lunes, 23 de marzo de 2015

Cambio "vaticano" en Andalucía




Susana Díaz a punto de comparecer ante los periodistas después de conocer su victoria electoral de ayer (Foto:EFE)


Resulta que, después de más de treinta años de gobiernos del PSOE, los andaluces han votado cambio votando a los mismos socialistas que les llevan gobernando desde hace treinta años. No está mal. Son como el Papa Francisco que, después de 2000 años con la empresa funcionando a tope, se presenta como borrón y cuenta nueva.
El gran éxito de Susana Díaz ha sido que las elecciones andaluzas se han jugado en clave estrictamente española, con lo cual el desgaste de gobierno de su partido se lo ha pasado a Rajoy. En Andalucía, desde las primeras elecciones de 1982,  no han gobernado otros que no sean los socialistas pero, ahora, han hecho esta campaña en clave de oposición, y les ha funcionado.
Eso sí, el PSOE tiene lo que tenía antes de la convocatoria electoral: un gobierno en minoría. Ha perdido 120.000 votos, más de cuatro puntos y, sobre un censo de 6.500.000 de personas, han tenido exactamente 1.400.000 votos. Así que menos lobo.
Ciertamente la debacle del PP ha sido tan grande que maquilla el retroceso socialista pero tampoco hay que olvidar que la distribución de voto ha favorecido al PSOE. Si el retroceso de 500.000 del PP les ha supuesto perder 17 escaños, los 120.000 que han perdido los socialistas equivaldrían a 4 escaños menos, pero no, los han salvado todos. Seguramente si Díaz se hubiera quedado en 43 diputados, ahora su éxito sería un poco más relativo.
La identificación de Andalucía con el PSOE es otro de los mitos que se debe ir olvidando. Susana Díaz ha recogido, sobre censo, poco más del 20 por ciento de los votos.  De 6.500.000 de personas llamadas a las urnas, 5.100.000 no han votado a los socialistas. Me parece que de cara a entender la necesidad de pactos, estos datos son fundamentales.
Dicho todo lo anterior, que no he visto recogido en los distintos análisis que he escuchado hasta ahora, me parece que los resultados de ayer de Andalucía son un gran balón de oxígeno para el PSOE que, aunque sea con muchos matices, tiene argumentos para vender imagen de ganador. Y, puesto que los matices cotizan a la baja en el trazo grueso electoral, el botín no está mal. Con la distribución provincial de escaños que hincha la representación de la España interior, igual le sirve para aguantar un tiempo más el tirón de los nuevos partidos, pero pensar que puede gobernar todo el Estado un partido poco más que andaluz es ver visiones.
Lo que viene no tendrá nada que ver con lo que hemos conocido. Las mayorías absolutas no volverán, al menos durante una buena temporada, y es una buena noticia. Lo de Andalucía es simplemente un adelanto. Los parlamentos se harán más plurales, más diversos, más complicados para los aparatos partidistas pero, también, mucho más democráticos.
Por lo demás, me parece que Izquierda Unida ha pagado su imagen de debilidad frente al PSOE y discutir el aldabonazo de Podemos, suena muy tramposo. Podemos han venido para quedarse, y solo estamos al principio. Ciudadanos me parece otra cosa pero, pese a que nadie sepa ni quienes son sus líderes, ni conozca sus políticas, continuarán creciendo, continuarán alimentándose a costa del electorado que huye del PP. En realidad, de eso se trata, ¿no? Sin Ciudadanos muchos de esos votos podrían caer en las redes de Podemos, cosa que espanta al gran poder económico, vamos, al poder.
Sobre el trompazo del PP, lo más relevante me parece que sus políticas de austeridad se han llevado por delante el mito de la fidelidad de sus votantes. El espejismo del crecimiento no cuela, su imagen de grandes gestores se ha disuelto. Me temo que lo peor para ellos está por llegar. Ni un funambulista del nivel de Rajoy puede sobrevivir en la cuerda floja que habitan, y los zarandeos electorales que vienen los pueden hacer caer muy bajo. Les ha derrotado la economía. Es lo que tiene no hacer política. Su política son los negocios, y la gente percibe que los hacen siempre a favor de los grandes consejos de administración, contra la calle.

Lo preocupante de lo que ha sucedido en Andalucía es que el electorado no ha castigado para nada la corrupción. El escándalo de los EREs ha pasado como si tal cosa. Con lo cual, y esto vale para comunidades autónomas importantes como Madrid o el País Valenciano, si alguien pensaba que las derrotas del PP podían llegar vía Gürtel, Púnica o similares, que no se confíe, que busque otros argumentos.

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