sábado, 12 de diciembre de 2015

Palabras y tiritas contra el cambio climático



La Tour Eiffel ha anunciado todos estos días una descarbonización que nuestros dirigentes mundiales no han sido capaces de acordar. (Foto: AP)


He estado en París siguiendo la COP21. Llegué con la esperanza de que, esta vez sí, se iba a conseguir un buen acuerdo para frenar el cambio climático. Los días en aquel macrocomplejo de Le Bourget fueron tan interesantes como frustantes. Cada jornada era el anuncio de un nuevo recorte, de un nuevo paso atrás presentado con gran boato diplomático como si de un logro se tratara. El remate final ha sido la decepción que ya casi todos esperábamos.

En nombre del realismo político sin duda tenemos que celebrar que los acuerdos de París son un avance, pero cuando los avances son claramente insuficientes, cuando ofrecen todas las posibilidades para su incumplimiento y cuando suenan a tomadura de pelo, la sensación es, otra vez, de ocasión desaprovechada.

En lo que puede ser el gran titular de la cumbre está el núcleo de la trampa: los 195 países han acordado no superar los 2 grados de aumento de temperatura de aquí a final de siglo con respecto a la era preindustrial. Felicidades. Objetivo conseguido. Es más, añaden que se ha de rebajar el límite hasta los 1'5 grados... Mejor todavía. Bríndemos.

Y a partir de aquí, en la letra pequeñita, como si de un contrato se tratara, llega el torrente de decepciones. Las voy a enumerar muy por encima, después de una lectura apresurada del acuerdo final y de los primeros análisis de los expertos.

Empieza llamando la atención  que se haya solemnizado el objetivo final pero se hayan olvidado de los compromisos que lo pueden hacer posible. Las medidads de reducción en las emisiones de CO2, la principal causa que no aboca al cambio climático, se han quedado en poco más que buenas palabras.
Por supuesto "la descarbonización" se ha caído de los textos. Ya se han encargado de ello China, India, Australia o Polonia. Todo ha quedado en "llegar al límite de emisiones lo más rápido posible" e irlas reduciendo "a partir de mediados de siglo".
Incluso el concepto de "neutralidad climática" se ha cambiado por una alambicada formulación que habla de equilibrio entre emisión de gases de efecto invernadero con la absorción que hacen bosques, cultivos y el propio suelo como sumideros; todo ayudado por los avances tecnológicos que se dan por descontados. En otras palabras: trampas al solitario.
Esta actitud es la misma de quien nos asegura que bajará su peso en 20 kilos, o en 30, ya puestos, pero se niega a hacer cualquier tipo de dieta y nos dice que seguirá atiborrándose de bollos pero que, eso sí, lo compensará haciendo deporte.

Los famosos 100.000 millones para ayudar a los países menos desarrollados en su transición energética son 20 veces menos de lo que se gasta el mundo anualmente en armas. India y China, además, han quedado exentos de tener que participar y hasta dentro de diez años no se revisarán las ayudas. En cuanto, al dinero para solventar las pérdidas y daños que el cambio climático ya está ocasionando en los países más pobres se habla de poner a su disposición seguros económicos pero, de nuevo, los más vulnerables no han podido arrancar ninguna compensación por parte de los más ricos que son los responsables de la situación actual.
Del articulado del texto también se ha perdido cualquier referencia al respeto de los derechos humanos, a la igualdad de género, a los niños o a los migrantes, que han quedado en el preámbulo.

Los líderes de la COP21 celebrando el acuerdo final. (Foto:AP)


Por otro lado, no habrá revisión  de los compromisos antes de 2020. Las peticiones para que empezaran en 2018 no han tenido éxito. Eso quiere decir que en 2020 los diferentes países podrán volver a presentar las previsiones que han presentado ahora y que, en el mejor de los casos, nos llevarían a los 2'7 grados de aumento de temperatura. Estamos, pues, ante, como mínimo 5 años perdidos.

En el capítulo de transparencia, es decir, en la posibilidad de controlar lo que realmente hace cada país para cumplir lo pactado, se permitirá que haya inspección externa por parte de la ONU pero siempre respetando la soberanía de cada estado y con los datos que cada cual aporte. No habrá inspecciones externas de ninguna manera, cosa que tampoco parece demasiado tranquilizador. En esto China también se ha salido con la suya. Igual que han conseguido que la aviación y la navegación, dos agentes altamente contaminantes, no se incluyan en el control de las emisiones.

En definitiva, mucho ruido y pocas nueces. Se empezó con la unánime preocupación de estar ante el mayor reto de la humanidad pero se ha avanzado muy poco. Habrá que seguir empujando desde la calle, aprovechar todas las pequeñas rendijas que se nos han abierto. Es evidente que tendremos que acercarnos un poco más al abismo para que nuestros dirigentes mundiales sean capaces de llegar a los compromisos que la ciudadanía reclama cada vez con más fuerza, a los compromisos que garanticen el futuro de nuestros hijos y nietos. El problema no es del planeta, el problema es de los que lo habitamos. Por desgracia, aquella frase que hizo fortuna en la COP15 de Dinamarca, "los políticos hablan y los líderes actúan", se mantiene vigente... y seguimos sin esos líderes.

1 comentario:

Bapho dijo...

La verdad, no tenía esperanza de que se llegara a nada. Ni siquiera tenía esa recóndita esperanza de que al final se llegará a algo aunque sea después de mucha lucha y en el último minuto y de gol injusto. Estaba claro que esos políticos no iban a decepcionarnos.

Habrá que seguir luchando en las calles, el único sitio que de verdad escucha y a través de la nueva política.
Estamos consiguiendo cosas avances muy complicadas hace unos pocos años (fin del bipartidismo, más conciencia ecológica), está es otra a la lista de cosas por las que seguir luchando ¿no?

Salu2!