lunes, 1 de junio de 2015

"El País" se disfraza de ABC

Produce risa ver como el ABC se erige en presciptor de las políticas del Partido Popular y les dice a los de Mariano Rajoy lo que han de hacer ante las generales.


A mí, esta portada tan poco periodística, tan falsa informativamente, no me llama la atención, en cambio, sí lo hace la editorial que ayer domingo dedicó "El País" a idéntica tarea, es decir, a dictarle al PSOE como tiene que gestionar sus pactos de cara a la formación de gobiernos autonómicos y municipales en toda España.



La portada del ABC y el editorial de "El País" demuestran, entre otras, dos cosas: la primera, que los poderes económicos que hay detrás de esos periódicos no se resignan a perder la capacidad de influencia de la que llevan gozando toda la vida; la segunda, que no se han enterado de que el bipartidismo que hemos vivido desde 1978 hasta hoy ha pasado a la historia.
No me voy a detener en el caso del ABC. Su deriva como altavoz sin disimulos del Partido Popular, su gobierno y sus políticas lo ha dejado más como un producto propagandístico que informativo, así que me evito insistir.
En cambio, me parece llamativo lo de "El País". Está claro que su carácter de periódico de referencia, y casi diría que de líder intelectual que desempeñó hace unos años, está muy superado por la obediencia a los intereses económicos de sus propietarios, pero, incluso reconociendo eso, su editorial de ayer muestra sus enormes dificultades para entender la España actual.
La obsesión de "El País" por apartar al PSOE de supuestos radicalismos resulta extraña ya que, por un lado, no se especifica que es lo que se entiende por radical y, por otro, se aconseja huir de los radicales al mismo tiempo que se reconoce la necesidad de pactar con ellos. La alternativa sería defender un pacto PP-PSOE pero hasta ahí el editorial no llega, aunque recuerda que ambos se sitúan cerca del 55% (en realidad, un 52%). Las constantes apelaciones contra la "radicalidad" de los nuevos y a favor de la "estabilidad" recuerdan las alarmas que han disparado últimamente dirigentes tan desmesurados como Esperanza Aguirre, Carlos Floriano o Rita Barberá; que "El País" coincida con esas voces resulta complicado de digerir si no es que, unos y otros, defienden a la misma clase dominante que ve peligrar su status.
En esa dirección de identificar PP y PSOE, "El País" personifica en los socialistas la posibilidad de un cambio "seguro y coherente", en palabras del líder socialista Pedro Sánchez... Qué casualidad, los mismos adjetivos que usó en campaña el PP para reclamar que no era necesario el cambio.
El editorial reconoce el giro a la izquierda que arrojan los resultados del día 24 pero, sin tener en cuenta que el PSOE ha perdido miles y miles de votos sobre los peores resultados de su historia que fueron las municipales de 2011, todavía defiende que el PSOE es "el centro del cambio político". Parecen no haberse enterado de que si hay mayoría de izquierdas es precisamente a pesar del PSOE, porque fuerzas emergentes, esas que "El País" apunta como "radicales", han compensado con creces el retroceso socialista.
Hay un pasaje que a mi me parece especialmente significativo de hasta que punto, "El País" ha perdido el pulso de la calle. Es cuando asegura en el editorial que el PSOE "tiene la oportunidad de recuperar gobiernos territoriales y locales... A cambio de votar a favor de algunas candidaturas ciudadanas municipales situadas en la órbita de Podemos y de otros partidos de la izquierda radical".
¿A cambio? ¿Qué quiere decir "a cambio"? Resulta difícil de comprender que, con la que está cayendo en la política española, se plantee la posibilidad de llegar a acuerdos en base a un cambalache de votos, "yo te doy, tú me das", como quien intercambia cromos, como quien solo se preocupa de garantizarse sillones sin entrar en cuales son las políticas a desarrollar.
En definitiva, que si los resultados del pasado día 24 ponen de manifiesto la necesidad de una renovación a fondo del PSOE (suponiendo que esté a tiempo), el editorial demuestra que "El País" también tiene sus cambios pendientes, casi más que los propios socialistas.
El remate del artículo es una buena prueba de como confunden deseos con realidad y hasta que punto les importa poco la coherencia entre el discurso del PSOE y su concreción en hechos. Es muy llamativo como, después de loar por enésima vez la figura de Pedro Sánchez y asegurar que "ha parado la sangría" y que su tarea empieza a "dar sus frutos", aplaude la celebración de primarias para la elección de candidato a la Moncloa pero, luego, casi las desaconseja no sea que pongan en peligro el sensato proyecto de Sánchez: "los candidatos que se presenten a competir con el actual secretario general debieran plantear alternativas constructivas que no frenen esa inercia positiva en la que se encuentra el PSOE". O sea, primarias sí... pero para ratificar lo que hay, que "El País" está encantado.