viernes, 5 de julio de 2019

LOS INCENDIOS FORESTALES COMO SÍNTOMA


Agosto de 2018, casi 3.000 hectáreas quemadas en el incendio que afectó siete términos municipales del entorno de Gandia. (Foto: José Jordán)


Este fin de semana, y vendrán más, pinta complicado en tema de incendios forestal. Los grandes fuegos causan una gran alarma, suponen perder patrimonio, biodiversidad, paisaje y, a veces, hasta algunas vidas. En realidad, la gravedad de un incendio es, solamente, la punta del iceberg de un proceso dramático: dejamos morir aquello que pensamos que no es útil para nuestro día a día, se está muriendo nuestro mundo rural, nuestros bosques, nuestra agricultura, nuestros pueblos. Sí, vivimos de espaldas a una parte de nuestro territorio, mejor dicho, lo despreciamos, lo abandonamos, lo maltratamos. Pero como formamos parte de un único ecosistema, cuando lo despreciado, lo abandonado y lo maltratado sufren, las consecuencias las pagamos todos.
Y, en esto, tampoco nos queda mucho tiempo. Y no basta con dejar hacer, es decir, no hacer nada; toca actuar, cambiar, revertir hábitos.
Así que no voy a hablar de lo que deben hacer las administraciones al respecto sino de aquello que la sociedad se debe plantear. La acción política, la noble, solo es disponer de la valentía suficiente para  aplicar aquello que reclama la mayoría de gente que piensa seriamente en un determinado tema.
Cuando el mundo rural daba para vivir quienes en él estaban lo cuidaban, nos lo cuidaban. Hoy ya no da para vivir, por eso se vacía. Lo que no queremos aceptar es que esa despoblación nos llevará a todos a no poder vivir donde vivimos, también a los que vivimos, por ejemplo, en Valencia.
Sí, estamos hablando de economía. Nuestras decisiones deciden nuestro paisaje. Si seguimos comprando los muebles que vienen de Suecia, la carne de Argentina, las frutas de Sudáfrica y las patatas de Marruecos, no tenemos futuro.
Nuestro modelo de vida tiene que variar y enfocarse a un consumo de proximidad, deberemos comer lo que se cultiva cerca de nosotros, usar lo que se elabora en nuestro entorno y hay que estar dispuesto a recompensar los esfuerzos por mantener el mundo rural. Hay que volver a él. Eso es lo que tienen que procurar las administraciones con leyes y presupuestos que estén al lado de los vulnerables, la inmensa mayoría, y desoigan a los grandes poderes económicos.
Dinero, sí, necesitamos dinero, mucho, para fabricar el paisaje que necesitamos, para ordenar razonablemente nuestros bosques, para luchar también en ellos contra la crisis climática. Invertir en eso. Las grandes inversiones urbanísticas, los nudos de transporte ambiciosos, los grandes aeropuertos o las grandes factorías tienen mil palmeros pero, cuando las cosas se pongan feas, no nos darán de comer, ni de respirar.
Los árboles, nuestros montes, nuestra flora y nuestra fauna, sí. Pero con inviernos cada vez más secos, con primaveras escasas de lluvia y verano más y más largos y más y más calurosos ya podemos irnos preparando. Los grandes incendios serán frecuentes y altamente destructivos. Sí, también en Valencia. Y por más que metamos bomberos y soldados, helicópteros e hidroaviones nuestro territorio seguirá muriéndose porque nuestra economía ya lo ha condenado. Prevenir es la mejor manera de evitar el mal y eso se hace con campos de cultivos a pleno rendimiento, no abandonados; con ganados en nuestros montes y con mucha gente viviendo dignamente de un aprovechamiento diverso de nuestros bosques.


miércoles, 3 de julio de 2019

EL 79% DEL CENSO NO VOTÓ A SANCHEZ EL PASADO 28 DE ABRIL, ASÍ QUE MENOS LOBO...

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, a las puertas del Congreso, durante la pasada legislatura. (Foto: Europa Press)

Ahora que ya tenemos fecha para la investidura, un par de reflexiones sobre ella:
1. El PSOE, sus portavoces y sus voceros, que los tiene y muchos, no paran con el "racarraca" de la inevitable elección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Repiten hasta el hartazgo que "es la decisión inequívoca de los españoles". Pues no. El PSOE tuvo el pasado 28 de abril 7'4 millones votos. El censo estaba por encima de los 35 millones. Es decir, que fueron el 21% de los españoles con derecho a voto los que se decantaron por Sánchez. O dicho de otra forma, el 79% de  las personas que podían votar aquel día no apoyaron al PSOE. No quiere esto decir que no pueda, o deba, ser presidente Sánchez. Lo que quiere decir es que seria deseable algo más de modestia.
2. Lo que sí es cierto es que, después de una campaña abiertamente polarizada entre la posibilidad de un derecha mayoritaria gracias a sus tres patas modelo andaluz (PP, Ciudadanos y VOX) o un triunfo de la izquierda con el PSOE gobernante, el resultado fue este último. De ahí el grito de los votantes socialistas la noche misma de las elecciones: "Con Rivera, no; con Rivera, no". Por cierto, una demanda muy curiosa ya que durante la campaña, Sánchez jamás había insinuado esa posibilidad y, además, Ciudadanos la había negado. Así pues, el grito de los simpatizantes socialistas era como un "te lo decimos por si acaso", "con Rivera, no; con Rivera, no... que tú eres capaz".
3. Unidas Podemos tuvo un mal resultado, cierto. Pero las fuerzas no son tan desiguales. Conste que obtuvo la mitad de votos que el PSOE. Los socialistas, 7'4 millones; los de Iglesias, 3'7.  Y también es verdad que con Unidas Podemos solamente no se llega a 176, 123 más 42 se quedan en 165, pero los votos que, por la izquierda, podrían dar apoyo a un gobierno de coalición jamás dejarían de hacerlo por la presencia de Podemos, más bien al contrario. Y ahora que estamos en esto: "coalición" quiere decir gente de ambos partidos en el Consejos de Ministros. Lo que han etiquetado como de "cooperación", puestos en niveles inferiores de la administración, no es más que un paripé. Incluso en el supuesto de que los objetivos políticos estuvieran escritos y firmados, todo el mundo sabe que donde hay ministro no hay secretario de Estado o director general que tenga ningún poder efectivo. La jerarquía es la jerarquía.
4. Lo que no parece sensato, aunque sea lo que los poderosos del IBEX 35 quieren, es que con 123 votos el PSOE pueda hacer gobierno como si tuviera mayoría absoluta para después, según convenga, pactar a la carta: lo que interese a los poderosos se acuerda con la derecha y los avances de tipo social que no comprometan los grandes negocios se votan con la izquierda. En resumen, una vez más, el PSOE ejerciendo de izquierda del poder para garantizar que puedan seguir mandando los mismos de siempre, desde los mismos despachos y con el mismo lema: "en lo fundamental, que nada cambie". O dicho de otra manera: cuando gana la derecha; gobierna la derecha, y cuando gana la izquierda, también gobierna la derecha.
5. El que quiere (y reclama, y tiene hasta el visto bueno real) ser presidente del Gobierno es Pedro Sánchez. Por tanto, él es quien se tiene que mover, el que tiene que pedir, el que tiene que dar a cambio de recibir votos, el que tiene que negociar. Llevamos más de dos meses esperando. ¿A qué? ¿Se trata de ir afilando la Espada de Damocles de tener que volver a votar? Sánchez puede aspirar a ser presidente, por supuesto, pero no plenipotenciario. Si los y las votantes así lo hubieran querido le hubieran dado 176 escaños. Le dieron 123. Le faltan 53. Y esos votos se recogen escorando el programa, los objetivos y las políticas "53 grados" hacia el lado del que han de venir esos apoyos. Habrá que ser "53 grados" más transformador, más verde y menos IBEX si se quieren los votos de la izquierda o "53 grados" más IBEX, más marrón y más conservador si se quieren los votos de Rivera o de Casado. O una cosa o la otra; "en misa y repicando", queda feo. Diga lo que diga, una vez más, el editorial de "El País", defensor de la teoría de las "manos libres", la pelota está en el tejado del Sr. Sánchez.
6 y último. Miren este video, el propio Pedro Sánchez lo explica con absoluta claridad.




miércoles, 5 de junio de 2019

PLANETA ROBINSON



"No todo puede ser naufragar, nos va la vida en ello"
Tomo (y adapto) esta frase de Luis Eduardo Aute para un artículo en forma de tres píldoras y una conclusión.
1.
Ayer fue el Día Mundial del Medio Ambiente y no escuché ni una sola voz que aprovechara la fecha para reclamar la modificación del artículo 45 de la Constitución Española, que es el que regula nuestro "derecho a un medio ambiente adecuado". Se trata de un redactado caduco, declarativo y poco más. Creo que va siendo hora de revisar el precepto y, en primer lugar, pasarlo al grupo de derechos fundamentales y libertades públicas. A continuación, es obligatorio introducir los conceptos de sostenibilidad y no regresión, ligándolo a la garantía de acceso a un aire limpio, agua de calidad y energía asequible para el conjunto de la ciudadanía. Ayer nadie lo reclamó. Hay que hacerlo.

2.
Se acaban de celebrar elecciones legislativas en Dinamarca y sigue la tendencia, común en casi toda Europa, y no solamente en el norte, de que los partidos verdes ganan posiciones y sus avances son claves para detener el crecimiento de la ultraderecha. En Dinamarca, la "Alianza Rojiverde" está casi en el 10% del voto en un mapa muy fraccionado y será pieza clave en el futuro gobierno. Las elecciones tuvieron el tema de la inmigración como una de las cuestiones estrella. Ya se sabe, el terreno de las bajas pasiones siempre es sencillo de explotar. Pero en realidad, una encuesta hecha unos días antes de los comicios situaba esa cuestión como la tercera preocupación de los daneses. La primera, lo decían el 46 % de los encuestados, era el cambio climático.

3.
Los datos ponen de manifiesto que estamos en la cuenta atrás de los coches de uso privado tal y como los hemos conocido hasta ahora. Y dicen los especialistas que no hay retorno. En España llevamos siete meses con descensos en las ventas de alrededor del 6%. Las previsiones a nivel mundial, después de un mal año para el sector, es un nuevo retroceso de entre el 3 y el 4% para este 2019. Otra cifra, según la Dirección General de Tráfico, en 2017 hubo 800.000 nuevos conductores en España; en 2017, apenas 380.000. Claro que hay muchas cuestiones que ayudan a explicar lo que está sucediendo, desde la atrofia circulatoria de las ciudades a la precariedad en las condiciones laborales y los sueldos; desde los problemas ligados a los combustibles fósiles a las dudas sobre cómo será el coche del futuro. Pero, por encima de todo, hay una cambio cultural sobre la movilidad y, sin lugar a dudas, a la necesidad de reducir el impacto que el transporte de personas supone en la contaminación y el cambio climático.

La conclusión.
Es obligatorio que las instituciones recojan en las leyes lo que ya reclaman los ciudadanos en las urnas y expresan con sus comportamientos diarios. Los cambios están viniendo desde abajo pese al bombardeo publicitario y la persuasión propagandista del modelo económico del crecimiento infinito que no se resigna a dar su brazo a torcer. Su objetivo, pese a las evidencias, es intentar estirar su negocio lo máximo posible mientras preparan (no duden que lo están haciendo) el día después de su derrota. Por eso es necesario que el impulso transformador de la calle llegue lo antes posible a las leyes y, estás, como tiene que ser, se pongan al servicio del interés general y organicen los profundos cambios que vienen de forma justa y democrática. Lo dicho, no todo puede ser naufragar, nos va la vida en ello.

(Foto: A.D.)

lunes, 3 de junio de 2019

¿LOS PODEROSOS ESCAPARÁN DEL CAMBIO CLIMÁTICO?

Edward Rubin, premio Nobel de la Paz 2007, ayer en el Ateneo Mercantil de València (Foto: EFE)


Viene un destacado científico, lo dice, los dirigentes políticos asienten y aplauden, y, dentro de un año, otra vez. Esta película ya la hemos visto.
Hablo de Cambio Climático y de las poíticas necesarias para combatirlo.
Ayer, Edward Rubin, Nobel de la Paz como miembro del Panel de la ONU sobre Cambio Climático, que está en Valencia como jurado de los premios Jaume I, protagonizó la escena a la que me refería al principio. Advertencia, avisos, recomendaciones, aplausos. Todo según el guión tantas veces contemplado.
Rubin reiteró lo que ya se sabe, lo que mil veces se ha repetido: "Se nos acaba el tiempo", "hay que tomar medidas drásticas", "se debe sancionar los comportamientos contaminantes" y, cosa que me parece muy valiosa, habló de "educar a los ciudadanos y a las empresas". Dijo más, se refirió a la movilidad y a la energía como claves de lo que hay que transformar y animó a elegir políticos con conciencia sobre el cambio climático.
Luego, como no, los aplausos. Los mismos que acompañarán hoy el fallo de los jurados de los premios Jaume I. Los mismos que volverán a sonar cuando, dentro de unos meses, el rey Felipe entregue los galardones. Y, de nuevo, la lucha contra el cambio climático será la gran referencia en todos los discursos. Y más aplausos. Y más, sí, sí, sí.
Pero luego, los dirigentes políticos y empresariales, que serán los que habrán llenado la sala del solemne acto, cuando regresen a sus dominios, seguirán queriendo ampliar el puerto de Valencia en 137 hectáreas, un 50% más de lo que representa todo el barrio de Nazaret; les parecerá bien doblar el tráfico de camiones en la zona; el barrio de La Punta, pese a las sentencias judiciales que lo reconocen como huerta, lo querrán también para almacén de contenedores; y no querrán pagar (ni hacer pagar) nada por quemar residuos en las incineradoras de las cementeras; ni se preocuparan de reducir los plásticos abandonados en el territorio; nada objetarán a que en el Puerto de Alicante se coloquen 19 macrodepósitos de fuel como 19 catedrales de grandes; seguirán empeñados en cargarse el último reducto de bosque del área metropolitana para, en Paterna, para hacer un gran centro comercial... Dirán que son 1.200 millones de inversión, que son 800, que son 500 y que el cambio climático puede esperar.
Pues no. Volvemos al principio. Regresamos a las aplaudidas palabras de Rubin, se acaba el tiempo. Incluso para los poderosos y sus hijos.
De lo que se trata es de liderar un proceso para que los 1.200, los 800 o los 500 millones vayan a inversiones que nos alejen del colapso climático, en lugar de acercarnos a él. ¿O eso no serán inversiones que generarán puestos de trabajo?
Pues eso es lo que el Sr. Rubin les quería decir.


viernes, 31 de mayo de 2019

¿ES URGENTE LA EMERGENCIA CLIMÁTICA O SÓLO ES UNA MODA?



Darebin es una ciudad australiana, en el entorno de Melbourne, con algo más de 100.00 habitantes, que a finales de 2016 aprobó una declaración de emergencia climática que obligaba a tomar mediadas urgentes en todos los niveles de gobierno. Fueron los primeros. Hace unos días, Les Corts Valencianes adquirieron también el compromiso de dar luz verde en breve a una declaración del mismo tenor. El Reino Unido fue el primer país en aprobar el estado de emergencia climática. Lo hizo el pasado 1 de mayo. Le han seguido otros parlamentos nacionales y regionales. Catalunya oficializó la declaración hace un par de semanas. También universidades y otras instituciones se han sumado a la iniciativa.

Muy bien ¿y ahora qué? Pues no mucho, la verdad. Hay que celebrar la aprobación de todas estas declaraciones, y de las que vendrán, ya que son palancas de presión que se van sumando. Palancas muy necesarias para que los gobiernos y, por supuesto, las grandes corporaciones económicas e industriales, pasen de las palabras a los hechos y concreten en medidas la transición ecológica de nuestra economía y nuestro modelo de vida. Solamente así podremos evitar las peores consecuencias  del cambio climático.

Dicho esto, que se podría decir también de las decenas y decenas de solemnes acuerdos y compromisos salidos de las cumbres internacionales sobre el clima, no caigamos en la ingenuidad, ni nos dejemos engañar. Se puede aprobar hoy una declaración y que todo siga igual. De momento, así estamos, igual.

Una declaración de emergencia, climática o del tipo que sea, no es una cuestión menor. No lo debería ser. Proclamar que un país está en situación de emergencia supone reconocer que se está en un estado excepcional fruto de una gran catástrofe o de una grave crisis política o social. Por eso las condiciones de una declaración de emergencia se recogen en los textos constitucionales y suponen decisiones políticas también excepcionales sobre restricción o anulación de derechos y libertades ciudadanas.

No es cuestión que por el tema climático tengamos que sacar los tanques a las calles pero me temo que, una vez más, estemos ante una emergencia que puede esperar.

Si todas estas declaraciones fuesen sinceras no nos encontraríamos por ejempplo, como sucede con el texto aprobado en el Parlament de Catalunya, que sus párrafos son casi idénticos al contenido de la Ley  de Cambio Climático que la misma cámara aprobó hace dos años y que está por desarrollar.

Unos dirigentes políticos responsables, antes de hacer pública una declaración de emergencia climática, deberían haber debatido públicamente sobre ella y especialmente con los principales agentes sociales. Y una vez declarada deberían tener y explicar una agenda muy concreta sobre como aplicarla. ¿Cuántos recursos públicos se movilizaran? ¿De dónde saldrán? ¿Cómo se adaptará la administración a la nueva situación? ¿El impulso a las energías renovables desde dónde se implementará? ¿Cual será el papel del capital privado y las grandes empresas en el proceso? Y las eléctricas, ¿como encaja su negocio aquí? ¿Qué sectores productivos se irán restringiendo y cuales potenciando? ¿Como se hará ese transito para que sea socialmente justo? El impulso de la movilidad sostenible, ¿con qué plazos se llevará a cabo? ¿Se restringirá el transporte individual? ¿En qué medida? ¿A qué proyectos de nuevas infraestructuras de la vieja movilidad vamos a renunciar? Para frenar la perdida de biodiversidad, ¿cómo garantizamos la protección del territorio? ¿Vamos a desurbanizar? ¿Y el mantenimiento del mundo rural? ¿Cómo lo aseguramos? ¿Qué plan tenemos para que sea el consumo de proximidad el eje de la cadena comercial y alimentaria? ¿Y como recortamos en generación de residuos? Tendremos, como mínimo, que asegurar los compromisos de recuperación de materiales que exige Europa, ¿cómo? ¿Cual es la propuesta para escapar de la plaga de los plásticos de un solo uso? ¿Cómo vamos a reducir las demandas de agua?

En fin, estas y otras muchas respuestas son las que obligatoriamente se han de dar en el momento que se declara una situación de emergencia. Declararla es muy sencillo pero de lo que se trata es de combatirla y se tiene que saber como. Lo tenemos que hacer rápido y bien. El premio es inmenso: la oportunidad de tener una vida mejor, más tranquila, más lenta, más feliz, más justa y más libre. Tomemos el cambio climático como una oportunidad para hacer esta transición a un planeta habitable y con futuro. El cambio climático no es una causa. El cambio climático es la consecuencia de un modelo capitalista depredador que tiene los días contados... o, con él, la humanidad entera.

(Foto:EFE)

jueves, 30 de mayo de 2019

LA ECOLOGIA TIENE SU OXÍMORON: CRECIMIENTO VERDE


Crecimiento verde es un concepto que pretende combinar el aumento constante de la producción y la economía con la protección de nuestro medio ambiente, la reducción de las emisiones, el recorte en la contaminación y la lucha contra el cambio climático. O sea, se trata de un concepto que agrupa dos realidades de difícil convivencia. En literatura, a la figura retórica que complementa una palabra con otra de significado contradictorio se la denomina oxímoron. Ejemplos: instante eterno, nieve que quema o estruendoso silencio. Crecimiento verde, tiene poco que ver con la literatura, pero se parece mucho a un oxímoron.

Es de puro sentido común, si el objetivo es seguir creciendo tenemos que mantener la apuesta por la competitividad a cualquier precio, por seguir explotando los recursos materiales a nuestra disposición y por perseverar en el uso de las energías más potentes. En definitiva, se trata de seguir como hasta ahora pero cada día un poco más, porque la máquina no puede parar, porque todo está a disposición del crecimiento y todo se supedita a él. La consecuencia, pues, no es otra que más emisiones, más contaminación, menos biodiversidad, más plásticos en nuestros mares, más cambio climático, mayores temperaturas, aumento del nivel del mar y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes. O sea, el crecimiento supone más insostenibilidad y es absolutamente imposible pintarlo de verde, su color es el marrón oscuro.

Llevamos 50 años viendo como la comunidad internacional intenta controlar un deterioro ambiental que no se detiene por más que se firmen grandes y rimbombantes acuerdos globales. Y la clave está en lo que hay detrás del oxímoron del principio: hemos aceptado que la sostenibilidad ya no se presente como una alternativa al modelo económico existente sino como una pieza del mismo. Así no hay salida posible del bucle en el que estamos.

Un reciente estudio de dos profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Goldsmiths University of London publicado en la New Political Economy concluye que las políticas de crecimiento verde no tienen base empírica, que no se demuestra que se pueda separar crecimiento de uso de recursos, que sólo se reducen emisiones si se reduce demanda energética y que para no pasar del 1'5 grados de aumento de temperatura a final de siglo habría que decrecer. En este mismo sentido, es muy recomendable este otro artículo, de hace ya casi seis años, de Erik Gómez-Baggethun, que ya pone de manifiesto la complicada compatibilidad del crecimiento económico con lo límites del planeta.

Frente al sentido común y las conclusiones de la mayoría de estudios científicos, el gran poder económico se aferra a la contradicción. Y. mientras no llegan los milagros tecnológicos que esperan, usan todos los medios a su alcance, que son muchos, para convencernos que nadie mejor que el zorro para guardar las gallinas

Solamente un ejemplo: en España existe el llamado "Grupo Español para el Crecimiento Verde" que se define como una "asociación para avanzar en los retos ambientales... buscar soluciones en materia de mitigación y adaptación al cambio climático, descarbonización, economía circular...". Forman parte de la entidad Acciona, Ferrovial, Ecoembes, La Caixa, el BBVA, Bankia, Lafarge, Red Eléctrica, Sacyr y muchas grandes empresas, entre ellas, las tres más contaminantes de nuestro país junto con Repsol: Endesa, Naturgy e Iberdrola.

No hay más preguntas, Señoría.



martes, 30 de abril de 2019

EL MIEDO DE LAS GALLINAS





Se lo escuché hace ya bastantes años a José Luis Sampedro. Decía, más o menos, “el “Sistema” es imbatible, te amenaza con matarte y luego acabas dándole las gracias cuando solo te corta un brazo”. Una sensación parecida me queda después de ver los resultados de las elecciones del domingo. Nos asustaron tanto con la llegada de la ultraderecha al poder que solamente haber evitado esa circunstancia ya parece un éxito absoluto de la izquierda y el progresismo.
Aquel día Sampedro hablaba de que el miedo es el gran aliado del “Sistema” para ganar siempre. El miedo, recurrentemente el miedo. El objetivo del temor varía. Ahora es la irrupción de la extrema derecha. Antes habían sido los inmigrantes, la intervención europea o las pensiones en peligro. Lo van combinando según necesidades y destinatarios.
Pero votar con miedo tiene sus consecuencias, más allá de que, en un primer momento, se pueda sentir el alivio de haber conjurado el peligro. Y esas consecuencias completan el mapa del funcionamiento del “Sistema” al que se refería Sampedro. Vamos a dar por bueno que el domingo se le cerró el paso a la extrema derecha. Vale, ha perdido la extrema derecha. La pregunta es, ¿y quién ha ganado? El PSOE, claro. Y Ciudadanos, ¿no? Aunque no gobierne. ¿O sí gobernará?
Pues no, parece que Ciudadanos no estará en el gobierno pero tampoco parece que vaya a tener mucho que decir Unidas Podemos pese al ofrecimiento de Pablo Iglesias. Todo apunta que el PSOE gobernará en solitario. 123 diputados y diputadas pueden ser suficientes. Suficientes para ganar la investidura y hacer ese ejecutivo con “independientes de prestigio” que es lo que siempre se ha denominado “un gobierno de técnicos”. ¿Y suficiente para qué más? Pues para sacar adelante, con lo votos de Ciudadanos y demás señorías de orden, las leyes de carácter económico que favorezcan a los poderosos, esos que están acostumbrados a mandar gane quien gane las elecciones, y que ya han avisado de que nada de riesgos y ocurrencias. Y suficiente también, claro, para, de tanto en tanto, y tocará aplaudir, aprobar con Podemos avances de carácter social.





Es decir que, oficialmente, este domingo en las urnas perdió la derecha y ganó la izquierda pero en los próximos tiempos en el BOE mucho me temo que se seguirá escribiendo con la derecha.
O sea, lo de siempre. Un “deja vu”. El papel que durante años y años desempeñaron los nacionalistas vascos y, sobre todo, catalanes, ahora lo hace Ciudadanos. Qué cosas, ¿verdad? Pero ya lo dijo Josep Oliu, el presidente del Banc de Sabadell, “necesitamos un Podemos de derechas”. Así que Ciudadanos, presente. Es más, ya tiene a su “podemos de derechas” con más votos que el Podemos original.
Para completar el escenario, el ruido, como no, lo provocará el conflicto territorial, el “procés català”. La derecha, ausente de los territorios con amplia demanda de independencia, se batirá con denuedo y sin vergüenza para alimentar los más bajos instintos de la ciudadanía al grito de “Santiago y cierra España”. La distracción será Catalunya mientras la realidad de la gente estará en una economía depredadora del planeta y de las personas en la que nadie reparará. La mayoría seguirá mirando allá donde no pasa realmente nada mientras una minoría predicará en el desierto que lo importante son las desigualdades, el cambio climático, la salud y una democracia real. El modus operandi de los trileros: distracción y trampa. Luego el miedo a lo que el “Sistema” decida que debemos temer hará el resto. Lo decía muy a menudo Eduardo Galeano: “somos gallinas que lo único que elegimos es la salsa con la que se nos comen y nos creemos que eso es la democracia”.

sábado, 13 de abril de 2019

LA TERRA MÍTICA DEL SIGLO XXI EN PATERNA, NO GRACIAS.


Ayer estuve en La Cañada, en Paterna. No era un acto electoral. No fui como candidato de Podem sino como amigo de quienes organizaban aquello, la Coordinadora per a la Protecció de Les Moles. Fue la inauguración de una exposición fotográfica titulada "Les plantes del nostre poble", una muestra de la flora que se puede encontrar alrededor de Paterna y, particularmente, en la zona de Les Moles. La exposición es obra de Aurelio Peña y José Quílez.



Les Moles son una zona de casi 500 hectáreas de monte al norte de Paterna que es donde el PP y una promotora querían construir un macrocentro comercial de nombre Puerto Mediterráneo. Estando yo en la Secretaria Autonómica de Medio Ambiente se denegó la posibilidad de construcción pero han vuelto a la carga con un nuevo proyecto. Le han cambiado el nombre pero poco más. La cuestión es que la obra se llevaría por delante más de un millón de metros cuadrados de monte, prácticamente el único pulmón verde que le queda al entorno metropolitano de Valencia si descontamos la huerta, por cierto, cada vez más y amenazada.
Los promotores son un par de fondos de inversiones, uno canadiense y otro árabe, más un millonario inglés en apuros financieros y con domicilio, para variar, en un paraíso fiscal.
La Coordinadora per la Protecció de Les Moles, un colectivo que agrupa distintos grupos vecinales, ambientales, políticos y hasta comerciales, han sido el gran motor de la resistencia a "Puerto Mediterráneo". Lo han sido y lo siguen siendo porque ni los promotores, ni el PP, ni  Ciudadanos, ni el PSPV se resignan a no construir el macrocentro. Argumentan, como no, los muchísimos puestos de trabajo que crearía, siempre usando a los trabajadores como escudos humanos, como si no hubiera estudios que evidencian que por cada puesto de trabajo que se crea en una gran superficie se pierden dos del pequeño comercio y como si no fuera una realidad indiscutible la saturación que en este sector hay en el entorno de Valencia.



Dicho todo esto, lo grave es que el gobierno del Botánico, formado por PSPV y Compromís, no han sido capaces durante los últimos 4 años de cerrar la protección ambiental de Les Moles. El trámite para hacerlo, ligado a la ampliación del Parque Natural del Túria, está en marcha pero las infinitas demoras administrativas combinadas con la falta de personal, dejan el expediente sin cerrar a las puertas de las elecciones. Así que el peligro sigue. La amenaza sobre Les Moles se mantiene.
Todos los partidos, especialmente por la izquierda, hablan de cambio climático, de salvar el planeta, de dejarlo en condiciones para las generaciones futuras pero luego las políticas de protección del territorio nunca son una prioridad. Si en sanidad, en educación, en servicios sociales, en agricultura o en justicia hay una emergencia o una causa a afrontar de manera obligada, se ponen medios excepcionales y se resuelve. Pues eso mismo se hubiera tenido que hacer con la protección de Les Moles. Cuando se puede se quiere. Y la cuestión lo merece. La lucha contar el cambio climático, la sostenibilidad y el nuevo modelo productivo son algo más que palabras, son vectores de cambio muy potentes y necesitan una valentía y una decisión que, por desgracia, cuesta encontrar. A ver si resultará que los políticos franquistas entendieron en su día que no se podía hacer una gran autopista en el viejo cauce del río Túria y ahora, cincuenta años después, y sobre una extensión 4 veces mayor, se permitirá construir la Terra Mítica del siglo XXI. Algunos no escarmientan.

lunes, 25 de marzo de 2019

PODEM ES LA GARANTÍA DE UN GOBIERNO DEL BOTÁNICO TAMBIÉN VERDE


En la presentación como candidato junto a Beatriu Gascó y Rubén Martínez Dalmau (Foto: Podem)



Dejadme que lo diga claramente desde el comienzo: creo que la posibilidad de que el País Valencià tenga un Gobierno de izquierdas, transformador y no un simple recambio reformista frente la derecha dedicada a recortar derechos y servicios es que la candidatura de Podem que encabeza Rubén Martínez Dalmau tenga un resultado más que bueno en las próximas elecciones del día 28 de abril.

Supongo que la mayoría ya sabéis que yo forme parte de la candidatura de Podem. Formo parte de ella porque quiero ayudar a su victoria. Hace hoy justo una semana, aunque nuestras coincidencias vienen de muy atrás, me plantearon la posibilidad de ir como independiente en el número 5 de la candidatura por Valencia y les dije que sí.

Hay dos movimientos poderosos que vienen a cambiar el mundo en las próximos años y estos son el feminismo y el ecologismo. El camino para avanzar en ellos es la profundización democrática. Democracia, feminismo y ecologismo son las tres patas del cambio radical que necesita nuestra sociedad, el que tenemos que ganar en las urnas el día 28 y el que puede salvar el mundo, haciéndolo más justo, más igual y más saludable.

Del verano de 2015 a febrero de 2018 fui Secretario Autonómico de Medio Ambiente del Gobierno de la Generalitat. Cometí errores, sí, y tuve aciertos, espero; de ambos hubo, pero lo que si es seguro es que fueron dos años y medio en los que pusimos en marcha una verdadera política medioambiental.
 
Las políticas ecologistas no son un barniz verde a la política de siempre. La ecología política es una manera de hacer transversal que afecta a todos los órdenes de la vida, también a toda la gestión de una administración, y que pretende que la actividad humana se desarrolle dentro de los márgenes de la sostenibilidad, dentro de las capacidades del planeta.
 
Las políticas verdes, cuando quieren ser más que el barniz del que hablaba, son un vector de cambio profundo que afecta de raíz al modelo energético, al modelo productivo, en definitiva, al modelo económico. Por ello las resistencias de los poderes establecidos son tan fuertes ante las políticas verdes transformadoras. Y eso es con lo que nos encontramos. Topamos con un poderes económicos que no aceptaban que en temas de urbanismo, de residuos, de movilidad, de actividades contaminantes o de protección del territorio pusiéramos los intereses generales por delante de los particulares; ellos, que están acostumbrados a mandar gobierne quien gobierne, no entendían lo que estaba pasando. Y claro, presionaron donde tocaba, y acabamos fuera de la Secretaría Autonómica.
 
El primer Gobierno del Botánico constituido por PSPV y Compromís ha hecho las cosas mucho mejor y más honradamente que el PP en los anteriores 20 años pero, en temas medioambientales, y no sólo en estos, ha demostrado que tenía su umbral de exigencia por debajo de lo que había comprometido con la gente, en sus programas, en sus mítines y en el propio pacto de legislatura. Hacer las cosas mejor no es suficiente, un cambio político profundo reclama también hacer las cosas de otro modo.
 
Podem, y yo he sido un espectador privilegiado de lo que digo, ha sido en estos últimos cuatro años el mayor impulsor de las políticas medioambientales desde Les Corts. Las demandas de Podemos, personificadas especialmente en Beatriu Gascó, han intentado que el Botánico cumpliera con la ecología, que llegara allí donde dijo que iba. Y no se ha podido.
 
El trabajo de Podem, sus propuestas, sus iniciativas desde 2015 hasta el final de la legislatura, han evidenciado todas las limitaciones del Gobierno valenciano en temas ambientales. Ha faltado determinación y valentía y se han dejado sin rematar muchos proyectos marcadamente verdes que ahora corren el peligro de quedar en nada si Podem no gana protagonismo en el próximo Botánico.
 
Ir a las concentraciones contra el Cambio Climático y hacer declaraciones de gran preocupación no es suficiente. Hay que pasar de las palabras a los hechos. Y por eso, he aceptado la oferta de Podemos, para añadirme al empuje que el partido ha mostrado en la pasada legislatura y ayudar a que, esta vez sí, el nuevo gobierno de progreso valenciano tenga las políticas verdes como eje fundamental de la su tarea. Yo las tuve durante dos años y medio desde el Gobierno; Podemos, cuatro desde las Cortes, la suma es, pues, bastante natural. Comienzo a trabajar por el mejor resultado posible en las elecciones del 28 de abril y voy a ir contando desde aquí cómo van las cosas.

martes, 5 de marzo de 2019

ALGUNAS PREGUNTAS SOBRE LA ZAL DEL PUERTO DE VALÈNCIA


Ahora que aterrizamos en tiempos de elecciones (Fallas mediante) y que, por decisión del president Puig, las municipales de València se separan de las Autonómicas,  se me ocurren una serie de preguntas sobre el puerto de la ciudad.



(Foto Kike Taberner)


Si el Estado pudo encontrar 50.000 millones de euros para salvar a los bancos, mucho más sencillo resultará dar con 160 para compensar al Puerto de València por los terrenos de huerta donde, pese a haber sido revocado por judicialmente, pretende construir un gran almacén de contenedores, ¿no les parece? Además, estamos hablando de “Puertos del Estado”, un entidad pública. ¿Qué problema puede haber para que una entidad pública, y más en tiempos de gobiernos progresistas, entienda que el interés general está por delante de su negocio? No hay mayor negocio que dar satisfacción a la ciudadanía, no puede haber mejor inversión que pensar en las generaciones que han de venir, ¿o pensamos que el territorio nos pertenece a nosotros? ¿Cómo va a estar su negocio portuario por delante de todo? ¿Dónde radica la dificultad del Ministerio de Fomento para entender eso?


