martes, 30 de abril de 2019

EL MIEDO DE LAS GALLINAS





Se lo escuché hace ya bastantes años a José Luis Sampedro. Decía, más o menos, “el “Sistema” es imbatible, te amenaza con matarte y luego acabas dándole las gracias cuando solo te corta un brazo”. Una sensación parecida me queda después de ver los resultados de las elecciones del domingo. Nos asustaron tanto con la llegada de la ultraderecha al poder que solamente haber evitado esa circunstancia ya parece un éxito absoluto de la izquierda y el progresismo.
Aquel día Sampedro hablaba de que el miedo es el gran aliado del “Sistema” para ganar siempre. El miedo, recurrentemente el miedo. El objetivo del temor varía. Ahora es la irrupción de la extrema derecha. Antes habían sido los inmigrantes, la intervención europea o las pensiones en peligro. Lo van combinando según necesidades y destinatarios.
Pero votar con miedo tiene sus consecuencias, más allá de que, en un primer momento, se pueda sentir el alivio de haber conjurado el peligro. Y esas consecuencias completan el mapa del funcionamiento del “Sistema” al que se refería Sampedro. Vamos a dar por bueno que el domingo se le cerró el paso a la extrema derecha. Vale, ha perdido la extrema derecha. La pregunta es, ¿y quién ha ganado? El PSOE, claro. Y Ciudadanos, ¿no? Aunque no gobierne. ¿O sí gobernará?
Pues no, parece que Ciudadanos no estará en el gobierno pero tampoco parece que vaya a tener mucho que decir Unidas Podemos pese al ofrecimiento de Pablo Iglesias. Todo apunta que el PSOE gobernará en solitario. 123 diputados y diputadas pueden ser suficientes. Suficientes para ganar la investidura y hacer ese ejecutivo con “independientes de prestigio” que es lo que siempre se ha denominado “un gobierno de técnicos”. ¿Y suficiente para qué más? Pues para sacar adelante, con lo votos de Ciudadanos y demás señorías de orden, las leyes de carácter económico que favorezcan a los poderosos, esos que están acostumbrados a mandar gane quien gane las elecciones, y que ya han avisado de que nada de riesgos y ocurrencias. Y suficiente también, claro, para, de tanto en tanto, y tocará aplaudir, aprobar con Podemos avances de carácter social.





Es decir que, oficialmente, este domingo en las urnas perdió la derecha y ganó la izquierda pero en los próximos tiempos en el BOE mucho me temo que se seguirá escribiendo con la derecha.
O sea, lo de siempre. Un “deja vu”. El papel que durante años y años desempeñaron los nacionalistas vascos y, sobre todo, catalanes, ahora lo hace Ciudadanos. Qué cosas, ¿verdad? Pero ya lo dijo Josep Oliu, el presidente del Banc de Sabadell, “necesitamos un Podemos de derechas”. Así que Ciudadanos, presente. Es más, ya tiene a su “podemos de derechas” con más votos que el Podemos original.
Para completar el escenario, el ruido, como no, lo provocará el conflicto territorial, el “procés català”. La derecha, ausente de los territorios con amplia demanda de independencia, se batirá con denuedo y sin vergüenza para alimentar los más bajos instintos de la ciudadanía al grito de “Santiago y cierra España”. La distracción será Catalunya mientras la realidad de la gente estará en una economía depredadora del planeta y de las personas en la que nadie reparará. La mayoría seguirá mirando allá donde no pasa realmente nada mientras una minoría predicará en el desierto que lo importante son las desigualdades, el cambio climático, la salud y una democracia real. El modus operandi de los trileros: distracción y trampa. Luego el miedo a lo que el “Sistema” decida que debemos temer hará el resto. Lo decía muy a menudo Eduardo Galeano: “somos gallinas que lo único que elegimos es la salsa con la que se nos comen y nos creemos que eso es la democracia”.

sábado, 13 de abril de 2019

LA TERRA MÍTICA DEL SIGLO XXI EN PATERNA, NO GRACIAS.


Ayer estuve en La Cañada, en Paterna. No era un acto electoral. No fui como candidato de Podem sino como amigo de quienes organizaban aquello, la Coordinadora per a la Protecció de Les Moles. Fue la inauguración de una exposición fotográfica titulada "Les plantes del nostre poble", una muestra de la flora que se puede encontrar alrededor de Paterna y, particularmente, en la zona de Les Moles. La exposición es obra de Aurelio Peña y José Quílez.



Les Moles son una zona de casi 500 hectáreas de monte al norte de Paterna que es donde el PP y una promotora querían construir un macrocentro comercial de nombre Puerto Mediterráneo. Estando yo en la Secretaria Autonómica de Medio Ambiente se denegó la posibilidad de construcción pero han vuelto a la carga con un nuevo proyecto. Le han cambiado el nombre pero poco más. La cuestión es que la obra se llevaría por delante más de un millón de metros cuadrados de monte, prácticamente el único pulmón verde que le queda al entorno metropolitano de Valencia si descontamos la huerta, por cierto, cada vez más y amenazada.
Los promotores son un par de fondos de inversiones, uno canadiense y otro árabe, más un millonario inglés en apuros financieros y con domicilio, para variar, en un paraíso fiscal.
La Coordinadora per la Protecció de Les Moles, un colectivo que agrupa distintos grupos vecinales, ambientales, políticos y hasta comerciales, han sido el gran motor de la resistencia a "Puerto Mediterráneo". Lo han sido y lo siguen siendo porque ni los promotores, ni el PP, ni  Ciudadanos, ni el PSPV se resignan a no construir el macrocentro. Argumentan, como no, los muchísimos puestos de trabajo que crearía, siempre usando a los trabajadores como escudos humanos, como si no hubiera estudios que evidencian que por cada puesto de trabajo que se crea en una gran superficie se pierden dos del pequeño comercio y como si no fuera una realidad indiscutible la saturación que en este sector hay en el entorno de Valencia.



Dicho todo esto, lo grave es que el gobierno del Botánico, formado por PSPV y Compromís, no han sido capaces durante los últimos 4 años de cerrar la protección ambiental de Les Moles. El trámite para hacerlo, ligado a la ampliación del Parque Natural del Túria, está en marcha pero las infinitas demoras administrativas combinadas con la falta de personal, dejan el expediente sin cerrar a las puertas de las elecciones. Así que el peligro sigue. La amenaza sobre Les Moles se mantiene.
Todos los partidos, especialmente por la izquierda, hablan de cambio climático, de salvar el planeta, de dejarlo en condiciones para las generaciones futuras pero luego las políticas de protección del territorio nunca son una prioridad. Si en sanidad, en educación, en servicios sociales, en agricultura o en justicia hay una emergencia o una causa a afrontar de manera obligada, se ponen medios excepcionales y se resuelve. Pues eso mismo se hubiera tenido que hacer con la protección de Les Moles. Cuando se puede se quiere. Y la cuestión lo merece. La lucha contar el cambio climático, la sostenibilidad y el nuevo modelo productivo son algo más que palabras, son vectores de cambio muy potentes y necesitan una valentía y una decisión que, por desgracia, cuesta encontrar. A ver si resultará que los políticos franquistas entendieron en su día que no se podía hacer una gran autopista en el viejo cauce del río Túria y ahora, cincuenta años después, y sobre una extensión 4 veces mayor, se permitirá construir la Terra Mítica del siglo XXI. Algunos no escarmientan.

lunes, 25 de marzo de 2019

PODEM ES LA GARANTÍA DE UN GOBIERNO DEL BOTÁNICO TAMBIÉN VERDE


En la presentación como candidato junto a Beatriu Gascó y Rubén Martínez Dalmau (Foto: Podem)



Dejadme que lo diga claramente desde el comienzo: creo que la posibilidad de que el País Valencià tenga un Gobierno de izquierdas, transformador y no un simple recambio reformista frente la derecha dedicada a recortar derechos y servicios es que la candidatura de Podem que encabeza Rubén Martínez Dalmau tenga un resultado más que bueno en las próximas elecciones del día 28 de abril.

