martes, 28 de octubre de 2014

Alí Babá, al rescate de la política española


Francisco Granados y Esperanza Aguirre, en los tiempos en que el ahora detenido
por corrupción era el número dos de la presidenta madrileña. (Foto: EFE)
España es un curioso país vertebrado por la corrupción. De Madrid a Barcelona, de Huelva a La Coruña, de las Canarias a las Baleares, de Murcia a Zaragoza, de Valencia a León; de los sindicatos a la patronal, de Izquierda Unida al PP, del PP al PP, del PSOE al PP, de Convergència a Unió; del fútbol a la Casa Real, de los bancos a las aseguradoras, de las cajas a los medios de comunicación, de la grandes constructoras a los ingenieros con renombre; del ministerio del Interior al ministerio de Hacienda, de los ayuntamientos a las diputaciones, del Parlamento al Consejo del Poder Judicial... La democracia española está para cambiar, y no hay mejor prueba que el partido que nos gobierna, un Partido Popular que usa la política para saltarse la ley y forrarse a base de comprar voluntades, y usa la ley para saltarse la política y no dejar votar a los catalanes. Delirante.

Así las cosas, al PP habría que pedirle que encerrara a sus 90.000 militantes más destacados en el estadio Santiago Bernabeu y, como aquellas sectas que hacen sacrificios en masa, dimitieran todos juntos, entregaran el dinero, todo el que han robado, y se disolvieran. No se trata de acabar con la derecha española, hay que levantar acta de defunción del partido, corrupto hasta los tuétanos, que hoy la representa.

Esta semana han sido casi cincuenta detenidos; con las tarjetas negras de CajaMadrid, son más de ochenta los que nos han atracado; los EREs andaluces pasan ya de sesenta implicados; la Gürtel, se acerca a los doscientos... No pienso seguir enumerando, todo está en mente de todos. Son alcaldes, concejales, consejeros, presidentes, funcionarios, la familia real, asesores, directores generales, secretarios, subsecretarios, ministros, empresarios, sindicalistas, presidentes de la patronal, presidentes de clubes de fútbol, etc, etc. Pero es que donde hay un alcalde imputado hay quince concejales y diez asesores que miraban para otro lado. No se puede limitar la corrupción a los que se pilla con las manos en la masa. La corrupción existe, y en España es absolutamente sistémica, porque por cada acusado hay veinte cómplices a su alrededor que lo hacen posible.

¿A qué viene a estas alturas que Esperanza Aguirre pida perdón? ¿Cómo puede ser que sea la última en enterarse? ¿Son todos tan estúpidos como Ana Mato, que le crecen coches de alta gama en el garaje y se cree que son frutas de temporada? ¿O nos toman por estúpidos a los demás? La deriva del PP es evidente cuando, tras la redada de la "operación Púnica" quien da la cara es Esteban González Pons, que se tiene que venir desde Bruselas para ofrecer explicaciones. Si los populares no tienen a nadie mejor que a González Pons podrían irse ahorrando sus escenas de falsa indignación y sus lágrimas de cocodrilo. González Pons es un especialista en corrupción, socio político de Rafael Blasco, Carlos Fabra o Francisco Camps y uno de los responsables de los negocios de Urdangarín en Valencia a costa del "Noos". Saber de lo que habla sabe, pero lo que se espera de él es que tire de la manta y no que corra el enésimo tupido velo.

Granados besa la mano de Esperanza Aguirre compartiendo
mesa con Mariano Rajoy (Foto: Begoña Rivas)
No puede ser que lleguen a las más altas magistraturas del Estado los más tontos de cada familia. Eso no se lo cree nadie. Por tanto, si no son tontos son corruptos de manual. Es imposible que se equivoquen tanto escogiendo amistades y colaboradores. Lo dicho, ¿de qué se sorprende Esperanza Aguirre? Si ella misma es hija del "tamayazo", un golpe de estado 2.0 con constructores financiando la operación; si fue ella quien puso a Francisco Granados, el ahora descubierto como capo de la mafia madrileña, de presidente de la comisión que investigo precisamente el "tamayazo".  O Aznar, ¿conocen ustedes a alguien que en la boda de su hija llene el convite de delincuentes, sospechosos, imputados y carne de presidio? No, ¿verdad? Solo los miembros del hampa llenan de hampones sus fiestas... Pues eso.

Podríamos llegar a considerar la posibilidad de que tanto chorizo fuera casualidad si, aunque solo fuera como un destello, observáramos un mínimo propósito de enmienda cuando explotan los casos de corrupción. Pero no, justo al revés. Nunca son ellos los que descubren los delitos en sus propias casas, siempre han de venir de fuera las denuncias y ellos, lejos de colaborar, tapan, y tapan, y tapan. No hay que ser muy listo (y más con lo que ya sabemos) para entender que cuando se esconden, y cuando desactivan todas las alarmas a su alcance es porque pretenden robar... y cuando resulta que han robado, intentar que creamos que nadie sabía nada resulta patético.

Lo mas doloroso es que, de momento, los únicos paganos de los grandes casos de corrupción conocidos últimamente en España son los dos jueces que los han investigado, Garzón y Silva; mientras que cuesta horrores condenar a políticos y los grandes empresarios no salen ni salpicados. Y si sufren algún arañazo judicial, siempre está el gobierno para indultarlos.

Llegados a este punto, y a la espera de poder darle la vuelta al sistema y empezar a legislar de verdad a favor de los vulnerables y no de los ricos, casi sería mejor que nos gobernara Alí Babá; por un lado sería mucho más divertido que tener a Rajoy de presidente,  y por otro, estaría limitado a cuarenta el número de ladrones. Lo mires por donde los mires, todo muchísimo mejor y más honrado que el reino del PP.

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