miércoles, 7 de noviembre de 2018

FEUDALISMO VERSIÓN XXI




La historia oficial mantiene que el feudalismo desapareció allá por el siglo XVI. No es exacto, mejor dicho, no es cierto. El feudalismo sigue vivo. Claro que en una versión más civilizada, más discreta y menos evidente pero sigue, ya les digo yo que sigue. Hace 500 años dio un paso atrás pero fue para reorganizarse. Hoy como entonces se sigue respetando su sentido: no todos somos iguales ante la ley, por más que adaptemos sistemas de gobierno formalmente diferentes, una minoría muy minoría manda sobre los demás independientemente de quien gobierne.
Viene todo esto a colación, ya lo pueden imaginar, de la decisión del Tribunal Supremo de desdecirse y volver cargar sobre los bolsillos de la ciudadanía el pago de los impuestos vinculados a la tramitación de las hipotecas.
No sé que sucedió para que, anteriormente, unos jueces sentenciaran que quien debe hacer frente a ese pago son los bancos. Tuvieron un lapsus, está visto. Zafarrancho de combate, todas las fuerzas vivas de las finanzas patrias pusieron el grito en el cielo, las llamadas a capítulo y los contactos telefónicos sacarían humo y, sin disimulo y a cara descubierta, los jueces vuelven a reunirse y ponen las cosas en su sitio: a pagar los ciudadanos.
Tanta desfachatez impresiona. Es evidente que la Banca española usa su dinero (el nuestro, incluidos los 60.000 millones de los rescates) para comprar a quien hace las leyes y a quienes han de interpretarlas.
Por si faltaba algo, durante los días de dudas sobre la “última palabra” del Tribunal Supremo, no se privaron de avanzarnos que (la Banca siempre gana, como en los garitos más oscuros) si perdían la sentencia tampoco pasaba nada porque lo iban a repercutir en los clientes. O sea, te pongas como te pongas te voy a joder. O como decía Eduardo Galeano, “nos mean y dicen que llueve”.
Ayer, otra vez, ganó la Banca y perdió la gente; ganó el feudalismo y perdió la democracia; ganó la minoría y perdió la mayoría.
Mayoría, esa es la cuestión. La mayoría está representada en el Parlamento, luego debería ser allí donde se reaccionara y se legislara para que estas cosas no puedan pasar. Pero no. Gobierne quien gobierne, manda ellos.
Un día vendrá alguien que les quitará la razón. Como ayer el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se  la dio a Arnaldo Otegi y reconoció que se le juzgo de manera injusta, como pasará con los presos políticos catalanes… pero eso será más adelante. Mientras, todo sigue “como dios manda” y aquí que no se mueva nada. El territorio es su solar y nuestros derechos su margen de negocio.
(Foto: Dani Duch)

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