de que Iberdrola es la empresa que más aumentó su gasto en publicidad durante el pasado año y pienso que, en lugar de tanto anuncio, igual podrían dotar de mejores teléfonos a sus “colaboradores” o, mejor todavía, igual podrían subcontratar menos y hacer mejor su trabajo... pero no se lo digo. Ya tengo luz. Siete horas me ha costado. No es que pensara que el Sr. Sánchez Galán podía venir con la caja de herramientas o que iba a apsarse el comisario Villarejo con quien la empresa hace negocios pero, dado sus beneficios, sus dimensiones y su "gran interés por sus clientes", sí que sería de esperar un mejor servicio.