lunes, 20 de octubre de 2014

El poder desquiciante de Podemos


Asamblea de Podemos en Madrid


Pablo Iglesias, durante la asamblea de "Podemos" del pasado fin de semana en Madrid. (Foto: Zpi)


Un servidor, entre el clan de los conspiranóicos y el rebaño de los ingenuos, me decanto mas por el segundo grupo. Ya sé que tiene menos encanto, es un poco más aburrido pero la experiencia me dice que, en la inmensa mayoría de los casos, es el más acertado. Y con mucha diferencia.
Ahora, los de la teoría de la conspiración apuntan a oscuros intereses de las clases dirigentes para explicar el éxito de crítica y público de Podemos y de su líder supremo, Pablo Iglesias. Dicen que es un plan de división de la izquierda, de hace encallar las ansias de cambio, de marearlas. Yo no estoy de acuerdo.

Podemos, Iglesias y todo lo demás está triunfando no por las ayudas ajenas sino porque ha conectado con un amplísimo estrato de la población española. ¿Dicen lo que la gente quiere oír? Pues sí, pero es que la gente tenía necesidad de que alguien les dijera que los ricos les están tomando el pelo, que ya está bien de esta película, que vamos a por ellos, que la corrupción es sistémica y no casos excepcionales y que las decisiones se pueden tomar discutiendo y votando entre todos.

Además, hay que tener muy poca vergüenza para, desde los partidos mayoritarios, usar como reproche eso del "dicen lo que la gente oír". Lo afirma el PP que aseguraba hace tres años la creación de tres millones de puestos de trabajo, y nada. Lo denuncia el PSOE que hablaba de recuperar derechos sociales y acabó reformando la Constitución contra la ciudadanía en 48 horas y por orden de Angela Merkel. Estarían mejor callados.

La masiva presencia en los medios de Pablo Iglesias y compañía no responde tampoco a oscuras intenciones de La Sexta o Cuatro. En absoluto. Los de Podemos salen en la tele porque lo hacen bien, porque dan juego, porque dan audiencia. Y dan audiencia por todo lo que he apuntado antes y porque se trabajan las puestas en escena como si fueran estrenos teatrales. Son gente muy profesional. No solo en los contenidos (que también) sino en las formas. La presencia en televisión no es garantía de éxito, en absoluto. El socialista Antonio Carmona, que sale tanto como Iglesias, será el próximo candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid. Su fracaso será la prueba de que no solo es cuestión de estar sino de como se está y de qué se dice.

Este fin de semana, Podemos ha estado de asamblea. Se han visualizado dos grande grupos con propuestas organizativas diferentes. La buena, para los críticos de Podemos, es la de Pablo Echenique que defiende, al menos sobre el papel, algo más de participación en las tareas ejecutivas del partido. La mala, como no, es la de Pablo Iglesias. Vaya por delante que, personalmente, Iglesias no me parece demasiado de fiar. No me lo acabo de creer. Esa actitud permanentemente de vuelta, chulesca, esas poses y esos gestos mesiánicos casan mal con el fondo de su discurso. Esa manera tan poco educada de hacer callar a la gente que le aplaudía resulta casi grotesca. Pero bueno, que se pueda criticar por personalista a Podemos desde el PP que elige a sus líderes a partir del dedazo del jefe anterior, o desde el PSOE que mantiene los mismos esquemas (y personas) de poder de hace 30 años y a quienes unas primarias entre lo mismo y lo igual le parecen revolucionarias, o desde Izquierda Unida que necesita que la renovación le llegue de fuera para dar algo de bola a Alberto Garzón me suena ridículo.
Asamblea de Podemos en Madrid

Aspecto del Palacio de Vistalegre de Madrid durante la asamblea ciudadana de Podemos del pasado fin de semana (Foto: Zip)


Claro que en la puesta en marcha de una organización de ámbito estatal que aspira a llegar al gobierno de España hay que apostar por fórmulas distintas al asamblearismo total y absoluto, claro que Podemos está adquiriendo hechuras parecidas a los partidos clásicos pero, de aquí, a ser como ellos dista un abismo. El problema no es tanto la organización formal como la manera de concretarla. Formalmente los partidos de siempre no son antidemocráticos, el problema está en como pasan de lo escrito a lo real. Si Podemos aplica las normas con verdadero espíritu abierto, democrático y participativo, el resultado será admirable. De momento, alguna ventaja llevan, por más que su discurso presente lagunas, algunas preocupantes. Pese a todo, a ver cuando los partidos viejos, los socialistas, los populares, reunen a sus gentes en la calle y les escuchan; a ver cuándo hace una asamblea como la del fin de semana en Vistalegre; a ver cuando se organizan según lo que voten sus afiliados; a ver cuando se muestran dispuestos a que la gente de a pie pueda votarles o no votarles y mandarlos a casa con un referéndum. Escuchar a diputados del PSOE o del PP calificando de viejos a los de Podemos es tanto como que Matusalem llamara mayor a alguien por el simple hecho de haber cumplido los dieciocho.

En cuanto a que no tienen propuestas sobre las principales cuestiones que afectan al país, también suena a broma. Ciertamente, la falta de concreción de Podemos genera desconfianza pero reconozcamos que todo va tan rápido que pedirles que en diez meses tengan, ya, respuesta para todo parece un poco de mala fe. Sobre todo si quienes piden las propuestas concretas son los mismos partidos que, siendo como son gobierno o supuestas alternativas de gobierno, llevan tres años sin ser capaces de ofrecer una sola idea sobre el proceso soberanista en Catalunya. Si ellos no tienen recetas sobre el incendio que tienen en su propia mesa de trabajo, como le piden a un grupo en construcción que ofrezca ya un programa cerrado sobre lo divino, lo humano, lo material y lo espiritual. Por favor, trampas las justas.

Más les valdría a los partidos de izquierdas dejar ya de analizar tanto a Podemos y centrarse en si mismos. Estoy harto de podemólogos. Sería mucho más útil que los partidos de siempre se esmeraran en ver las cosas hacen mal, en corregirlas y en ponerse en marcha según los principios de participación, horizontalidad y coherencia. La mejor manera de ganar los votos progresistas, indignados y desencantados a los que está llegando Podemos no es buscar argumentos contra los de Iglesias, sino disponer de un discurso propio, potente y ser capaz de hacérselo llegar al vecindario. Lo contrario, apuntarse a la cofradía de la santa conspiración, es hambre para hoy y muerte para mañana.

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