lunes, 15 de octubre de 2018

EL SR. NAVARRO, LOS DISTINGUIDOS EMPRESARIOS Y LOS PÁJAROS




Salvador Navarro (primero por la izquierda), presidente de la CEV, junto a otros dirigentes empresariales valencianos (Foto: Ive).


Decía este fin de semana en una entrevista el presidente de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), Salvador Navarro, que el proyecto de poner en marcha el SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases) era una “pájara mental” y que “finalmente se demostró que no era tan positivo”. Bueno pues si a él lo del SDDR le parece “una pájara mental” a mi me parece que los grandes empresarios valencianos, a cuyo frente está Navarro, son “pájaros de cuidado”.
Y no, no es cierto que “finalmente se demostró que no era tan positivo”. No se demostró nada porque nada se hizo. Las cosas están como estaban. Los ciudadanos seguimos pagando hasta tres veces por los envases de bebida que consumimos y las grandes marcas de bebidas continúan contaminando el medioambiente y, encima, forrándose por ello a nuestra costa.
En el País Valenciano consumimos alrededor de 7 millones de envases de bebida diarios y solo se recogen en los contenedores correspondientes 2 millones de ellos. Así pues, alrededor de 5 millones se pierden cada día. Son los envases que van a nuestras calles, a nuestras cunetas, a nuestros bosques y muchos de ellos acaban en nuestros mares. Esos mares que, según los científicos, tendrán en 2050 más toneladas de plástico que de peces. Esos mares infestados de residuos con peces llenos de micropartículas de plástico en sus cuerpos que, finalmente, comiendo o cenando, acabamos llevando hasta nuestro estómago; también a los de las familias de los empresarios indolentes. Europa es el segundo productor de plástico después de China, el Mediterráneo el mar con mayores vertidos y España, tras Turquía, el país europeo que más plásticos tira al mar, por encima de las 120 toneladas por día.
Claro que, por seguir con la terminología de Navarro,  a los “pájaros de cuidado” que dirigen nuestras grandes empresas embotelladoras y de supermercados eso no parece preocuparles. La diferencia entre esos 7 millones de envases que se consumen y los 2 que se recogen adecuadamente es negocio para ellos. Ecoembes, la principal entidad que estas empresas han creado para gestionar los envases usados, es quien materializa el negocio pero no hay que olvidar que en su Consejo de Administración están desde Carrefour a Mercadona, desde Procter&Gamble a Coca-Cola, desde Pepsi a Danone, desde L’Oreal a Pescanova. Ecoembes cobra, a través del punto verde, por todos los envases, pero después solo paga a los ayuntamientos por el tercio que va a los contenedores adecuados. Todo lo que se pierde es su gran negocio.
¿Y quién sufraga ese negocio? Pues claro, el ciudadano. El paciente ciudadano que, después de pagar ese punto verde cuando compra su botella, por culpa de que Ecoembes, es decir las grandes empresas reunidas, no recoge más que un 30% de los envases, ha de volver a pagar por la recogida de los que se quedan en las calles, en las papeleras o en el contenedor equivocado, y luego por su transporte y más tarde por su tratamiento en las plantas de basuras. Todo el proceso debería correr a cargo de las empresas que ponen la botella en el mercado pero no, porque no  cumplen. Y como no cumplen ellos, pagamos todos.
Repito, en España, también en el País Valenciano, no se recicla más de un tercio de los envases que se usan. En Alemania, en Estados Unidos, en Australia, en Suecia, en Noruega, en Lituania o en el resto de 40 países y regiones del mundo donde funciona el SDDR, el nivel de reciclado supera el 90% de media. Y es muy fácil de entender: si el envase lleva un depósito de 10 céntimos, ni un solo envase se pierde en la calle, en una playa o en una papelera. ¿O ustedes han visto muchas veces monedas de 10 céntimos abandonadas por el suelo?  Pues eso, los “pájaros de cuidado” le llaman “pájara mental” a preservar nuestro medio ambiente y a velar porque no se estafe a la ciudadanía… y siguen volando tan tranquilos porque no hay gobierno que les pare los pies o, mejor dicho, que les corte las alas.