viernes, 31 de mayo de 2019

¿ES URGENTE LA EMERGENCIA CLIMÁTICA O SÓLO ES UNA MODA?



Darebin es una ciudad australiana, en el entorno de Melbourne, con algo más de 100.00 habitantes, que a finales de 2016 aprobó una declaración de emergencia climática que obligaba a tomar mediadas urgentes en todos los niveles de gobierno. Fueron los primeros. Hace unos días, Les Corts Valencianes adquirieron también el compromiso de dar luz verde en breve a una declaración del mismo tenor. El Reino Unido fue el primer país en aprobar el estado de emergencia climática. Lo hizo el pasado 1 de mayo. Le han seguido otros parlamentos nacionales y regionales. Catalunya oficializó la declaración hace un par de semanas. También universidades y otras instituciones se han sumado a la iniciativa.

Muy bien ¿y ahora qué? Pues no mucho, la verdad. Hay que celebrar la aprobación de todas estas declaraciones, y de las que vendrán, ya que son palancas de presión que se van sumando. Palancas muy necesarias para que los gobiernos y, por supuesto, las grandes corporaciones económicas e industriales, pasen de las palabras a los hechos y concreten en medidas la transición ecológica de nuestra economía y nuestro modelo de vida. Solamente así podremos evitar las peores consecuencias  del cambio climático.

Dicho esto, que se podría decir también de las decenas y decenas de solemnes acuerdos y compromisos salidos de las cumbres internacionales sobre el clima, no caigamos en la ingenuidad, ni nos dejemos engañar. Se puede aprobar hoy una declaración y que todo siga igual. De momento, así estamos, igual.

Una declaración de emergencia, climática o del tipo que sea, no es una cuestión menor. No lo debería ser. Proclamar que un país está en situación de emergencia supone reconocer que se está en un estado excepcional fruto de una gran catástrofe o de una grave crisis política o social. Por eso las condiciones de una declaración de emergencia se recogen en los textos constitucionales y suponen decisiones políticas también excepcionales sobre restricción o anulación de derechos y libertades ciudadanas.

No es cuestión que por el tema climático tengamos que sacar los tanques a las calles pero me temo que, una vez más, estemos ante una emergencia que puede esperar.

Si todas estas declaraciones fuesen sinceras no nos encontraríamos por ejempplo, como sucede con el texto aprobado en el Parlament de Catalunya, que sus párrafos son casi idénticos al contenido de la Ley  de Cambio Climático que la misma cámara aprobó hace dos años y que está por desarrollar.

Unos dirigentes políticos responsables, antes de hacer pública una declaración de emergencia climática, deberían haber debatido públicamente sobre ella y especialmente con los principales agentes sociales. Y una vez declarada deberían tener y explicar una agenda muy concreta sobre como aplicarla. ¿Cuántos recursos públicos se movilizaran? ¿De dónde saldrán? ¿Cómo se adaptará la administración a la nueva situación? ¿El impulso a las energías renovables desde dónde se implementará? ¿Cual será el papel del capital privado y las grandes empresas en el proceso? Y las eléctricas, ¿como encaja su negocio aquí? ¿Qué sectores productivos se irán restringiendo y cuales potenciando? ¿Como se hará ese transito para que sea socialmente justo? El impulso de la movilidad sostenible, ¿con qué plazos se llevará a cabo? ¿Se restringirá el transporte individual? ¿En qué medida? ¿A qué proyectos de nuevas infraestructuras de la vieja movilidad vamos a renunciar? Para frenar la perdida de biodiversidad, ¿cómo garantizamos la protección del territorio? ¿Vamos a desurbanizar? ¿Y el mantenimiento del mundo rural? ¿Cómo lo aseguramos? ¿Qué plan tenemos para que sea el consumo de proximidad el eje de la cadena comercial y alimentaria? ¿Y como recortamos en generación de residuos? Tendremos, como mínimo, que asegurar los compromisos de recuperación de materiales que exige Europa, ¿cómo? ¿Cual es la propuesta para escapar de la plaga de los plásticos de un solo uso? ¿Cómo vamos a reducir las demandas de agua?