Supongo que la mayoría ya sabéis que yo forme parte de la candidatura de Podem. Formo parte de ella porque quiero ayudar a su victoria. Hace hoy justo una semana, aunque nuestras coincidencias vienen de muy atrás, me plantearon la posibilidad de ir como independiente en el número 5 de la candidatura por Valencia y les dije que sí.

Hay dos movimientos poderosos que vienen a cambiar el mundo en las próximos años y estos son el feminismo y el ecologismo. El camino para avanzar en ellos es la profundización democrática. Democracia, feminismo y ecologismo son las tres patas del cambio radical que necesita nuestra sociedad, el que tenemos que ganar en las urnas el día 28 y el que puede salvar el mundo, haciéndolo más justo, más igual y más saludable.

Del verano de 2015 a febrero de 2018 fui Secretario Autonómico de Medio Ambiente del Gobierno de la Generalitat. Cometí errores, sí, y tuve aciertos, espero; de ambos hubo, pero lo que si es seguro es que fueron dos años y medio en los que pusimos en marcha una verdadera política medioambiental.
 
Las políticas ecologistas no son un barniz verde a la política de siempre. La ecología política es una manera de hacer transversal que afecta a todos los órdenes de la vida, también a toda la gestión de una administración, y que pretende que la actividad humana se desarrolle dentro de los márgenes de la sostenibilidad, dentro de las capacidades del planeta.
 
Las políticas verdes, cuando quieren ser más que el barniz del que hablaba, son un vector de cambio profundo que afecta de raíz al modelo energético, al modelo productivo, en definitiva, al modelo económico. Por ello las resistencias de los poderes establecidos son tan fuertes ante las políticas verdes transformadoras. Y eso es con lo que nos encontramos. Topamos con un poderes económicos que no aceptaban que en temas de urbanismo, de residuos, de movilidad, de actividades contaminantes o de protección del territorio pusiéramos los intereses generales por delante de los particulares; ellos, que están acostumbrados a mandar gobierne quien gobierne, no entendían lo que estaba pasando. Y claro, presionaron donde tocaba, y acabamos fuera de la Secretaría Autonómica.
 
El primer Gobierno del Botánico constituido por PSPV y Compromís ha hecho las cosas mucho mejor y más honradamente que el PP en los anteriores 20 años pero, en temas medioambientales, y no sólo en estos, ha demostrado que tenía su umbral de exigencia por debajo de lo que había comprometido con la gente, en sus programas, en sus mítines y en el propio pacto de legislatura. Hacer las cosas mejor no es suficiente, un cambio político profundo reclama también hacer las cosas de otro modo.
 
Podem, y yo he sido un espectador privilegiado de lo que digo, ha sido en estos últimos cuatro años el mayor impulsor de las políticas medioambientales desde Les Corts. Las demandas de Podemos, personificadas especialmente en Beatriu Gascó, han intentado que el Botánico cumpliera con la ecología, que llegara allí donde dijo que iba. Y no se ha podido.
 
El trabajo de Podem, sus propuestas, sus iniciativas desde 2015 hasta el final de la legislatura, han evidenciado todas las limitaciones del Gobierno valenciano en temas ambientales. Ha faltado determinación y valentía y se han dejado sin rematar muchos proyectos marcadamente verdes que ahora corren el peligro de quedar en nada si Podem no gana protagonismo en el próximo Botánico.
 
Ir a las concentraciones contra el Cambio Climático y hacer declaraciones de gran preocupación no es suficiente. Hay que pasar de las palabras a los hechos. Y por eso, he aceptado la oferta de Podemos, para añadirme al empuje que el partido ha mostrado en la pasada legislatura y ayudar a que, esta vez sí, el nuevo gobierno de progreso valenciano tenga las políticas verdes como eje fundamental de la su tarea. Yo las tuve durante dos años y medio desde el Gobierno; Podemos, cuatro desde las Cortes, la suma es, pues, bastante natural. Comienzo a trabajar por el mejor resultado posible en las elecciones del 28 de abril y voy a ir contando desde aquí cómo van las cosas.

martes, 5 de marzo de 2019

ALGUNAS PREGUNTAS SOBRE LA ZAL DEL PUERTO DE VALÈNCIA


Ahora que aterrizamos en tiempos de elecciones (Fallas mediante) y que, por decisión del president Puig, las municipales de València se separan de las Autonómicas,  se me ocurren una serie de preguntas sobre el puerto de la ciudad.



(Foto Kike Taberner)


Si el Estado pudo encontrar 50.000 millones de euros para salvar a los bancos, mucho más sencillo resultará dar con 160 para compensar al Puerto de València por los terrenos de huerta donde, pese a haber sido revocado por judicialmente, pretende construir un gran almacén de contenedores, ¿no les parece? Además, estamos hablando de “Puertos del Estado”, un entidad pública. ¿Qué problema puede haber para que una entidad pública, y más en tiempos de gobiernos progresistas, entienda que el interés general está por delante de su negocio? No hay mayor negocio que dar satisfacción a la ciudadanía, no puede haber mejor inversión que pensar en las generaciones que han de venir, ¿o pensamos que el territorio nos pertenece a nosotros? ¿Cómo va a estar su negocio portuario por delante de todo? ¿Dónde radica la dificultad del Ministerio de Fomento para entender eso?


Joan Ribó (izq), alcalde de València,  y Aurelio Martínez, presidente del Puerto (foto: AP). 


¿Como se explica que con gobiernos de progreso en Madrid, en la Generalitat y en el Ayuntamiento de València se desaproveche la posibilidad de unir con un espacio de huerta y sostenible el antiguo cauce del Turia convertido en pulmón verde con el Saler y la Albufera? ¿Por qué se renuncia a ese corredor ecológico? En tiempos de instituciones que se llenan la boca de sostenibilidad, ecología, alimentación saludable, aire limpio, cambio climático y similares, ¿qué es lo que no se entiende de lo reclaman los colectivos más comprometidos con esta histórica reivindicación ciudadana? ¿Será posible que lo entendieran mejor los gobiernos postfranquistas que renunciaron a convertir el río en una autopista y el Saler en una macrourbanización que nuestros gobernantes de 2019? El que no lo entiende soy yo que recuerdo perfectamente todo lo que los que hoy gobiernan decían de los planes del PP que ahora ellos no se atreven a revertir.

(Foto DP)

Valencia es una ciudad con puerto. Ser la ciudad del puerto es otra cosa: otra cosa bastante peor. Creciendo, creciendo, ¿se pretende que el puerto acaba engullendo la ciudad? ¿O solo a un par de barrios y eso afecta a tan pocos vecinos que no importa? ¿Hemos borrado de nuestra memoria a las 600 personas desalojadas? ¿Un Boluda vale más que todos ellos? ¿Hemos olvidado lo que dijimos entonces? ¿Lo que hace años nos escandalizaba lo vamos a resolver con un triste “qué se le va a hacer”? ¿Vamos a pasar página de tantas amenazas sufridas, persecuciones, noches sin dormir, lágrimas derramadas, de las balas de goma contra la firmeza de tantas generaciones atadas a la tierra, de excavadoras haciendo desaparecer nuestra historia. ¿Nos hemos olvidado del centenar de casas destruidas? ¿Y de los 680.000 metros cuadrados de huerta arrasados? ¿Nadie recuerda eso? ¿Nadie va a hacer por reconocerlo? ¿Ni las sentencias judiciales importan? ¿De qué pasta están hechos quienes dicen que, pelillos a la mar, hechos consumados, la historia, por más injusta que sea, no se puede reescribir? ¿Hay que aceptar que las clases populares, las que no tienen despacho, ni chófer, ni una legión de abogados, ni hilo directo con las instituciones, pierden siempre aunque ganen los juicios? Sí, la ZAL fue derrotada en los tribunales. Derrotada. Y no una vez sino dos; en 2013 y en 2015. Lo que dijeron que era urbanizable dejó de serlo por decisión judicial. Después de muchos años de resistencia y sacrificio de la gente de a pie, aquellos terrenos de huerta volvieron a ser “no urbanizables de espacial protección. ¿Ni eso vale?
No, claro, vale lo de crear empleo, como un mantra que todo lo puede. ¿Se creen de verdad que todavía cuela lo de crear empleo? ¿Se creen que no sabemos que lo dicen los mismos que animan siempre a los gobiernos de turno a que les faciliten los despidos? Ya está bien de usar a los trabajadores como escudos humanos para poder seguir mandando gobierne quien gobierne. ¿Nos toman por tontos? ¿A nadie le sorprende que siendo los líderes en obras inútiles, grandes proyectos y construcciones faraónicas seamos también los reyes del desempleo? No cuela. ¿No será que la economía especulativa, de casino y depredadora del territorio es también depredadora de personas?
Ciertamente nos quieren tomar el pelo. Ahora resulta que no se puede paralizar la ejecución de la ZAL porque, si no, el puerto se para, lo ahogamos. Qué mala memoria. Lo mismo decían en 2002. Sí, en 2002. ¿No se acuerdan que las prisas por cargarse la huerta era también al grito de que todo era muy urgente? Pues ya ven la urgencia, han pasado 17 años y parece que el puerto no ha parado ni se ha ahogado.
Mienten. Mucho. ¿Hemos olvidado que hace poco más de tres años el presidente del puerto, Aurelio Martínez, estando ya en el cargo, decía que no era necesario que la ZAL estuviera en La Punta? Más concretamente, ¿bromeaba Martínez cuando en agosto de 2015 aseguraba que la ZAL estaría mejor en otros sitios? ¿O bromea ahora cuando dice que quien no quiera ZAL que pague. ¿A qué parecen las palabras de un alto directivo de una empresa multinacional deslocalizada? Pues no, son de todo un servidor público al frente de un puerto de titularidad pública e interés general. ¿Suena raro, no? Parece mentira, cuesta creer que sea verdad todo lo que está pasando. Parece una pesadilla que después de los 25 años de Rita Barberá despertemos y los buitres de la ZAL sigan sobre nuestras cabezas, como si los cambios en las instituciones fueran simples recambios para tenernos entretenidos. ¿Cuándo mienten? ¿Cuándo dicen la verdad? Quizás todo sean simplemente verdaderas mentiras o mentiras de verdad.


lunes, 28 de enero de 2019

IGUAL EL RARO SOY YO: SOBRE JULEN Y VENEZUELA


Esto no es una de esas cadenas que pretenden conseguir más y más copias de un determinado mensaje pero sí que tengo curiosidad por aclarar si soy un bicho raro o hay más que piensan parecido a mi. Me gustaría saber cuanta gente está cansada de recibir información (o lo que sea) sobre la muerte del pobre niño Julen en Málaga y cuanta se avergüenza de sus políticos cuando los ve cargar día tras día contra Venezuela y pedir a su gobierno elecciones y más democracia mientras callan con Marruecos, con China, con Rusia, con Arabia Saudí, con Emiratos, con Qatar, con Guinea, con Nicaragua o con tantos gobiernos sátrapas como si de regímenes ejemplares se tratara. Yo estoy cansado del “caso Julen” y me avergüenza lo de Venezuela.
No es que no comprenda el dolor de los padres del pequeño malagueño, tengo una hija y no imagino nada peor; ni que no quiera una convivencia en paz y un futuro habitable para los venezolanos, pero me parece que ya está bien.
Ya está bien de alimentar el morbo alrededor de un niño caído en un pozo y de hacer como que no existen los miles y miles de menores que, también ante la impotencia de sus padres, mueren de sed, de hambre o de enfermedades perfectamente curables en cualquier lugar del mundo o, incluso, en  nuestras propias ciudades. O los que pierden la vida en el Mediterráneo, o en la frontera entre Méjico y los Estados Unidos, o bajo las bombas de Irak, Siria o Afganistán. Claro que entiendo que para rescatar al pequeño Julen se movilizaran los medios que se movilizaron pero no comprendo que nuestra sanidad, nuestros servicios sociales o nuestra educación pública dejen desamparados a tantos otros pequeños que, por culpa de una desigualdad asesina, viven en las calles, en la marginalidad o nunca van a poder salir de la miseria después de una vida de abusos, privaciones y sufrimiento que ninguna persona merece. No comprendo que todo eso suceda ante nuestros ojos y que los medios nunca entren en la cuestión o, lo que es peor, que suceda y que los medios, especialistas en rebuscar en bragueta ajena, utilicen estos días el “caso Julen” para taparlo. ¿Cuánto costo el dispositivo de Málaga? ¿Cómo puede ser que aplaudamos eso (yo lo hago) y recortemos y recortemos el pago de impuestos que han de sufragar que la administración pueda proteger a sus niños (y a sus mayores) al mismo nivel que se implicó en esa búsqueda de Julen?


