jueves, 6 de agosto de 2020

LAS 3 MENTIRAS: CAMPECHANOS, TRANSPARENTES Y SOCIALISTAS

De izquierda a derecha, los reyes Felipe VI y Juan Carlos y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (foto: El Mundo)



El rey Juan Carlos personificó la continuidad del franquismo sin Franco ni franquistas, la pervivencia del sistema con un formato más moderno y homologable internacionalmente. Para ello se selló el “Gran Acuerdo” que lleva 50 años en pie y que, pese a las grietas, se mantiene fuerte: unos medios de comunicación convertidos en sus relaciones públicas, unos partidos políticos en el papel de guardaespaldas, unos empresarios dispuestos a pagar, una justicia ausente y un halo general de censura para fabricar y proteger el mito de la Transición intocable y su Campechano Sumo Hacedor. 


Hoy el vértice del montaje sigue donde siempre: hoy todo gira alrededor de Felipe VI y su apoyo clave se llama Partido Socialista Obrero Español. No es la izquierda ni el republicanismo el que ha obligado a huir al rey emérito, no. Quien lo ha empujado es la clase dominante de este país, aquella a la cual ha servido y de la que se ha servido, la del "Gran Acuerdo". La que ya lo da por amortizado y lo ve como un peligro para la institución y, por tanto, para la continuidad de sus privilegios. Por eso han sido los medios más "prosistema"la que más ha insistido en sus tropelías. El padre fuera, viva el hijo. Como cuando la abdicación: los focos a la fachada recién remozada y la mierda, bajo la alfombra. El PSOE, fiel a sus papel oficial de ala izquierda de la derecha, se limita a evitar que la mayoría social republicana y democrática pueda reflejarse en las instituciones.


El rey Felipe VI presidiendo una reunión de la CEOE en junio pasado (foto: EFE)




Dado que la campechanía ya no basta, el nuevo rey cabalga a lomos de la transparencia. La farsa se mantiene. Ni Juan Carlos era campechano en el sentido que se le quería dar (basta recordar como se atrevía hasta a golpear a un chófer en público); ni Felipe VI es transparente. ¿Transparente? Ni nos cuenta dónde está su padre, ni cual es la razón de su marcha, ni qué se pretende con ella, ni como se orquestó con el Gobierno Sánchez. Por supuesto tampoco nos explica cómo puede ser que no supiera nada de lo que se cocía en Palacio o si sabía algunas cosas pero no acababa de atar cabos. Nos burlamos mil veces de Ana Mato por no extrañarse de la aparición de un Jaguar en su garaje pero la ignorancia de Felipe VI no parece sorprendernos. Algo debería decirnos sobre cómo se vive 50 años en la Cueva de Alí Babá sin sospechar de nada.  La proclamada transparencia parece que tampoco le llega para detallarnos la fortuna de su progenitor. Vamos, ni la suya conocemos. Ni una palabra sobre todo el patrimonio escondido en paraísos fiscales. Nada nos ha contado tampoco del lío de las herencias, de por qué esperó a que los periódicos extranjeros informaran de sus cuentas para repudiar el dinero de su real progenitor. Echo de menos también alguna transparente reflexión por su parte sobre el silencio que hay sobre la opinión que los españoles tienen de la Monarquía. ¿Cómo es posible que el CIS no pregunte jamás al respecto? Seguro que no es por orden de la Casa Real. Seguro que la Casa Real dispone de algún trabajo sobre el tema. ¿A qué espera para hacerlo público?


Y sobre el PSOE: llama la atención la velocidad de su tránsito. Del antifranquismo republicano al “juancarlismo” en lo que va del 1974 al 1978 y de “juancarlistas” a monárquicos en poco más de una semana. Hoy  el PSOE es el cauterizador de la herida abierta que tienen los Borbones. Es enternecedor escuchar como proclaman que los pufos del rey Juan Carlos no afectan a la institución porque son cosa del pasado y que ya no está en ejercicio. ¿Quiere esto decir que si se le hubiera pillado con las manos en la masa, eso hubiera sido el final de la Corona? ¿Entonces sí? 


El rey Juan Carlos saluda al expresidente del Gobierno, Felipe González, en presencia de Pedro Sánchez (foto: EFE)


Sin este PSOE el cambio de modelo de Estado, la III República, con todo lo que eso puede significar más allá de la ausencia de un rey, estaría en el centro del debate político. Sin este PSOE, Vox y el PP estarían sólos con la CEOE y la cúpula episcopal en la defensa de la Monarquía Borbónica, y se las verían muy complicadas para justificar su encaje democrático y su legitimidad, tanto de origen como de ejercicio. El PSOE, que se mantiene fiel al “Gran Acuerdo” postfranquista, ya se ha tenido que desprender de su extravagante máscara que los hacía “republicanos juancarlistas” y evidenciar que, contra su historia, son un partido monárquico, como VOX y el PP. Puesto que ni está en su tradición, ni debe ser una cuestión de apego personal al rey, ni supongo que piensan que el pueblo español es tan inmaduro que necesita una tutela de sangre azul, me inclino a pensar que la repentina condición monárquica del PSOE responde a que se han visto obligados a escoger bando y, como VOX y el PP, entre defender los intereses de los poderes económicos dominantes o enfrentarse a ellos, han escogido la primera opción.


Ver hace unos días a Felipe González defender al rey Juan Carlos resultaba ridículo y daba pena. Ver hoy al PSOE ejercer de parapeto borbónico es desolador y da una idea del trabajo que nos queda para que nuestra democracia sea merecedora de tal nombre.


2 comentarios:

Pocafe dijo...

Ya lo dijo el dictador: todo está atado y bien atado.

Pocafe dijo...

Ya lo dijo el dictador: todo está atado y bien atado.