En fin, estas y otras muchas respuestas son las que obligatoriamente se han de dar en el momento que se declara una situación de emergencia. Declararla es muy sencillo pero de lo que se trata es de combatirla y se tiene que saber como. Lo tenemos que hacer rápido y bien. El premio es inmenso: la oportunidad de tener una vida mejor, más tranquila, más lenta, más feliz, más justa y más libre. Tomemos el cambio climático como una oportunidad para hacer esta transición a un planeta habitable y con futuro. El cambio climático no es una causa. El cambio climático es la consecuencia de un modelo capitalista depredador que tiene los días contados... o, con él, la humanidad entera.

(Foto:EFE)

jueves, 30 de mayo de 2019

LA ECOLOGIA TIENE SU OXÍMORON: CRECIMIENTO VERDE


Crecimiento verde es un concepto que pretende combinar el aumento constante de la producción y la economía con la protección de nuestro medio ambiente, la reducción de las emisiones, el recorte en la contaminación y la lucha contra el cambio climático. O sea, se trata de un concepto que agrupa dos realidades de difícil convivencia. En literatura, a la figura retórica que complementa una palabra con otra de significado contradictorio se la denomina oxímoron. Ejemplos: instante eterno, nieve que quema o estruendoso silencio. Crecimiento verde, tiene poco que ver con la literatura, pero se parece mucho a un oxímoron.

Es de puro sentido común, si el objetivo es seguir creciendo tenemos que mantener la apuesta por la competitividad a cualquier precio, por seguir explotando los recursos materiales a nuestra disposición y por perseverar en el uso de las energías más potentes. En definitiva, se trata de seguir como hasta ahora pero cada día un poco más, porque la máquina no puede parar, porque todo está a disposición del crecimiento y todo se supedita a él. La consecuencia, pues, no es otra que más emisiones, más contaminación, menos biodiversidad, más plásticos en nuestros mares, más cambio climático, mayores temperaturas, aumento del nivel del mar y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes. O sea, el crecimiento supone más insostenibilidad y es absolutamente imposible pintarlo de verde, su color es el marrón oscuro.

Llevamos 50 años viendo como la comunidad internacional intenta controlar un deterioro ambiental que no se detiene por más que se firmen grandes y rimbombantes acuerdos globales. Y la clave está en lo que hay detrás del oxímoron del principio: hemos aceptado que la sostenibilidad ya no se presente como una alternativa al modelo económico existente sino como una pieza del mismo. Así no hay salida posible del bucle en el que estamos.

Un reciente estudio de dos profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Goldsmiths University of London publicado en la New Political Economy concluye que las políticas de crecimiento verde no tienen base empírica, que no se demuestra que se pueda separar crecimiento de uso de recursos, que sólo se reducen emisiones si se reduce demanda energética y que para no pasar del 1'5 grados de aumento de temperatura a final de siglo habría que decrecer. En este mismo sentido, es muy recomendable este otro artículo, de hace ya casi seis años, de Erik Gómez-Baggethun, que ya pone de manifiesto la complicada compatibilidad del crecimiento económico con lo límites del planeta.

Frente al sentido común y las conclusiones de la mayoría de estudios científicos, el gran poder económico se aferra a la contradicción. Y. mientras no llegan los milagros tecnológicos que esperan, usan todos los medios a su alcance, que son muchos, para convencernos que nadie mejor que el zorro para guardar las gallinas

Solamente un ejemplo: en España existe el llamado "Grupo Español para el Crecimiento Verde" que se define como una "asociación para avanzar en los retos ambientales... buscar soluciones en materia de mitigación y adaptación al cambio climático, descarbonización, economía circular...". Forman parte de la entidad Acciona, Ferrovial, Ecoembes, La Caixa, el BBVA, Bankia, Lafarge, Red Eléctrica, Sacyr y muchas grandes empresas, entre ellas, las tres más contaminantes de nuestro país junto con Repsol: Endesa, Naturgy e Iberdrola.

No hay más preguntas, Señoría.