viernes, 4 de julio de 2014

El PP, entre el neurólogo y el psiquiatra

Por poner sólo algunos ejemplos, el PP ha gobernado en distintos momentos, y entre otras capitales, Sevilla, Madrid o Valencia sin ser la lista más votada. En la foto, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, con la vara de alcaldía. (Foto: EFE)

Un momento. ¿Cuál es el problema que quiere solucionar Rajoy con su propuesta de que gobierne los ayuntamientos el candidato más votado? Cuál es el problema? Que yo sepa ninguna de las muchas cuestiones mejorables que tiene la gestión municipal se resuelve con el supuesto toque mágico de dar la alcaldía la lista con más votos. La gobernabilidad de los ayuntamientos, a veces mejor, a veces peor, es perfectamente posible con el sistema electoral vigente, proporcional y que se basa en el hecho que sean los concejales los que, por mayoría, elijan alcalde. Si la gobernabilidad municipal tiene agujeros negros, que los tiene, son a causa de la aplicación de políticas equivocadas, de la carencia de financiación por parte del Estado y, para resumir, de la corrupción que demasiadas veces hace acto de presencia. Ciertamente hay ejemplos (pocos aunque llamativos) de transfuguismo que desdibujan el gobierno de la voluntad popular pero, en esta cuestión, sólo con que el PP no ainviertiera en tránsfugas tendríamos el 90% del problema resuelto.

Así que, vuelvo a la pregunta inicial: ¿cuál es el problema que quiere resolver Rajoy con su salida de pata de banco de cambiar la ley electoral para hacer que gobierno los ayuntamientos la lista más votada? Contesto: el problema es estrictamente un problema de partido, un problema del propio Partido Popular que ve como se le ha pasado el tiempo de las mayorías absolutas y no tiene con quién pactar futuros gobiernos. Se han comido toda la derecha y están solos. Por lo tanto, la propuesta, planteada en genérico y sin concretar nada, no es otra cosa que una vacuna contra los gobiernos de coalición. Y cómo que gobiernos de coalición sólo los puede hacer la izquierda, siempre más plural, siempre más fragmentada, de lo que se trata es de prohibir de hecho gobiernos de izquierdas. El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, no ha tardado en pedir que la iniciativa se amplíe también al ámbito autonómico. Como aquel personaje de los Hermanos Marx, a Fabra sólo le alcanza para añadir “y dos huevos duros”.

Presentar la propuesta como un intento de regenerar la vida política es una burla. Y sacar a pasear la cuestión de la estabilidad es todavía más triste. Sólo un ejemplo, Alicante es un caso de gobiernos estables del PP, mayorías absolutas y más mayorías absolutas, en cambio, ¿dónde está la regeneración? La alcaldesa imputada por corrupción, el vicealcalde imputado por corrupción y el último exalcade imputado por corrupción. ¿Qué tendrá que ver la regeneración con facilitar mayorías de gobierno? Nada, no hay ningún intento de regeneración política, ni ninguna voluntad de favorecer la gobernabilidad. La propuesta Rajoy es el gesto desesperado y tramposo de un partido que, de democrático, tiene sólo su declaración programática. Ellos han soltado el “globo sonda” sin dar más detalles pero, sea como fuere, a ver como se explica que alguien, por ejemplo, con el 35 por ciento del voto pueda imponerse a tres partidos que suman el 65%. La gobernabilidad es un valor pero antes está la representatividad. Ahora ya tenemos un sistema proporcional corregido que beneficia a los grandes, el que no puede ser es convertirlo en la ley del embudo.

No disponer de una FAES preparándonos informes como tiene el PP, no quiere decir que el resto de mortales seamos estúpidos. Los populares se sacan este conejo de la chistera porque, ahora sí, ven peligrar su hegemonía y saben que, si pierden, no habrá manera de esconder su gestión corrupta y que, por lo tanto, los tribunales les esperan. Primero los tribunales y, después, la prisión.

El argumento de la estabilidad es una pésima excusa. El PP es una prueba perfecta de que disponer de mayoría absoluta no es sinónimo de estabilidad y, además, que la estabilidad, en sí misma, no es un valor. El País Valenciano es un paradigma del poco valor social que tiene la supuesta estabilidad. Más de 20 años seguidos de mayorías absolutas del Partido Popular no han traído más que escándalos, una gestión sin norte, líos judiciales y, sobre todo, pérdida de derechos, de servicios y de calidad democrática. ¿Esto es el que entiende Rajoy por estabilidad?

La democracia, aunque al PP le sueno marciano, es debatir, discutir y avanzar trabajando con quien no piensa como tú. Nada de sacralizar la estabilidad de lo que tenemos, hay que ser valiente para cambiar y mejorar; decidir nuevos derechos, nuevas maneras de hacer las cosas. Se trata de velar por los intereses de la mayoría, que siempre es plural, huyendo de las presiones de la minoría poderosa que quiere que nada cambie para poder continuar siendo la minoría poderosa. Esto no es estabilidad, es mafia, la vieja política.

Lo tienen mal. No creo que nadie les compre un material tan defectuoso. Sólo el PSOE, la otra pata del “sistema”, podría caer en la trampa. El problema es que, de trampa en trampa, los socialistas se están quedando sin seguidores y, por lo tanto, ya no les serán útiles. El bipartidismo no lo salvan ni con milagros de tercera cómo sería la puesta en práctica de la propuesta Rajoy.

Los datos que evidencian la trampa del PP son sencillos. Con los resultados de las Europeas de mayo, los populares, de todas las capitales de provincia españolas, sólo tendrían mayoría absoluta en Ceuta y Melilla. En cambio, con su propuesta, podrían hacerse con la alcaldía de hasta 40 capitales. ¡Qué espabilados que son!

En definitiva, los nervios ante la proximidad de la derrota están llevando al PP a olvidarse de disimular su falta de cultura democrática, y se les ve la patita. Sentido del ridículo no han tenido nunca.

No hay comentarios: