lunes, 28 de enero de 2019

IGUAL EL RARO SOY YO: SOBRE JULEN Y VENEZUELA


Esto no es una de esas cadenas que pretenden conseguir más y más copias de un determinado mensaje pero sí que tengo curiosidad por aclarar si soy un bicho raro o hay más que piensan parecido a mi. Me gustaría saber cuanta gente está cansada de recibir información (o lo que sea) sobre la muerte del pobre niño Julen en Málaga y cuanta se avergüenza de sus políticos cuando los ve cargar día tras día contra Venezuela y pedir a su gobierno elecciones y más democracia mientras callan con Marruecos, con China, con Rusia, con Arabia Saudí, con Emiratos, con Qatar, con Guinea, con Nicaragua o con tantos gobiernos sátrapas como si de regímenes ejemplares se tratara. Yo estoy cansado del “caso Julen” y me avergüenza lo de Venezuela.
No es que no comprenda el dolor de los padres del pequeño malagueño, tengo una hija y no imagino nada peor; ni que no quiera una convivencia en paz y un futuro habitable para los venezolanos, pero me parece que ya está bien.
Ya está bien de alimentar el morbo alrededor de un niño caído en un pozo y de hacer como que no existen los miles y miles de menores que, también ante la impotencia de sus padres, mueren de sed, de hambre o de enfermedades perfectamente curables en cualquier lugar del mundo o, incluso, en  nuestras propias ciudades. O los que pierden la vida en el Mediterráneo, o en la frontera entre Méjico y los Estados Unidos, o bajo las bombas de Irak, Siria o Afganistán. Claro que entiendo que para rescatar al pequeño Julen se movilizaran los medios que se movilizaron pero no comprendo que nuestra sanidad, nuestros servicios sociales o nuestra educación pública dejen desamparados a tantos otros pequeños que, por culpa de una desigualdad asesina, viven en las calles, en la marginalidad o nunca van a poder salir de la miseria después de una vida de abusos, privaciones y sufrimiento que ninguna persona merece. No comprendo que todo eso suceda ante nuestros ojos y que los medios nunca entren en la cuestión o, lo que es peor, que suceda y que los medios, especialistas en rebuscar en bragueta ajena, utilicen estos días el “caso Julen” para taparlo. ¿Cuánto costo el dispositivo de Málaga? ¿Cómo puede ser que aplaudamos eso (yo lo hago) y recortemos y recortemos el pago de impuestos que han de sufragar que la administración pueda proteger a sus niños (y a sus mayores) al mismo nivel que se implicó en esa búsqueda de Julen?


(Foto: Reuters)

¿Y lo de Venezuela? Pues parecido. ¿Nos quieren hacer creer que Venezuela es la representación de todos los abusos antidemocráticos del planeta? ¿Dónde está el supuesto precepto constitucional que justifica que un señor se autodeclare presidente en medio de una plaza pública? Me miro y me remiro el famoso artículo 233 y no veo nada. Que no, que no me trago la filantrópica preocupación por la democracia venezolana. ¿Cerramos todo el centro de Madrid para recibir con honores y genuflexiones al presidente chino y lanzamos ultimátums a Maduro? ¿Comerciamos con armas con Arabia Saudí y cedemos a sus chantajes pero resulta que todos seguimos el diseño de Trump para poner un gobierno amigo en Venezuela? ¿Trump y los Estados Unidos son la referencia democrática en su relación con terceros países? ¿Tanta razón tienen Trump, Bolsonaro, Casado o Rivera que la izquierda española no tiene un discurso alternativo? Si esto es una historia de buenos y malos yo no me puedo creer que los buenos sean los personajes referidos y el malo Maduro; me temo que es todo bastante más complejo y que no se resuelve con amenazas. En realidad, me parece que los supuestos salvadores de Venezuela no son más que agentes de una nueva forma de colonialismo. Me da que si Venezuela no tuviera el petróleo que tiene, no merecería la atención internacional que merece, ni la derecha estaría tan preocupada por los venezolanos, como no lo está por los marroquí, chinos, nicaragüenses o guineanos. Pero lo dicho, igual el raro soy yo.

lunes, 14 de enero de 2019

NI VALENCIA ES PORTUGAL, NI TODA LA IZQUIERDA LO MISMO




Portugal, ese ejemplo de que sí, de que es posible un gobierno de izquierdas transformador, acaba de aprobar la puesta en marcha de un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases de bebidas (SDDR). Un sistema que ya funciona en el medio mundo más respetuoso con la sostenibilidad del planeta y que entre 2015 y 2018 estuvimos a punto de implantar desde la Secretaría de Medio Ambiente del Govern del Botànic de la Generalitat. Finalmente no vio la luz porque el gran poder económico mandó parar y no lo permitió. Ya se sabe, los poderosos ni protestan ni reclaman, ellos tienen capacidad de amenaza y de chantaje y están acostumbrados, entonces pasó, a que los jefes y jefas de gobiernos cedan. 

