lunes, 4 de agosto de 2014

La Catalunya SA contra la Catalunya independiente.

Artur Mas y Jordi Pujol ovacionados durante un Consell Nacional de Convergència Democràtica de Catalunya. (Foto EFE)


Con Jordi Pujol recluido no se sabe dónde, Convergència ocupada en el “tierra, trágame”, Duran Lleida afilando patéticamente su filibusterismo y, resumiendo, media Catalunya navegando entre la pena y el asombro, es evidente que el “caso Pujol” no ha hecho más que empezar. Nos queda mucho por ver. No será demasiado edificante, habrá mucho ridículo y mucha miseria, pero, al final, lo creo firmemente, saldremos mejor de lo que hemos entrado. Y no solo los catalanes. Vamos a una nueva manera de hacer política, y el “caso Pujol” puede aportar su granito de arena.

Me explico. El panorama es desalentador. El gran padre de la moderna patria catalana, hombre fuerte de la Transición, “Español del Año” de ABC en 1984, el “Presidenrt Pujol”, es un delincuente rodeado de una familia de comisionistas aprovechados, que ha dirigido un partido infestado de corrupción en un país, Catalunya, tan sucio como la España de Gürtel, Noos, los EREs, Bárcenas, Filesa o el GAL, aquel episodio de terrorismo de Estado del que, por cierto, la Catalunya pujolista nada quiso saber.

La comparecencia de Jordi Pujol ante el Parlament a principios de septiembre, si finalmente se confirma, será interesante pero, en si, poco importante. Pujol, aunque no esté legalmente obligado a hacerlo, comparecerá. No hacerlo sería un nuevo desprecio del “patriarca” a su país y a su causa y, aunque después de la confesión su figura se ha desmoronado, lo esperable es un último gesto de dignidad, esa que, equivocadamente, se le dio por descontada. El intento de expiar su culpa con el reconocimiento del fallo y la petición de perdón que contenía su comunicado del viernes 25 de julio perdería todo su valor si, ahora, cuando el Parlament se lo pide, da la callada por respuesta.

He dicho que la sesión parlamentaria resultará interesante porque veremos un nuevo registro de Pujol, una variante inédita, como la de un veterano “actor” que lo ha sido todo y que, al final de su larguísima carrera, cuando ya todos le dan por muerto, debe hacer frente a un papel al que jamás se había enfrentado. La comparecencia de Pujol en septiembre será, de hecho, la primera vez en 50 años de trayectoria política que se ve en la tesitura de tener que explicarse sin poder culpar a terceros. Por primera vez, Jordi Pujol es el malo y habla, no para atacar, descalificar o dar lecciones, sino para justificar sus errores. Interesante novedad.

En cambio, no creo que la sesión sea importante ya que, en la medida que Pujol está en la simple estrategia de huir de la cárcel (él o los suyos), ocuparse del tema de la herencia paterna es tan inútil y ridículo como darle vueltas a un atajo. El meollo de la cuestión va mucho más allá de Pujol. Lo importante es Convergència i Unió, el gobierno convergente de tantos años; lo importante es como se ha hecho la política catalana (entramado empresarial y social incluidos) después del franquismo. La herencia del “avi Florenci” puede despacharse bajo la etiqueta de una cuestión privada de los Pujol pero, políticamente, lo que hay que aclarar es todo lo que viene a continuación. Se entiende que CiU solo atienda a la dichosa herencia pero lo que toca aclarar es todo lo que se ha colgado de ella y que, en resumen, se puede definir como el “caso 3%”; aquel que Maragall destapó pero que acabó camuflado bajo el supuesto interés superior de Catalunya. Entonces esa “alta causa” se llamó reforma del Estatut.

Así pues, las palabras de Pujol en septiembre han de ser el disparo de salida de una operación limpieza muy amplia. Y eso es lo que CiU pretende evitar. Los ahorros del “avi Florenci” no dan para el trasiego de millones que la justicia ha puesto al descubierto. Hay mucho más y en eso, una vez amortizado Pujol, hay que poner los focos. Han de volver a salir los nombres de Subirà, Trias Fragas, Millet, Prenafeta... y tantos otros; también las mordidas de Unió que Duran Lleida ha contemplado desde el puente de mando de su partido como si no fueran con él. Por supuesto que volverá a aparecer el dinero que el padre de Artur Mas tenía en el extranjero; igual que, de nuevo, Mas tendrá que dar razones de por qué fue un conseller de Economía y de Obras Públicas tan despistado o un íntimo de los hijos de Pujol tan poco atento.

La comparecencia de Pujol, ojalá, puede ser la muerte y  la autopsia de la vieja política catalana. El paso siguiente será una comisión de investigación. En estos momentos, solo el hecho de que la pida el Partido Popular, un partido podrido por la corrupción y dirigido en Catalunya por un personaje caricaturesco como Alicia Sánchez Camacho, puede demorar su puesta en marcha. Falta por ver como se combinará esta creciente tensión política en Catalunya con el “11 de Setembre” y con la convocatoria de referéndum para el 9 de noviembre. Eso también será digno de observar. En todo caso, pocas cosas me parecen más positivas para quienes entienden el proceso independentista de Catalunya como una posibilidad de regeneración política que conseguir que avance en paralelo con el esclarecimiento del “caso Pujol”. Eso sí haría distinta a Catalunya de España, y no la aburrida cantinela del “nos roban, nos roban”. Esquerra Republicana tendrá mucho que decir al respecto. ¿Estarán a la altura Junqueras y los suyos o se impondrán de nuevo los “intereses superiores” de la Catalunya SA? La sombra convergente es larga, sus raíces son profundas. Un nuevo paso atrás sería un pésimo negocio para la Catalunya independiente. Veremos. Y comentaremos.

1 comentario:

moniliformis dijo...

Me maravilla que la gente se sorprenda de lo que se ha sabido de los Pujol. Este es el comportamiento habitual en la derecha. Sólo hay que dejar que la justicia haga su trabajo.
Lo que me escandaliza es el tratamiento que hacen del caso los medios "de Madrid". Que están aprovechando para dibujar nubes negras sobre el proceso soberanista. Poca ética cuando las noticias sirven para adoctrinar.