jueves, 26 de octubre de 2017

LA MALA CALIDAD DEL AIRE QUE RESPIRAMOS PROVOCA MEDIO MILLÓN DE MUERTOS CADA AÑO EN EUROPA

Ayer empecé pronto la jornada porque a primera hora de la mañana tenía que participar, en Alicante, en un desayuno de trabajo que el diario «Información» había organizado en torno a la cuestión de la energía y la calidad del aire.
 
Estábamos representadas instituciones, asociaciones y empresas. De la Generalitat, estábamos la directora general del IVACE, Julia Company, y yo. Había también representación de la Diputación de Alicante, los ayuntamientos de Alicante y Elche, de empresas como SEAT y Gas Natural (copatrocinador del acto junto con «Información») y también de la Asociación Hostelera Hosbec. 


Fue una conversación interesante donde se pusieron en el mismo campo de debate visiones desde puntos muy diferentes de la realidad en los que, básicamente, hay un acuerdo muy general. 
 
Empezamos por una realidad que respiramos, la de la calidad del aire. Para ser más exactos, hablamos de la mala calidad del aire que provoca medio millón de muertes prematuras en toda Europa, unas 3.000 en nuestro país. Y nos centramos mucho en energía y movilidad. 

  
En este sentido, se habló del gas natural como la más limpia de las energías marrones, una energía que se puede calificar como de transición hasta que haya un adecuado desarrollo de las energías renovables. Además, el gas parece más útil, una vez superadas otras fuentes como el carbón, el fuel o la nuclear, como energía de base para garantizar un abastecimiento estable. En movilidad nos referimos mucho a la dicotomía coche eléctrico-coche a gas y coincidimos en que el eléctrico ha ganado la partida de la imagen cuando en realidad -eso lo dije yo- si todos tuviéramos coches eléctricos no habría energía renovable capaz de cubrir las necesidades. 

  
En general, expliqué los sistemas que tenemos de control de calidad del aire, las 68 estaciones de medida que tenemos repartidas por todo el territorio y la posibilidad de que, a través de nuestra página web, se pueda acceder en tiempo real a los datos de los niveles de contaminación de cualquier zona de nuestra Comunitat.

Hablé también los Planes de Calidad de Aire que tenemos para Alicante y Castellón, más enfocados a controles industriales, y también en Valencia, más ligado a la movilidad urbana. En este sentido, puse en valor los Planes de Movilidad que se están trabajando desde la Generalitat y destaqué que, más allá del control, que es de nuestra competencia, lo que hace falta es modificar los comportamientos para, con muchas medidas diferentes, ser capaces de reducir la emisión de contaminantes. Ciertamente, los resultados de nuestros controles dan una calidad de aire que está, en general, por debajo de los índices legalmente marcados, pero esto no es, ni de lejos, un consuelo. Dar por satisfactorio lo que tenemos sería como conformarse con respirar un veneno en pequeñas dosis. 

  
No nos engañemos, al igual que, en general, la lucha contra el cambio climático, la mejora de la calidad del aire pasa por un nuevo modelo económico, energético y, en definitiva, por una nueva manera de hacer las cosas, por un nuevo modelo de vida. Creer en la posibilidad de seguir creciendo y creciendo en el aspecto económico sin aumentar la contaminación es un espejismo. 
 
Puse un ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas para conseguir mejoras y que no sean en detrimento de ninguna actividad socio-económica. Ya que estaba en Alicante hice referencia a su Puerto y al movimiento de graneles que tantos problemas de contaminación genera. La instalación de naves en depresión donde hacer ese trasiego de graneles evitaría muchas de las molestias que ahora padecen los vecinos. Ciertamente esto supone una fuerte inversión económica. La oportunidad sería que con estas naves, la capacidad de operaciones del Puerto de Alicante aumentaría y, por ejemplo, las gravas del mármol de la comarca del Vinalopó, que ahora son un residuo que acaba apilándose en montañas que provocan un grave problema medioambiental, se podrían comercializar a través del Puerto de Alicante. 
 
La tarde la dediqué por completo a una sesión del Consejo de Administración de la Empresa Pública de Saneamiento de Aguas Residuales (EPSAR). Era una sesión cargada de puntos en el orden del día. 

 
El Consejo sirvió para aprobar los presupuestos para 2018 que superan los 218 millones de euros, lo que representa un 1% más respecto a este 2017. En la sesión también aprobamos, por tercer año consecutivo, la congelación de la tarifa del canon de saneamiento . Un elemento de primera necesidad como es el agua debe tener la mayor accesibilidad posible para toda la ciudadanía. En los últimos años del PP al frente del Gobierno de la Generalitat, esta tarifa había experimentado incrementos próximos al 40%. De haber seguido con los aumentos que se produjeron en la anterior legislatura, los ciudadanos valencianos deberían pagar del recibo del agua 100 millones de euros más de lo que se ha pagado desde 2015. 
 
En la reunión del Consejo también dimos luz verde al plan de obras para 2018. Durante el próximo año la previsión de obras se acerca a los 170 millones euros. En los últimos años, el nivel de licitación de obra había quedado prácticamente a cero. Ahora disponemos ya de los proyectos que hemos elaborado durante el último año y medio y en los próximos meses estaremos en condiciones de comenzar las obras. 

 
Diferentes temas de carácter laboral, desde la revisión de diferentes recursos presentados hasta el proceso de aprobación de la Relación de Puestos de Trabajo de la empresa, fueron otras de las cuestiones abordadas. También hicimos una revisión de diferentes propuestas presentadas en la reunión del Consejo de Participación de la EPSAR: necesidad de planes directores de saneamiento y depuración, avanzar en la gestión del Ciclo Integral del Agua y procesos de divulgación de buenas prácticas en temas hídricos.

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