Joan Ribó (izq), alcalde de València,  y Aurelio Martínez, presidente del Puerto (foto: AP). 


¿Como se explica que con gobiernos de progreso en Madrid, en la Generalitat y en el Ayuntamiento de València se desaproveche la posibilidad de unir con un espacio de huerta y sostenible el antiguo cauce del Turia convertido en pulmón verde con el Saler y la Albufera? ¿Por qué se renuncia a ese corredor ecológico? En tiempos de instituciones que se llenan la boca de sostenibilidad, ecología, alimentación saludable, aire limpio, cambio climático y similares, ¿qué es lo que no se entiende de lo reclaman los colectivos más comprometidos con esta histórica reivindicación ciudadana? ¿Será posible que lo entendieran mejor los gobiernos postfranquistas que renunciaron a convertir el río en una autopista y el Saler en una macrourbanización que nuestros gobernantes de 2019? El que no lo entiende soy yo que recuerdo perfectamente todo lo que los que hoy gobiernan decían de los planes del PP que ahora ellos no se atreven a revertir.

(Foto DP)

Valencia es una ciudad con puerto. Ser la ciudad del puerto es otra cosa: otra cosa bastante peor. Creciendo, creciendo, ¿se pretende que el puerto acaba engullendo la ciudad? ¿O solo a un par de barrios y eso afecta a tan pocos vecinos que no importa? ¿Hemos borrado de nuestra memoria a las 600 personas desalojadas? ¿Un Boluda vale más que todos ellos? ¿Hemos olvidado lo que dijimos entonces? ¿Lo que hace años nos escandalizaba lo vamos a resolver con un triste “qué se le va a hacer”? ¿Vamos a pasar página de tantas amenazas sufridas, persecuciones, noches sin dormir, lágrimas derramadas, de las balas de goma contra la firmeza de tantas generaciones atadas a la tierra, de excavadoras haciendo desaparecer nuestra historia. ¿Nos hemos olvidado del centenar de casas destruidas? ¿Y de los 680.000 metros cuadrados de huerta arrasados? ¿Nadie recuerda eso? ¿Nadie va a hacer por reconocerlo? ¿Ni las sentencias judiciales importan? ¿De qué pasta están hechos quienes dicen que, pelillos a la mar, hechos consumados, la historia, por más injusta que sea, no se puede reescribir? ¿Hay que aceptar que las clases populares, las que no tienen despacho, ni chófer, ni una legión de abogados, ni hilo directo con las instituciones, pierden siempre aunque ganen los juicios? Sí, la ZAL fue derrotada en los tribunales. Derrotada. Y no una vez sino dos; en 2013 y en 2015. Lo que dijeron que era urbanizable dejó de serlo por decisión judicial. Después de muchos años de resistencia y sacrificio de la gente de a pie, aquellos terrenos de huerta volvieron a ser “no urbanizables de espacial protección. ¿Ni eso vale?
No, claro, vale lo de crear empleo, como un mantra que todo lo puede. ¿Se creen de verdad que todavía cuela lo de crear empleo? ¿Se creen que no sabemos que lo dicen los mismos que animan siempre a los gobiernos de turno a que les faciliten los despidos? Ya está bien de usar a los trabajadores como escudos humanos para poder seguir mandando gobierne quien gobierne. ¿Nos toman por tontos? ¿A nadie le sorprende que siendo los líderes en obras inútiles, grandes proyectos y construcciones faraónicas seamos también los reyes del desempleo? No cuela. ¿No será que la economía especulativa, de casino y depredadora del territorio es también depredadora de personas?
Ciertamente nos quieren tomar el pelo. Ahora resulta que no se puede paralizar la ejecución de la ZAL porque, si no, el puerto se para, lo ahogamos. Qué mala memoria. Lo mismo decían en 2002. Sí, en 2002. ¿No se acuerdan que las prisas por cargarse la huerta era también al grito de que todo era muy urgente? Pues ya ven la urgencia, han pasado 17 años y parece que el puerto no ha parado ni se ha ahogado.
Mienten. Mucho. ¿Hemos olvidado que hace poco más de tres años el presidente del puerto, Aurelio Martínez, estando ya en el cargo, decía que no era necesario que la ZAL estuviera en La Punta? Más concretamente, ¿bromeaba Martínez cuando en agosto de 2015 aseguraba que la ZAL estaría mejor en otros sitios? ¿O bromea ahora cuando dice que quien no quiera ZAL que pague. ¿A qué parecen las palabras de un alto directivo de una empresa multinacional deslocalizada? Pues no, son de todo un servidor público al frente de un puerto de titularidad pública e interés general. ¿Suena raro, no? Parece mentira, cuesta creer que sea verdad todo lo que está pasando. Parece una pesadilla que después de los 25 años de Rita Barberá despertemos y los buitres de la ZAL sigan sobre nuestras cabezas, como si los cambios en las instituciones fueran simples recambios para tenernos entretenidos. ¿Cuándo mienten? ¿Cuándo dicen la verdad? Quizás todo sean simplemente verdaderas mentiras o mentiras de verdad.