martes, 30 de abril de 2019

EL MIEDO DE LAS GALLINAS





Se lo escuché hace ya bastantes años a José Luis Sampedro. Decía, más o menos, “el “Sistema” es imbatible, te amenaza con matarte y luego acabas dándole las gracias cuando solo te corta un brazo”. Una sensación parecida me queda después de ver los resultados de las elecciones del domingo. Nos asustaron tanto con la llegada de la ultraderecha al poder que solamente haber evitado esa circunstancia ya parece un éxito absoluto de la izquierda y el progresismo.
Aquel día Sampedro hablaba de que el miedo es el gran aliado del “Sistema” para ganar siempre. El miedo, recurrentemente el miedo. El objetivo del temor varía. Ahora es la irrupción de la extrema derecha. Antes habían sido los inmigrantes, la intervención europea o las pensiones en peligro. Lo van combinando según necesidades y destinatarios.
Pero votar con miedo tiene sus consecuencias, más allá de que, en un primer momento, se pueda sentir el alivio de haber conjurado el peligro. Y esas consecuencias completan el mapa del funcionamiento del “Sistema” al que se refería Sampedro. Vamos a dar por bueno que el domingo se le cerró el paso a la extrema derecha. Vale, ha perdido la extrema derecha. La pregunta es, ¿y quién ha ganado? El PSOE, claro. Y Ciudadanos, ¿no? Aunque no gobierne. ¿O sí gobernará?
Pues no, parece que Ciudadanos no estará en el gobierno pero tampoco parece que vaya a tener mucho que decir Unidas Podemos pese al ofrecimiento de Pablo Iglesias. Todo apunta que el PSOE gobernará en solitario. 123 diputados y diputadas pueden ser suficientes. Suficientes para ganar la investidura y hacer ese ejecutivo con “independientes de prestigio” que es lo que siempre se ha denominado “un gobierno de técnicos”. ¿Y suficiente para qué más? Pues para sacar adelante, con lo votos de Ciudadanos y demás señorías de orden, las leyes de carácter económico que favorezcan a los poderosos, esos que están acostumbrados a mandar gane quien gane las elecciones, y que ya han avisado de que nada de riesgos y ocurrencias. Y suficiente también, claro, para, de tanto en tanto, y tocará aplaudir, aprobar con Podemos avances de carácter social.





Es decir que, oficialmente, este domingo en las urnas perdió la derecha y ganó la izquierda pero en los próximos tiempos en el BOE mucho me temo que se seguirá escribiendo con la derecha.
O sea, lo de siempre. Un “deja vu”. El papel que durante años y años desempeñaron los nacionalistas vascos y, sobre todo, catalanes, ahora lo hace Ciudadanos. Qué cosas, ¿verdad? Pero ya lo dijo Josep Oliu, el presidente del Banc de Sabadell, “necesitamos un Podemos de derechas”. Así que Ciudadanos, presente. Es más, ya tiene a su “podemos de derechas” con más votos que el Podemos original.
Para completar el escenario, el ruido, como no, lo provocará el conflicto territorial, el “procés català”. La derecha, ausente de los territorios con amplia demanda de independencia, se batirá con denuedo y sin vergüenza para alimentar los más bajos instintos de la ciudadanía al grito de “Santiago y cierra España”. La distracción será Catalunya mientras la realidad de la gente estará en una economía depredadora del planeta y de las personas en la que nadie reparará. La mayoría seguirá mirando allá donde no pasa realmente nada mientras una minoría predicará en el desierto que lo importante son las desigualdades, el cambio climático, la salud y una democracia real. El modus operandi de los trileros: distracción y trampa. Luego el miedo a lo que el “Sistema” decida que debemos temer hará el resto. Lo decía muy a menudo Eduardo Galeano: “somos gallinas que lo único que elegimos es la salsa con la que se nos comen y nos creemos que eso es la democracia”.

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