(Foto: Reuters)

¿Y lo de Venezuela? Pues parecido. ¿Nos quieren hacer creer que Venezuela es la representación de todos los abusos antidemocráticos del planeta? ¿Dónde está el supuesto precepto constitucional que justifica que un señor se autodeclare presidente en medio de una plaza pública? Me miro y me remiro el famoso artículo 233 y no veo nada. Que no, que no me trago la filantrópica preocupación por la democracia venezolana. ¿Cerramos todo el centro de Madrid para recibir con honores y genuflexiones al presidente chino y lanzamos ultimátums a Maduro? ¿Comerciamos con armas con Arabia Saudí y cedemos a sus chantajes pero resulta que todos seguimos el diseño de Trump para poner un gobierno amigo en Venezuela? ¿Trump y los Estados Unidos son la referencia democrática en su relación con terceros países? ¿Tanta razón tienen Trump, Bolsonaro, Casado o Rivera que la izquierda española no tiene un discurso alternativo? Si esto es una historia de buenos y malos yo no me puedo creer que los buenos sean los personajes referidos y el malo Maduro; me temo que es todo bastante más complejo y que no se resuelve con amenazas. En realidad, me parece que los supuestos salvadores de Venezuela no son más que agentes de una nueva forma de colonialismo. Me da que si Venezuela no tuviera el petróleo que tiene, no merecería la atención internacional que merece, ni la derecha estaría tan preocupada por los venezolanos, como no lo está por los marroquí, chinos, nicaragüenses o guineanos. Pero lo dicho, igual el raro soy yo.

lunes, 14 de enero de 2019

NI VALENCIA ES PORTUGAL, NI TODA LA IZQUIERDA LO MISMO




Portugal, ese ejemplo de que sí, de que es posible un gobierno de izquierdas transformador, acaba de aprobar la puesta en marcha de un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases de bebidas (SDDR). Un sistema que ya funciona en el medio mundo más respetuoso con la sostenibilidad del planeta y que entre 2015 y 2018 estuvimos a punto de implantar desde la Secretaría de Medio Ambiente del Govern del Botànic de la Generalitat. Finalmente no vio la luz porque el gran poder económico mandó parar y no lo permitió. Ya se sabe, los poderosos ni protestan ni reclaman, ellos tienen capacidad de amenaza y de chantaje y están acostumbrados, entonces pasó, a que los jefes y jefas de gobiernos cedan. 

La implantación del SDDR en el País Valenciano fue aquel intento que se frustró por el ordeno y mando de los grandes supermercados que en estas tierras valencianas sabemos que, ajenos a cualquier conciencia ambiental, mercadean con el consumo de las personas más y más que en ni ningún otro sitio. 

Fue aquella iniciativa comprometida y  verde que se bloqueó por el empeño de la patronal, esa que ahora defiende “Puerto/Intu Mediterraneo” como si el negocio estuviera antes que las personas y como si solamente fueran empresarios los que operan en paraísos fiscales y no los centenares de hombres y mujeres que levantan las persianas de sus comercios cada mañana.

