martes, 19 de diciembre de 2017

LAS DOS CARAS DE LA POLÍTICA

Ayer podría decirse que tuve dos actividades de pura gestión y otras dos que, aunque muy diferentes, fueron de pura política. Empezaré por estas últimas.

Al mediodía, junto con la consellera Elena Cebrián, el director general de Calidad Ambiental, Joan Piquer, y diferentes técnicos, me reuní con una representación de los Ayuntamientos de la comarca valenciana de la Hoya de Buñol-Chiva, del colectivo "Ecologistas en Acción" y de la Plataforma "Aire Limpio". 


El motivo de la reunión era manifestarnos su preocupación por la contaminación del aire en la zona, así como su malestar porque consideran que las medidas que tomamos no son lo suficientemente rápidas, ni decididas. Se quejaron, entre otras cuestiones, del retraso en la tramitación de la Autorización Ambiental Integrada (AAI) de la fábrica de Cemex en Buñol, de cómo este año les ha afectado el humo de la paja del arroz, de la necesidad de más estaciones de control del aire en la zona y de la falta de personal inspector y de estudios sanitarios suficientes al respecto de los impactos de la contaminación en la comarca. Querían compromisos concretos.

Nuestra respuesta, empezando por reconocer que, efectivamente los plazos de tramitación administrativa siempre son más largos de lo que tocaría, fue que la AAI está siguiendo los procesos obligatorios y que, si la revisión de las alegaciones no se hace más larga de lo normal, el próximo verano podría estar a punto. Sabemos que hace muchos años que se arrastra esta situación pero nosotros no podemos ir más rápido. Por otro lado, les confirmamos que nuestra pretensión es rebajar al máximo el volumen de quema en la incineradora de Cemex y, en concreto, pretendemos que la quema de residuos peligrosos se reduzca a cero.

Somos contrarios a la existencia de incineradoras, ya sea en su formato habitual o en cementeras, pero no está en nuestra mano, al menos en estos momentos, acabar con su existencia. La ley no nos lo permite.

Les recordamos nuestra voluntad de limitar la incineración y, prueba de ello, es la apuesta por la reducción de los residuos y, más concretamente, la reciente tasa de penalización por la incineración de estos. De no existir tasa alguna pasamos a que deba pagarse hasta 40 euros por tonelada de residuos quemada.

Sobre las estaciones de medición nos comprometimos a que a finales de enero podamos instalar una móvil en la comarca; hablaremos con Sanidad sobre el tema de los estudios; ya hemos duplicado el número de inspectores y, sobre la quema de la paja del arroz, les explicamos que este año ya se ha limitado considerablemente y que seguiremos en esa línea.

Francamente fue una reunión de la que salí bastante triste. El tema abordado está en el corazón de nuestra política ambiental. No es una cuestión menor, ni de lejos. La coincidencia con las reivindicaciones de la gente de la Hoya de Buñol-Chiva es prácticamente total. Entiendo su malestar y sus preocupaciones. Lamento profundamente no poder avanzar más rápido pero, con toda sinceridad, también eché de menos un reconocimiento a nuestra disposición al diálogo, al trabajo conjunto en las iniciativas que ya hemos puesto en marcha para resolver los problemas que se plantean. El tema de los residuos no tiene un botón mágico que permita una solución total e inmediata. Al contrario, son procesos demasiado lentos, y hay que ir tocando muchas teclas para alcanzar todos los objetivos que nos proponemos. Seguiremos al pie del cañón. 


El otro acto político, muy diferente pero también muy importante, fue la presentación a última hora de la tarde del libro de Vidal Valle "Memorias de la Albufera. Cuarenta historias personales" que tuvo lugar en el Palau de l’Exposició de València. Es una obra que recoge una parte de la historia de la Albufera a partir de los testimonios de cuarenta personas, hombres y mujeres, que explican un trozo de su vida arraigado a la tierra o al agua del Parque Natural. 


Digo que fue un acto político porque creo sinceramente que el amor a la tierra, a las raíces, al territorio es una manera generosa de cuidar el planeta, una forma entregada de vivir pensando en los que han estado antes que nosotros y en los que deben venir después. Y esto es política en estado puro. Política con mayúsculas. 


Fue un acto emocionante. Ver ante nosotros los rostros trabajados por el sol y el frío de gente mayor a la que se le llenaban los ojos de lágrimas cuando escuchaban expresiones que toda la vida se han dicho sobre una barca o con los pies hundidos en los campos de arroz. Hombres y mujeres que ayer se sintieron reconocidos y queridos... Fue muy emocionante. Y sí, eso es política. Cuidar de nuestro entorno, sentirlo como parte de nosotros, saber que somos nosotros quienes nos debemos a él y no al revés, forma parte del mejor discurso y la mejor práctica de la sostenibilidad en el quehacer diario. Esto es Política. Llevan muchos años haciéndola y nosotros, ahora, debemos ser capaces de, ante los nuevos retos que se nos plantean, seguir su huella, la del "Tío Pastilla", la de "Sebastianet"... la de todas y todos los protagonistas de la obra de Vidal Valle. 


Respecto a las dos tareas de ayer que decía al principio que fueron de gestión, a primera hora de la mañana tuve una reunión del Patronato del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM) para revisar temas administrativos y de cuentas y, ya después de comer, un encuentro con responsables y técnicos de los consorcios de residuos para tratar la futura tramitación de las ayudas europeas que hemos conseguido para la automatización e informatización de los ecoparques fijos y móviles a lo largo de toda la Comunitat. Serán, de aquí a 2022, cuarenta millones de euros los que se inviertan en esta materia, la mitad de ellos de fondos europeos. El año próximo la inversión prevista será ya de cinco millones.


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