viernes, 5 de julio de 2019

LOS INCENDIOS FORESTALES COMO SÍNTOMA


Agosto de 2018, casi 3.000 hectáreas quemadas en el incendio que afectó siete términos municipales del entorno de Gandia. (Foto: José Jordán)


Este fin de semana, y vendrán más, pinta complicado en tema de incendios forestal. Los grandes fuegos causan una gran alarma, suponen perder patrimonio, biodiversidad, paisaje y, a veces, hasta algunas vidas. En realidad, la gravedad de un incendio es, solamente, la punta del iceberg de un proceso dramático: dejamos morir aquello que pensamos que no es útil para nuestro día a día, se está muriendo nuestro mundo rural, nuestros bosques, nuestra agricultura, nuestros pueblos. Sí, vivimos de espaldas a una parte de nuestro territorio, mejor dicho, lo despreciamos, lo abandonamos, lo maltratamos. Pero como formamos parte de un único ecosistema, cuando lo despreciado, lo abandonado y lo maltratado sufren, las consecuencias las pagamos todos.
Y, en esto, tampoco nos queda mucho tiempo. Y no basta con dejar hacer, es decir, no hacer nada; toca actuar, cambiar, revertir hábitos.
Así que no voy a hablar de lo que deben hacer las administraciones al respecto sino de aquello que la sociedad se debe plantear. La acción política, la noble, solo es disponer de la valentía suficiente para  aplicar aquello que reclama la mayoría de gente que piensa seriamente en un determinado tema.
Cuando el mundo rural daba para vivir quienes en él estaban lo cuidaban, nos lo cuidaban. Hoy ya no da para vivir, por eso se vacía. Lo que no queremos aceptar es que esa despoblación nos llevará a todos a no poder vivir donde vivimos, también a los que vivimos, por ejemplo, en Valencia.
Sí, estamos hablando de economía. Nuestras decisiones deciden nuestro paisaje. Si seguimos comprando los muebles que vienen de Suecia, la carne de Argentina, las frutas de Sudáfrica y las patatas de Marruecos, no tenemos futuro.
Nuestro modelo de vida tiene que variar y enfocarse a un consumo de proximidad, deberemos comer lo que se cultiva cerca de nosotros, usar lo que se elabora en nuestro entorno y hay que estar dispuesto a recompensar los esfuerzos por mantener el mundo rural. Hay que volver a él. Eso es lo que tienen que procurar las administraciones con leyes y presupuestos que estén al lado de los vulnerables, la inmensa mayoría, y desoigan a los grandes poderes económicos.
Dinero, sí, necesitamos dinero, mucho, para fabricar el paisaje que necesitamos, para ordenar razonablemente nuestros bosques, para luchar también en ellos contra la crisis climática. Invertir en eso. Las grandes inversiones urbanísticas, los nudos de transporte ambiciosos, los grandes aeropuertos o las grandes factorías tienen mil palmeros pero, cuando las cosas se pongan feas, no nos darán de comer, ni de respirar.
Los árboles, nuestros montes, nuestra flora y nuestra fauna, sí. Pero con inviernos cada vez más secos, con primaveras escasas de lluvia y verano más y más largos y más y más calurosos ya podemos irnos preparando. Los grandes incendios serán frecuentes y altamente destructivos. Sí, también en Valencia. Y por más que metamos bomberos y soldados, helicópteros e hidroaviones nuestro territorio seguirá muriéndose porque nuestra economía ya lo ha condenado. Prevenir es la mejor manera de evitar el mal y eso se hace con campos de cultivos a pleno rendimiento, no abandonados; con ganados en nuestros montes y con mucha gente viviendo dignamente de un aprovechamiento diverso de nuestros bosques.


miércoles, 3 de julio de 2019

EL 79% DEL CENSO NO VOTÓ A SANCHEZ EL PASADO 28 DE ABRIL, ASÍ QUE MENOS LOBO...

