miércoles, 26 de octubre de 2016

CONTRA TODAS LAS GUERRAS, A LA VALL D'ALBAIDA O A ÁFRICA

Han tenido que pasar muchos años para que una iniciativa ejemplar en la gestión de los residuos inicie su andadura, me refiero al “Plan de Minimización de la Vall d'Albaida”. Se trata de la decisión de una comarca, de su gente y de buena parte de sus instituciones, encaminada a una gestión de los residuos en su propio ámbito. Huyendo de macro-instalaciones, de mastodónticas infraestructuras de recogida y tratamiento, pegados al terreno, con selección en origen y sin oscurantismos ni mafias.

Ayer, en los locales de la Mancomunidad de Municipios de la Vall d'Albaida, estuve presente en el acto de la firma de un Convenio de Colaboración entre esa entidad y el Consorcio de Residuos de la zona, el denominado Valencia-5, para impulsar el mencionado “Plan de Minimización”. Ayer fue tan sólo el disparo de salida. Todo el mundo ha puesto de su parte pero hubiera sido imposible sin la implicación directa de nuestra Conselleria. En tiempos del PP, el Gobierno de la Generalitat fue el mayor obstáculo para el Plan y, finalmente, lo hizo encallar. Ayer comenzaba un tiempo nuevo. Cuando todo esté en marcha, la Vall d'Albaida podrá asumir su propia política de residuos basada en una gestión particular con las instalaciones necesarias a su medida.

En el acto de la firma, que protagonizaron el presidente del Consorcio, Roger Cerdà, alcalde de Xàtiva, y el presidente de la Mancomunitat, Vicent Gomar, alcalde de la Pobla del Duc, también participó el presidente de la Diputación de Valencia y alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez. Nos acompañaron un buen número de alcaldes de la comarca y también muchos concejales. Con los de Compromís también me hice la foto. 

Con ellos está una de los máximos responsables de que el “Plan de Minimización” se haya mantenido en pie a pesar de las pegas y los obstáculos impuestos por el PP, hablo de mi compañero de VerdsEquo del País Valencià y concejal de Compromís por Ontinyent, Fran Quesada.

En Ontinyent me pasé buena parte de la mañana, pero antes ya había hecho otras dos cosas. La primera, una reunión con el presidente de la Diputación de Castellón, Javier Moliner, y un grupo de sus colaboradores para hablar de ciclismo. En concreto, estudiamos la posibilidad de que una etapa de la próxima “Vuelta a España” acabe en la cima del Desert de les Palmes en Benicàssim, en las antenas del Bartolo. La Diputación tiene la petición por parte de la organización de la carrera y se trata de averigüar si las características y las normas del Parque Natural permiten esa actividad. En principio, nuestra predisposición es buena y en quince días nuestros técnicos y los de la organización visitarán la zona para ver qué posibilidades hay y a qué condiciones deberá ajustarse la toda la logística.

La segunda cosa que me tocó hacer antes de irme hacia Ontinyent fue revisar los argumentos que explicaban que el proyecto de “Puerto Mediterráneo” no haya pasado la evaluación de impacto ambiental ya que un periódico defendía en su edición de ayer que no les habíamos dado tiempo a presentar determinados informes favorables. Tiene poco sentido. Se habla de un informe de la Confederación Hidrográfica del Júcar que no detecta peligro de inundabilidad en el desvío que proponen los promotores del barranco De'n Dolça. El pequeño detalle es que es precisamente la ubicación del desvío la que, al afectar a la franja de protección de la carretera, no se podía aceptar. Así que, si el barranco no puede ir por donde se proponía parece evidente que el informe de inundabilidad no tenía sentido alguno.

De vuelta de Ontinyent paramosen Guadassuar. Con el director general de Calidad Ambiental, Joan Piquer, y el asesor de la Secretaria, Enrique Pastor, visitamos la nueva planta de residuos de la localidad, que está pegada a la vieja, y que está en fase de pruebas. Es un buen ejemplo de hasta qué punto las plantas modernas no tienen nada que ver con las antiguas instalaciones. La nueva de Guadassuar tiene tecnología de última generación, garantiza muy buenos resultados y, además, está hecha para poder ser visitada, con grandes pasarelas acristaladas para entender mejor todo el proceso. El recorrido lo hicimos con el alcalde Salvador Montañana y quedamos en hacer una visita más tranquila cuando la planta esté en funcionamiento, que será en breve.

Ya por la tarde, hasta muy tarde, tuvimos una reunión del equipo que está trabajando en el proyecto de la nueva gestión de envases. Hicimos un balance de las últimas reuniones, de las últimas críticas que hemos recibido desde poderosos sectores económicos afirmando que hundiremos la economía, y planificamos los próximos pasos a dar.

A última hora del día me fui al Espai Rambleta de Valencia a escuchar al escritor Martín Caparrós hablar de su libro “El Hambre”. Se trata de una obra imprescindible para entender las injusticias del mundo contemporáneo, sus desigualdades y el poco interés de las clases dominantes por resolverlas o, como mínimo, reducirlas. El hambre severa que padecen centenares y centenares de millones de personas por todo el planeta es el mayor de los problemas que tenemos fácilmente solucionable. Caparrós deijo que era una cuestión más sencilla que, por ejemplo, el cambio climático. Yo creo que ambas cuestiones forman parte de ese nuevo modelo de sociedad que toca. Una política que piense en el Cambio Climático ha de optar a la fuerza por alejarse del crecimiento desbocado que depreda el tercer mundo, lo que sería una garantía de reducción de las desigualdades a escala planetaria y, por tanto, de reducción también del hambre que provocan los ricos y asesina a millones de pobres.

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