jueves, 20 de abril de 2017

NOS COMEMOS LOS PECES QUE SE HAN COMIDO EL PLÁSTICO DE LAS BOTELLAS QUE LANZAMOS AL MAR

En el año 2050 habrá en los mares y océanos del planeta más toneladas de plástico que toneladas de pescado. Es un dato tan espectacular como aterrador que no sale de organismo ecologista alguno ni de nada que se le parezca sino de los estudios de la Fundación Ellen MacArthur. Es más, la previsión se dio a conocer en el Foro de Davos que no es que sea, ni de lejos, una instancia sospechosa de radicalismo verde. 

 
La consecuencia, y no hace falta esperar hasta 2050, es que las miles de toneladas de plástico que contaminan nuestros mares han pasado ya a la cadena trófica, es decir, ya están en los peces que comemos. Yo acostumbro a decir que, por responsabilidad, tengo que hacer todo lo que pueda para evitar esta presencia masiva de plástico en los océanos, aunque sólo sea para saber que cuando, por ejemplo, le ponga un trozo de pescado a mi hija no le estoy dando a comer un trozo de plástico. 
 
No es una cuestión menor. Contra este gran problema Greenpeace ha lanzado una campaña internacional, para denunciar la contaminación de plástico en nuestros mares, y ayer la llevaron a Valencia, a la Plaza del Ayuntamiento, concretamente. Al mediodía estuve allí para apoyarles. Coincidí con diferentes diputados de Les Corts, concejales del Ayuntamiento de València y, también, con el propio alcalde de la capital Joan Ribó. 


El responsable de la campaña de Greenpeace es Julio Barea, un activista con muchos años de experiencia y con el que estuve un buen rato conversando de diferentes cuestiones relacionadas con la gestión de los residuos y el medio ambiente. 


Greenpeace apoya nuestro proyecto de volver a la venta de bebidas con depósito. También el alcalde Ribó, una vez más, expresó públicamente su respaldo a nuestra iniciativa. La campaña de ayer en la Plaza del Ayuntamiento pone de manifiesto la necesidad de avanzar en nuevas propuestas en la gestión de los envases para evitar así su abandono en el territorio, para que no terminen, como sucede actualmente, en ríos, barrancos y, lleguen al final, a nuestras playas y nuestros mares. Por ello, si la campaña de Greenpeace pone de manifiesto un problema, también apunta al SDDR como la solución. 
 
Antes de ir a la Plaza del Ayuntamiento, mantuve una reunión con el director general de Medio Natural, Antonio Marzo; su subdirector, Josep Nebot, y el Jefe de Servicio de Vida Silvestre, Juan Jiménez. El tema: la problemática de las aves que mueren electrocutadas en las torres de alta tensión. Son cientos todos los años. Los casos más preocupantes son los de las águilas perdiceras, de las que hay muy pocos ejemplares y, por tanto, este grave problema pone en peligro su conservación. En los últimos meses, junto con diferentes Universidades, hemos incrementado mucho los procesos de caracterización de estos incidentes para poder precisar mucho más la magnitud del problema, su localización y las características de las especies más afectadas. El seguimiento que se hace por parte del Seprona, de la Fiscalía y de los colectivos ecologistas es también fundamental. Trabajamos sobre todo con Iberdrola para llegar a acuerdos que permitan modificar el mayor número posible de sus torres para evitar así que las aves se electrocuten, pero los procesos de protección y mejora son lentos. Además, el Gobierno de Madrid no ayuda en absoluto, porque con sus últimas decisiones quita responsabilidades a las empresas eléctricas en la adopción de medidas protectoras. 


 
Por la tarde, tras el acto de Greenpeace, me reuní con Vicent García, el director de VAERSA, para tratar diferentes cuestiones generales sobre el funcionamiento de nuestra empresa instrumental y, posteriormente, aproveché el resto de la jornada para ponerme al día (o casi) en cuanto a lecturas, estudio de documentos y firmas atrasadas. Ya lo dije ayer: tenía mucha faena acumulada... suma y sigue.

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