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, a las puertas del Congreso, durante la pasada legislatura. (Foto: Europa Press)

Ahora que ya tenemos fecha para la investidura, un par de reflexiones sobre ella:
1. El PSOE, sus portavoces y sus voceros, que los tiene y muchos, no paran con el "racarraca" de la inevitable elección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Repiten hasta el hartazgo que "es la decisión inequívoca de los españoles". Pues no. El PSOE tuvo el pasado 28 de abril 7'4 millones votos. El censo estaba por encima de los 35 millones. Es decir, que fueron el 21% de los españoles con derecho a voto los que se decantaron por Sánchez. O dicho de otra forma, el 79% de  las personas que podían votar aquel día no apoyaron al PSOE. No quiere esto decir que no pueda, o deba, ser presidente Sánchez. Lo que quiere decir es que seria deseable algo más de modestia.
2. Lo que sí es cierto es que, después de una campaña abiertamente polarizada entre la posibilidad de un derecha mayoritaria gracias a sus tres patas modelo andaluz (PP, Ciudadanos y VOX) o un triunfo de la izquierda con el PSOE gobernante, el resultado fue este último. De ahí el grito de los votantes socialistas la noche misma de las elecciones: "Con Rivera, no; con Rivera, no". Por cierto, una demanda muy curiosa ya que durante la campaña, Sánchez jamás había insinuado esa posibilidad y, además, Ciudadanos la había negado. Así pues, el grito de los simpatizantes socialistas era como un "te lo decimos por si acaso", "con Rivera, no; con Rivera, no... que tú eres capaz".
3. Unidas Podemos tuvo un mal resultado, cierto. Pero las fuerzas no son tan desiguales. Conste que obtuvo la mitad de votos que el PSOE. Los socialistas, 7'4 millones; los de Iglesias, 3'7.  Y también es verdad que con Unidas Podemos solamente no se llega a 176, 123 más 42 se quedan en 165, pero los votos que, por la izquierda, podrían dar apoyo a un gobierno de coalición jamás dejarían de hacerlo por la presencia de Podemos, más bien al contrario. Y ahora que estamos en esto: "coalición" quiere decir gente de ambos partidos en el Consejos de Ministros. Lo que han etiquetado como de "cooperación", puestos en niveles inferiores de la administración, no es más que un paripé. Incluso en el supuesto de que los objetivos políticos estuvieran escritos y firmados, todo el mundo sabe que donde hay ministro no hay secretario de Estado o director general que tenga ningún poder efectivo. La jerarquía es la jerarquía.
4. Lo que no parece sensato, aunque sea lo que los poderosos del IBEX 35 quieren, es que con 123 votos el PSOE pueda hacer gobierno como si tuviera mayoría absoluta para después, según convenga, pactar a la carta: lo que interese a los poderosos se acuerda con la derecha y los avances de tipo social que no comprometan los grandes negocios se votan con la izquierda. En resumen, una vez más, el PSOE ejerciendo de izquierda del poder para garantizar que puedan seguir mandando los mismos de siempre, desde los mismos despachos y con el mismo lema: "en lo fundamental, que nada cambie". O dicho de otra manera: cuando gana la derecha; gobierna la derecha, y cuando gana la izquierda, también gobierna la derecha.
5. El que quiere (y reclama, y tiene hasta el visto bueno real) ser presidente del Gobierno es Pedro Sánchez. Por tanto, él es quien se tiene que mover, el que tiene que pedir, el que tiene que dar a cambio de recibir votos, el que tiene que negociar. Llevamos más de dos meses esperando. ¿A qué? ¿Se trata de ir afilando la Espada de Damocles de tener que volver a votar? Sánchez puede aspirar a ser presidente, por supuesto, pero no plenipotenciario. Si los y las votantes así lo hubieran querido le hubieran dado 176 escaños. Le dieron 123. Le faltan 53. Y esos votos se recogen escorando el programa, los objetivos y las políticas "53 grados" hacia el lado del que han de venir esos apoyos. Habrá que ser "53 grados" más transformador, más verde y menos IBEX si se quieren los votos de la izquierda o "53 grados" más IBEX, más marrón y más conservador si se quieren los votos de Rivera o de Casado. O una cosa o la otra; "en misa y repicando", queda feo. Diga lo que diga, una vez más, el editorial de "El País", defensor de la teoría de las "manos libres", la pelota está en el tejado del Sr. Sánchez.
6 y último. Miren este video, el propio Pedro Sánchez lo explica con absoluta claridad.