La implantación del SDDR en el País Valenciano fue aquel intento que se frustró por el ordeno y mando de los grandes supermercados que en estas tierras valencianas sabemos que, ajenos a cualquier conciencia ambiental, mercadean con el consumo de las personas más y más que en ni ningún otro sitio. 

Fue aquella iniciativa comprometida y  verde que se bloqueó por el empeño de la patronal, esa que ahora defiende “Puerto/Intu Mediterraneo” como si el negocio estuviera antes que las personas y como si solamente fueran empresarios los que operan en paraísos fiscales y no los centenares de hombres y mujeres que levantan las persianas de sus comercios cada mañana.

Pues bien, en Portugal la ley del SDDR ya tiene la aprobación del Parlamento. La puesta en marcha se hará en lo que equivale a toda una legislatura, igual que lo teníamos previsto aquí. La ley portuguesa enumera las razones para la implantación del sistema, y tampoco difieren de las nuestras: disminuyen las toneladas de plástico incinerado y enterrado en vertederos, se reduce el impacto ambiental y el abandono en el territorio de millones de botellas, se valorizan mejor los materiales, se progresa en economía circular, se recorta en gasto de combustibles fósiles, se avanza en la independenciaLa norma portuguesa, a diferencia de lo que se planteaba  del 1 de enero de 2022 ya se cobraran los envases con depes supermerca energética del país, se mejora la calidad del material resultante de los residuos, se favorece el cumplimiento de los acuerdos sobre el clima de París 2015 y se crean muchos puestos de trabajo. Yo añadiría una razón más, de carácter más político. Implantar el SDDR suponía apostar por una gestión responsable y sostenible de los residuos de acuerdo con un nuevo modelo económico con el que el Govern del Botànic se decía comprometido.  No es una cuestión menor: era un vector de cambio real que impulsaba la profundización democrática que necesitamos para construir una voluntad compartida contra el miedo y la desconfianza, esas sombras que hoy sacuden nuestras sociedades.



La previsión de la ley portuguesa es que el sistema arranque a finales de este año 2019. Durante 2020 y 2021, y a cuenta de la propia administración, se dará un incentivo, una especie de gratificación al consumidor, por cada envase que se devuelva y a partir del 1 de enero de 2022 ya se cobraran los envases con depósito (latas, plástico, tetra-brick y vidrio). El sistema será gestionado por la Agencia Portuguesa del Medio Ambiente (APA) “con la participación de otras entidades”, que es la manera de facilitar la intervención de los distintos agentes implicados en el proceso. Vamos, lo que también defendimos en nuestro caso.
La norma portuguesa, a diferencia de lo que se proponía para el País Valenciano, obliga por ley a todos los grandes supermercados, de 2.000 metros cuadrados o más, es decir, y para entendernos, del tamaño de un Mercadona hacia adelante, a ceder “gratuitamente” espacio para la instalación de las máquinas de recogida y, además, a habilitar una zona para vender exclusivamente bebidas en envase retornable. En nuestra propuesta, la recogida se hacia en el conjunto de comercios y todos tenían una compensación por gestionar los envases. Dejar fuera los establecimientos medianos y pequeños los excluye de un un flujo económico y un reclamo comercial importante.

Los legisladores portugueses, en la exposición de motivos de la nueva regulación, especifican que el sistema de Devolución y Retorno es el único que garantiza que se podrán cumplir las exigencias europeas en cuanto a gestión de plásticos y residuos en general. Cifran su actual porcentaje de reciclado de envases de bebida  en un inaceptable 30%, muy parecido al que hay en Valencia, y explican tan negativo dato diciendo que el “punto verde” que se paga actualmente por la gestión de los envases, como en España,  no supone ningún incentivo para el ciudadano. Recuerdan, como repetidamente hicimos también nosotros, que, frente a su 30% de reciclaje, en los países que ya disponen de SDDR se supera claramente el 90%.

¿Y quien votó la ley portuguesa? Pues la derecha, miren ustedes qué cosas. Bueno, no solamente la derecha, es verdad. La propuesta vino del diputado del PAN (Personas, Animales y Naturaleza) y la secundaron el gobernante Partido Socialista y el Bloque de Izquierdas, su apoyo parlamentario. Pero también votó sí la oposición: el PSD y el CDS-PP, dos formaciones derechistas que pertenecen al Partido Popular Europeo, compañeros pues de nuestro PP. No hubo votos en contra. El Partido Verde y el Partido Comunista se abstuvieron. Ambos consideraron que la ley se queda corta.

Así pues, un proyecto casi idéntico al valenciano pero con un desenlace bien distinto. Tal vez las cosas vistas desde Portugal son diferentes, puede que allá la derecha no sea tan irresponsable,  o que su patronal no sea tan miope. Quién sabe. Quizás es que en Lisboa la izquierda gobernante actúa con mayor valentía que la nuestra o, a lo mejor, es que los supermercados portugueses ponen precio a sus productos pero no a la cabeza de los cargos políticos.

(Fotos: V.S.)