jueves, 3 de agosto de 2017

EL ARROZ DE LA ALBUFERA: NI QUEMARLO, NI INUNDARLO

De Parque Natural en Parque Natural. Si anteayer pasé el día en el de Chera-Sot de Chera, ayer fue una jornada dedicada, de forma prácticamente completa, a la Albufera. 

  
Por la mañana tuve una reunión con José Fortea y Enrique Bellido, de la Comunidad de Regantes de Sueca. El tema, las obras de revestimiento de una acequia de la zona de Sueca, la de las barracas de Ribalmaig. Se trata de una canalización de 1'2 kilómetros que debe pasar estimación de impacto ambiental, con los informes correspondientes sobre la oportunidad y características de la obra. En la Comunidad están preocupados por los plazos. No deben ser largos. Lo que toca es perfilar bien el tipo de obra. 
  
Aunque la reunión era para hablar de la acequia, tocamos dos cuestiones más. La primera, la quema de la paja del arroz; la segunda, los niveles de agua del lago de la Albufera. 
 
Sobre la quema de la paja, ellos defienden la conveniencia de quemar el conjunto de la paja que se genera en el entorno de la Albufera, alrededor de 80.000 toneladas, en las más de 15.000 hectáreas de cultivo. Es decir, hacer lo mismo que se hizo el año pasado. Nosotros ya hemos repetido más de una vez que no será así, que la quema masiva del año pasado no puede ni debe volver a repetirse. 
 
Llevamos un año, desde mi secretaria autonómica de Medio Ambiente y Cambio Climático, buscando fórmulas para la retirada de la paja pero no ha hay forma de que nadie asuma el coste del proceso. Las ayudas agroambientales de la Unión Europea a los agricultores contemplan precisamente pagos por no quemar y, sólo excepcionalmente, se podría permitir la quema en caso, por ejemplo, de riesgos de sanidad vegetal que los informes no corroboran. 

  
Más allá de la retirada, hay otras alternativas a la quema que son las que, allí donde sean posibles, es necesario implementar: triturado, «fangeig» o renovación del agua. 
 
Así, de cara al mes de octubre, la quema debe ser no la única posibilidad sino la última posibilidad y, para los próximos años, dicha posibilidad cada vez debe usarse menos. Todos debemos implicarnos en la búsqueda de fórmulas que permitan la retirada de la paja porque también supondrá un beneficio para todos. Los efectos contaminantes de quemar tanta paja significan más de 2.000 toneladas de CO2 a la atmósfera y un problema de salud importante para la población del entorno de la Albufera. 
 
En definitiva, el objetivo de este año es quemar la menor cantidad de paja posible. La quema que se debe hacer en octubre hay que limitarla a las zonas más bajas del Parque que es donde más difícil resulta que la paja llegue a secarse porque tienen mayores niveles de agua. Además, la quema deberá ser controlada, no como el año pasado que hubo muchos excesos. 
 
Tenemos todo el mes de agosto para concretar exactamente el sistema, las diferentes zonas y las condiciones. Lo trataremos y discutiremos con los agentes implicados con el máximo de participación. No será sencillo pero seguro que vamos a avanzar. 
 
En cuanto al tema de los niveles del lago de la Albufera, en los últimos días, nuestra dirección general de Medio Natural había autorizado a la Junta de Desagüe del uso de las bombas para bajar el volumen de agua. La gestión de los niveles es cosa de la Junta y, desde Conselleria, sólo hacemos el seguimiento y control. El acuerdo al que se llegó hace unos meses marcaba que el nivel en esta época del año tenía que estar, como mínimo, a 10 centímetros y, según los datos, en algunos momentos y en algunos puntos, estaba bastante por encima. Por ello, se autorizó el uso de las bombas. 

  
Ante esta situación, y aprovechando que la agenda de agosto la tengo un poco más libre, ayer decidí visitar la zona para verla en persona y, durante la reunión que mantuve por la mañana con la Comunidad de Regantes de Sueca, se ofrecieron a acompañarnos. Vino también con nosotros, Emilio Sanz, el «sequier major» y algunos de sus colaboradores. A mí me acompañaron, el asesor de Asuntos Generales, Enrique Pastor; el jefe de servicio de Parques, Jose Antonio Hernández, e Isaac Blasco, técnico del Parque Natural. 


Hicimos un recorrido por diferentes zonas de la parte más baja de la Albufera y, ciertamente hay algunas acequias en las que el agua está muy alta. 

 
Las razones pueden ser diversas más allá de la gestión realizada desde la Junta. Los recientes temporales de Levante tienen tienen mucho que ver con la dificultad de salida del agua. En todo caso, en los próximos días tocará revisar y seguir los niveles del lago e ir adecuándolos a las necesidades de los cultivos sin poner en peligro el estado medioambiental de la Albufera. El acuerdo de hace unos meses sobre la gestión por parte de la Junta de Desagüe a partir del mandato de la Fiscalía llegó después de muchos años sin ningún control externo a los usuarios y, por tanto, habrá que ir perfilándolo para convertirlo en el mejor acuerdo posible.

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