Pues bien, en Portugal la ley del SDDR ya tiene la aprobación del Parlamento. La puesta en marcha se hará en lo que equivale a toda una legislatura, igual que lo teníamos previsto aquí. La ley portuguesa enumera las razones para la implantación del sistema, y tampoco difieren de las nuestras: disminuyen las toneladas de plástico incinerado y enterrado en vertederos, se reduce el impacto ambiental y el abandono en el territorio de millones de botellas, se valorizan mejor los materiales, se progresa en economía circular, se recorta en gasto de combustibles fósiles, se avanza en la independenciaLa norma portuguesa, a diferencia de lo que se planteaba  del 1 de enero de 2022 ya se cobraran los envases con depes supermerca energética del país, se mejora la calidad del material resultante de los residuos, se favorece el cumplimiento de los acuerdos sobre el clima de París 2015 y se crean muchos puestos de trabajo. Yo añadiría una razón más, de carácter más político. Implantar el SDDR suponía apostar por una gestión responsable y sostenible de los residuos de acuerdo con un nuevo modelo económico con el que el Govern del Botànic se decía comprometido.  No es una cuestión menor: era un vector de cambio real que impulsaba la profundización democrática que necesitamos para construir una voluntad compartida contra el miedo y la desconfianza, esas sombras que hoy sacuden nuestras sociedades.



La previsión de la ley portuguesa es que el sistema arranque a finales de este año 2019. Durante 2020 y 2021, y a cuenta de la propia administración, se dará un incentivo, una especie de gratificación al consumidor, por cada envase que se devuelva y a partir del 1 de enero de 2022 ya se cobraran los envases con depósito (latas, plástico, tetra-brick y vidrio). El sistema será gestionado por la Agencia Portuguesa del Medio Ambiente (APA) “con la participación de otras entidades”, que es la manera de facilitar la intervención de los distintos agentes implicados en el proceso. Vamos, lo que también defendimos en nuestro caso.
La norma portuguesa, a diferencia de lo que se proponía para el País Valenciano, obliga por ley a todos los grandes supermercados, de 2.000 metros cuadrados o más, es decir, y para entendernos, del tamaño de un Mercadona hacia adelante, a ceder “gratuitamente” espacio para la instalación de las máquinas de recogida y, además, a habilitar una zona para vender exclusivamente bebidas en envase retornable. En nuestra propuesta, la recogida se hacia en el conjunto de comercios y todos tenían una compensación por gestionar los envases. Dejar fuera los establecimientos medianos y pequeños los excluye de un un flujo económico y un reclamo comercial importante.

Los legisladores portugueses, en la exposición de motivos de la nueva regulación, especifican que el sistema de Devolución y Retorno es el único que garantiza que se podrán cumplir las exigencias europeas en cuanto a gestión de plásticos y residuos en general. Cifran su actual porcentaje de reciclado de envases de bebida  en un inaceptable 30%, muy parecido al que hay en Valencia, y explican tan negativo dato diciendo que el “punto verde” que se paga actualmente por la gestión de los envases, como en España,  no supone ningún incentivo para el ciudadano. Recuerdan, como repetidamente hicimos también nosotros, que, frente a su 30% de reciclaje, en los países que ya disponen de SDDR se supera claramente el 90%.

¿Y quien votó la ley portuguesa? Pues la derecha, miren ustedes qué cosas. Bueno, no solamente la derecha, es verdad. La propuesta vino del diputado del PAN (Personas, Animales y Naturaleza) y la secundaron el gobernante Partido Socialista y el Bloque de Izquierdas, su apoyo parlamentario. Pero también votó sí la oposición: el PSD y el CDS-PP, dos formaciones derechistas que pertenecen al Partido Popular Europeo, compañeros pues de nuestro PP. No hubo votos en contra. El Partido Verde y el Partido Comunista se abstuvieron. Ambos consideraron que la ley se queda corta.

Así pues, un proyecto casi idéntico al valenciano pero con un desenlace bien distinto. Tal vez las cosas vistas desde Portugal son diferentes, puede que allá la derecha no sea tan irresponsable,  o que su patronal no sea tan miope. Quién sabe. Quizás es que en Lisboa la izquierda gobernante actúa con mayor valentía que la nuestra o, a lo mejor, es que los supermercados portugueses ponen precio a sus productos pero no a la cabeza de los cargos políticos.

(Fotos: V.S.)