miércoles, 30 de noviembre de 2016

LA MODERNA AGRICULTURA VALENCIANA DEBE SER SOSTENIBLE O NO SERÁ

La jornada de ayer fue como una prolongación de anteayer. Si el martes fue un día dedicado a la Jornada «Devolver el casco 2.0", ayer seguí contestando a una serie de entrevistas, preguntas y consultas de diferentes medios sobre la misma cuestión. Así empecé el día y así lo terminé.

La mayoría de las preguntas que me hacen es si vamos a negociar o no con los sectores empresariales opuestos a nuestro proyecto de Devolución y Retorno de Envases (SDDR). La respuesta es sí, sí y sí. Seguiremos negociando porque es nuestra manera de hacer las cosas: discutir, debatir, proponer, escuchar.

No habrá imposición. Por parte de nadie. Nosotros no vamos a imponer nada porque, de haber querido imponer algo, lo hubiéramos hecho hace siete meses y, lejos de eso, lo que hemos hecho es celebrar reuniones con más de un centenar de agentes de todo tipo y condición desde recicladores a consumidores, desde vecinos a ayuntamientos, desde ecologistas a especialistas universitarios, desde distribuidores al pequeño comercio, desde empresas de residuos a grandes superficies. Lo que tampoco vamos a aceptar son imposiciones por parte de nadie. De nadie.
A lo largo de estas reuniones, desde Conselleria hemos introducido muchas modificaciones a lo que era nuestra propuesta de salida. Para eso iniciamos el proceso de conversaciones. Muchas modificaciones y, algunas, de gran importancia. Destaco dos: el carácter voluntario del sistema para la hostelería (es decir, se podrán recoger envases cobrando dos céntimos por cada uno, o no recoger y ser un usuario más) y, en los supermercados, la posibilidad de no poner máquinas en la zona de cajas sino llevarlas al espacio de parking. Lo digo, sólo, como ejemplo de receptividad por nuestra parte. En cambio, desde los sectores opuestos a la puesta en marcha del sistema sólo hemos encontrado un no rotundo, ni un ápice de flexibilidad. Si, al final, todo se resume en sí o no al sistema, nosotros como Gobierno tenemos la responsabilidad de defender el interés general y así será. Una cosa es procurar integrar los diferentes intereses particulares y, otra muy distinta, plegarse a alguno de ellos.

Dicho esto, que es el resumen de lo que he explicado a los periodistas a lo largo de todo el día, permitidme hablar de un par de actividades más que no quiero dejar de contar.
A media mañana he estado en la presentación por parte de nuestra Conselleria, en concreto de la Secretaría Autonómica de Agricultura, del Anteproyecto de Ley de Estructuras Agrarias. Es una iniciativa que pretende modernizar nuestro campo y hacerlo rentable para los que se dedican a él; en definitiva, garantizar su futuro después de muchos años de abandono. Se quiere facilitar la innovación, hacer una Red de Tierras para aprovechar aquellas que han sido abandonadas se apuesta por la figura del Agente Dinamizador.
En el Anteproyecto se hace referencia destacada también al cambio limático, al impulso de la agricultura ecológica, a la necesidad de la protección medioambiental y al uso de las energías renovables. Sólo un par de datos que me han parecido significativos; en los últimos 20 años se han perdido 138.000 hectáreas de cultivos, somos la comunidad peninsular con las explotaciones más fraccionadas y sólo un 9% de nuestros agricultores pueden vivir de la tierra. En definitiva, mucho camino por recorrer.

Sí, a la salida del acto también he tenido que contestar a preguntas sobre el SDDR. Es lo que ya he explicado al principio.

Antes de comer he tenido un par de reuniones sobre cuestiones internas de organización, agenda y para ver cómo cuadramos en este mes de diciembre lleno de fiestas todas las peticiones de visitas y reuniones que tenemos. Después me he visto con Philippe Micheaux de la Asociación de Ciudades y Regiones por el Reciclaje y la Sostenibilidad (ACR+) con quien he hablado sobre la posible colaboración entre la entidad y la Generalitat.
La Asociación está desarrollando estrategias en economía circular para regiones y entes locales y, obviamente, es una cuestión que a nosotros nos parece de máximo interés. En ACR+ están incorporadas empresas, asociaciones, instituciones y gobiernos. Madrid, Barcelona, Navarra o la Diputación de Castellón son ejemplos que nos han puesto de participantes españoles en la Asociación.

Tienen su sede en Bruselas y un componente más técnico que político. No son uno de los clásicos grupos de presión comunitarios sino un ente de estudio, información, puesta en contacto y reflexión sobre economía circular, tanto en alimentación como en residuos, construcción o contratación pública.

Terminada la reunión, después de alguna consulta periodística más, he dedicado un par de horas a prepararme algunos de los temas que debía tratar hoy y, en especial, la reversión de la cesión de la Balsa del Toscar, en el trasvase Júcar-Vinalopó, ya que este mediodía estaré por la zona.

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