miércoles, 22 de abril de 2020

CALLEJA, ETA Y ZAPLANA


José María Calleja, poco después de dejar de presentar los informativos de la televisión autonómica vasca (EITB)

Fue con motivo de las elecciones autonómicas de Euskadi de 1994 que cubrí como enviado especial de Canal 9 que entrevisté a José María Calleja, fallecido ayer. Bueno, no fue una entrevista. En realidad, aproveché para hablar unos minutos con él con la excusa de “consultar a alguien representativo del periodismo vasco”. No es que lo tuviera idealizado pero me interesaba un periodista que le plantaba cara a ETA en el mismo País vasco. Aquel año ETA mató a 25 personas y el siguiente a 46. Hubo años que rozaron el centenar.  Calleja, que ya había estado en la cárcel en tiempos de Franco, por entonces era presentador de Informativos en ETB, la televisión autonómica vasca, y estaba en el punto de mira de los etarras porque abiertamente evidenciaba el comportamiento criminal de ETA.
Me sorprendió  la normalidad con la que me hablo de situación. Estaba más preocupado por como el clima de terror etarra afectaba al periodismo que por su caso particular. A diferencia de lo que acostumbra la profesión se pasó todo el rato desdramatizando su caso. Yo le insistía en el valor de su actitud y él me contestaba algo así como “coño, es que lo que hace ETA es una barbaridad”.
Con el paso de los años tampoco he seguido mucho su trayectoria pero sí lo suficiente para ver que mantenía esa misma perspectiva profesional y sensata para encarar todos los temas de la actualidad política.
Tenía más razones y experiencias que la inmensa mayoría para sentar cátedra o no dejar margen a la duda pero tenía la rara habilidad de combinar adecuadamente firmeza y modestia cuando argumentaba y, la verdad, entre tanto botarate dándose importancia, Calleja resultaba llevadero.
Cuando las cosas empeoraron en Canal 9, cuando desapareció la vocación informativa y se  extendió en la casa un régimen miserable de acojonamiento chusquero que la práctica totalidad de periodistas (o lo que fueran) aceptó sin rechistar, muchas veces pensé en Calleja. Si el defendió el periodismo ante las bombas de ETA, ¿cómo era posible que nosotros no fuéramos capaces de hacerlo ante las bravuconadas de Zaplana, Sánchez Carrascosa, Camps, Vicente Sanz o Genoveva Reig?


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