lunes, 16 de diciembre de 2019

COP25: SIGUE SIENDO LA ECONOMÍA, ESTÚPIDOS





Quizás lo entendimos mal, quizás es culpa nuestra por confiados, seguramente el lema de la COP25 de Madrid, “Tiempo de actuar”, no se refería a la necesidad de pasar de las palabras a los hechos, sino que tomaba la acepción de “actuar” en el sentido de “ofrecer un espectáculo ante el público”, y eso ha sido, puro teatro.

Los gritos de la calle parece que no han llegado a los despachos blindados donde los gobiernos negociaban patrocinados por múltiples oligopolios que no solamente pagan las cuentas sino que también escriben los guiones. Ni se han acordado compromisos más ambiciosos de recorte de emisiones, ni se han fijado calendarios más estrictos para controlarlos, ni se han cerrado las ayudas a los países más pobres, ni se han mejorado (si es que eso es posible) los mercados de carbono. En definitiva, mucho ruido y cero nueces.

Podemos seguir reflexionando sobre por qué estas Cumbres van de decepción en decepción, podemos continuar denunciando que los diagnósticos están muy bien pero que no hay manera de concretarlos en acciones, podemos decir una y mil veces que estamos de acuerdo en lo que hay que hacer pero que, luego, nadie lo hace. Podemos repetir este mantra sin cesar o, casi mejor, ir al meollo dela cuestión. ¿Y cual es el meollo? En mi opinión que la concreción de las medidas para detener las emisiones significan la voladura del capitalismo… Y eso sí que no.

El planeta, en realidad, nuestra vida en él, quien se lo está cargando es el sistema de producción capitalista, así que es él o la humanidad entera y, por ahora, va ganando él. Gana el capitalismo por más que su avance sea un inmenso suicidio colectivo. Sí , por no acabar con el capitalismo, acabaremos con todo.

No habrá hechos contra la emergencia climática más allá de los gestos, tan loables como insuficientes, de la ciudadanía hasta que los gobiernos impongan un verdadero proceso de transición ecológica que es tanto como decir un abandono del capitalismo productivista hacia un modelo económico decrecentista de prosperidad compartida. Hasta ese día seguiremos acumulando decepciones y nuestra vida en el planeta cada vez será más peligrosa y más incierta. Vamos camino de una nueva era que puede estar más o menos organizada si la dirigen los gobiernos pensando en el interés general o puede ser cruel si se hace según los tiempos y los criterios de las grandes corporaciones.

Sabemos que la etiqueta de “malos de la película”, los boicoteadores de los acuerdos, la llevan Brasil, EEUU, Rusia, China, Arabia Saudí y algún que otro país más. Me parece una distinción un poco simple, para tranquilizar conciencias. Si la realidad fuera esa, los demás tendrían que estar ya trabajando en un diseño del mundo a dos velocidades, donde aquellos que sí creen en la emergencia climática se organizaran para dejar fuera a estos “malos” y penalizar su acción en los mercados. Bienvenidos sean los líderes políticos capaces de iniciar un proceso así.

En definitiva, y como aquella famosa frase que se atribuye a un asesor de Bill Clinton, “es la economía, estúpidos”. La economía nos condena, por ella tenemos que escapar.

(Foto: AFD)

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