miércoles, 5 de junio de 2019

PLANETA ROBINSON



"No todo puede ser naufragar, nos va la vida en ello"
Tomo (y adapto) esta frase de Luis Eduardo Aute para un artículo en forma de tres píldoras y una conclusión.
1.
Ayer fue el Día Mundial del Medio Ambiente y no escuché ni una sola voz que aprovechara la fecha para reclamar la modificación del artículo 45 de la Constitución Española, que es el que regula nuestro "derecho a un medio ambiente adecuado". Se trata de un redactado caduco, declarativo y poco más. Creo que va siendo hora de revisar el precepto y, en primer lugar, pasarlo al grupo de derechos fundamentales y libertades públicas. A continuación, es obligatorio introducir los conceptos de sostenibilidad y no regresión, ligándolo a la garantía de acceso a un aire limpio, agua de calidad y energía asequible para el conjunto de la ciudadanía. Ayer nadie lo reclamó. Hay que hacerlo.

2.
Se acaban de celebrar elecciones legislativas en Dinamarca y sigue la tendencia, común en casi toda Europa, y no solamente en el norte, de que los partidos verdes ganan posiciones y sus avances son claves para detener el crecimiento de la ultraderecha. En Dinamarca, la "Alianza Rojiverde" está casi en el 10% del voto en un mapa muy fraccionado y será pieza clave en el futuro gobierno. Las elecciones tuvieron el tema de la inmigración como una de las cuestiones estrella. Ya se sabe, el terreno de las bajas pasiones siempre es sencillo de explotar. Pero en realidad, una encuesta hecha unos días antes de los comicios situaba esa cuestión como la tercera preocupación de los daneses. La primera, lo decían el 46 % de los encuestados, era el cambio climático.

3.
Los datos ponen de manifiesto que estamos en la cuenta atrás de los coches de uso privado tal y como los hemos conocido hasta ahora. Y dicen los especialistas que no hay retorno. En España llevamos siete meses con descensos en las ventas de alrededor del 6%. Las previsiones a nivel mundial, después de un mal año para el sector, es un nuevo retroceso de entre el 3 y el 4% para este 2019. Otra cifra, según la Dirección General de Tráfico, en 2017 hubo 800.000 nuevos conductores en España; en 2017, apenas 380.000. Claro que hay muchas cuestiones que ayudan a explicar lo que está sucediendo, desde la atrofia circulatoria de las ciudades a la precariedad en las condiciones laborales y los sueldos; desde los problemas ligados a los combustibles fósiles a las dudas sobre cómo será el coche del futuro. Pero, por encima de todo, hay una cambio cultural sobre la movilidad y, sin lugar a dudas, a la necesidad de reducir el impacto que el transporte de personas supone en la contaminación y el cambio climático.

La conclusión.
Es obligatorio que las instituciones recojan en las leyes lo que ya reclaman los ciudadanos en las urnas y expresan con sus comportamientos diarios. Los cambios están viniendo desde abajo pese al bombardeo publicitario y la persuasión propagandista del modelo económico del crecimiento infinito que no se resigna a dar su brazo a torcer. Su objetivo, pese a las evidencias, es intentar estirar su negocio lo máximo posible mientras preparan (no duden que lo están haciendo) el día después de su derrota. Por eso es necesario que el impulso transformador de la calle llegue lo antes posible a las leyes y, estás, como tiene que ser, se pongan al servicio del interés general y organicen los profundos cambios que vienen de forma justa y democrática. Lo dicho, no todo puede ser naufragar, nos va la vida en ello.

(Foto: A.D.)

lunes, 3 de junio de 2019

¿LOS PODEROSOS ESCAPARÁN DEL CAMBIO CLIMÁTICO?

Edward Rubin, premio Nobel de la Paz 2007, ayer en el Ateneo Mercantil de València (Foto: EFE)


Viene un destacado científico, lo dice, los dirigentes políticos asienten y aplauden, y, dentro de un año, otra vez. Esta película ya la hemos visto.
Hablo de Cambio Climático y de las poíticas necesarias para combatirlo.
Ayer, Edward Rubin, Nobel de la Paz como miembro del Panel de la ONU sobre Cambio Climático, que está en Valencia como jurado de los premios Jaume I, protagonizó la escena a la que me refería al principio. Advertencia, avisos, recomendaciones, aplausos. Todo según el guión tantas veces contemplado.
Rubin reiteró lo que ya se sabe, lo que mil veces se ha repetido: "Se nos acaba el tiempo", "hay que tomar medidas drásticas", "se debe sancionar los comportamientos contaminantes" y, cosa que me parece muy valiosa, habló de "educar a los ciudadanos y a las empresas". Dijo más, se refirió a la movilidad y a la energía como claves de lo que hay que transformar y animó a elegir políticos con conciencia sobre el cambio climático.
Luego, como no, los aplausos. Los mismos que acompañarán hoy el fallo de los jurados de los premios Jaume I. Los mismos que volverán a sonar cuando, dentro de unos meses, el rey Felipe entregue los galardones. Y, de nuevo, la lucha contra el cambio climático será la gran referencia en todos los discursos. Y más aplausos. Y más, sí, sí, sí.
Pero luego, los dirigentes políticos y empresariales, que serán los que habrán llenado la sala del solemne acto, cuando regresen a sus dominios, seguirán queriendo ampliar el puerto de Valencia en 137 hectáreas, un 50% más de lo que representa todo el barrio de Nazaret; les parecerá bien doblar el tráfico de camiones en la zona; el barrio de La Punta, pese a las sentencias judiciales que lo reconocen como huerta, lo querrán también para almacén de contenedores; y no querrán pagar (ni hacer pagar) nada por quemar residuos en las incineradoras de las cementeras; ni se preocuparan de reducir los plásticos abandonados en el territorio; nada objetarán a que en el Puerto de Alicante se coloquen 19 macrodepósitos de fuel como 19 catedrales de grandes; seguirán empeñados en cargarse el último reducto de bosque del área metropolitana para, en Paterna, para hacer un gran centro comercial... Dirán que son 1.200 millones de inversión, que son 800, que son 500 y que el cambio climático puede esperar.
Pues no. Volvemos al principio. Regresamos a las aplaudidas palabras de Rubin, se acaba el tiempo. Incluso para los poderosos y sus hijos.
De lo que se trata es de liderar un proceso para que los 1.200, los 800 o los 500 millones vayan a inversiones que nos alejen del colapso climático, en lugar de acercarnos a él. ¿O eso no serán inversiones que generarán puestos de trabajo?
Pues eso es lo que el Sr. Rubin les quería decir.