jueves, 5 de junio de 2014

La última corrida del rey Juan Carlos

El rey Juan Carlos, a su llegada ayer a la Plaza de Toros de las Ventas para contemplar una corrida (Imágenes: Libertad Digital)

Los españoles ya no son menos que los catalanes. El "sistema" también les niega su derecho a decidir. A los catalanes, el derecho a decidir sobre su autogobierno; a todos los españoles, el derecho a decidir sobre su forma de gobierno. ¿Cómo iba el "sistema" a permitir un referéndum en Catalunya? Si así hubiera sido, ahora se habrían quedado sin excusa para negar la consulta sobre monarquía o república. La democracia tiene estas cosas, cuando abres una puerta ya no hay forma de cerrarla, así que lo mejor es negar la democracia, aguantar, cargar todas las baterías de los grandes medios de comunicación a favor de la causa y, erre que erre, impedir que sea el pueblo quien decida. No hay duda de que es un comportamiento antidemocrático pero el "sistema" siempre se comporta así, hasta que revienta.

Se pretende hacer creer a la ciudadanía que el cambio de rey (un rey que no gobierna, que no legisla, que no decide nada) será un impulso imparable para España. No lo creo. El cambio de monarca es, en si mismo, un ejemplo de continuidad, un gesto de permanencia, por tanto, la mejor manera de que todo siga igual. Se está poniendo muy de moda llamar radical o, incluso, bolivariano a cualquiera que plantee cambios profundos en las decisiones políticas y en las formas de hacer las cosas. Cuando la descalificación es la respuesta es que no se dispone de razones. El poder siempre percibe cualquier posible novedad como una amenaza... claro, para ellos cualquier cambio real solo puede significar perder. Hace 40 años, Felipe González era una amenaza para los franquistas, hoy los jóvenes que piden el referéndum republicano son una amenaza para Felipe, por eso dice lo que dice.

Cuando los grandes medios, todos, también los supuestamente progresistas como "El País" o "La SER", echan el resto a favor de la monarquía es que el "sistema" se juega mucho. No les importa hacer el ridículo. Que el "ABC", la "COPE" o el mismo Partido Popular anden con el botafumeiro a todo trapo no es extraño pero alguien debería poner un poco de distancia y no despreciar la inteligencia de la gente. 

Un ejemplo sencillo: se llenan páginas y páginas glosando la preparación, la capacidad y las grandes facultades del príncipe Felipe. Eso sí, nadie aporta una sola prueba. Más allá de su prestancia física, sus posados familiares, su cuidada vestimenta, sus silencios, sus discurso tan estudiados como llenos de lugares comunes, su paso por la universidad sin que se sepa nada de su rendimiento y notas, más allá de todo esto (que no significa absolutamente nada), ¿qué sabemos de Felipe de Borbón? ¿Qué pruebas tenemos de su capacidad? Yo, lo único que conozco de él al margen del guión fue aquella vez que, en Navarra,  se le acercó una chica defendiendo la necesidad de convocar un referéndum sobre su Monarquía. El príncipe resolvió la conversación diciéndole que "ya has tenido tu minuto de gloria". Me parece un buen momento para recordar aquella charla que, por cierto, ni un solo medio la ha recuperado... y no será por falta de espacio.


Una República, ciertamente, no llegaría con poderes mágicos para resolver los muchos problemas que afectan a los españoles pero sería un "reset" importante, la visualización de que entramos en un tiempo nuevo, que lo viejo ya no sirve y que las cosas, desde la raíz, han de hacerse de otra manera. La República sería la nueva empresa en la que ilusionar a la gente a partir de la certeza de que no hay nada, absolutamente nada, por encima de la voluntad de las personas. El mismo espíritu de cambio que ha ilusionado a los catalanes con la posibilidad de tener estado propio podría unir a los españoles en una misión común: hacer, desde la radicalidad democrática,  el país que las ataduras franquistas no nos permitieron. Hacerlo de otra manera, sin la misma "casta" dominante, con otras prioridades, más justo, más igual, más libre, más sostenible.

La gente está muy harta de comprar material defectuoso a precio de oro, de personajes ejemplares de corbata y gomina que resultan ser ladrones, estafadores y delincuentes. Se ha levantado la veda. Después de tantos años haciéndonos creer que estaban a nuestro servicio, hemos visto que los ciudadanos éramos su coartada para forrarse... y ya empiezan a ir a la cárcel, ya son apestados a ojos de todos. El "sistema" se desmorona. Urge cambiarlo. El paso de la Monarquía a la República sería la concreción del cambio en marcha. Y, por cierto, ¿dirá algo el rey Juan Carlos sobre su fortuna personal antes de irse? El "New York Times" la cifra en casi 2.000 millones de euros. Llegó sin un duro y se va con 2.000 millones de euros. Tocaría dar alguna explicación de despedida, ¿no?

La Constitución ya no sirve de excusa para parar la que se les viene encima. Ya todos sabemos que es una trampa. No se trata solo del hecho de que nadie menor de 57 años la haya podido votar, la cuestión está en que se ha abusado de ella como cortafuegos.  Un texto que lo regula todo para no permitir nada. ¿Cómo la van a sentir suya los centenares de miles de jóvenes que ven en ella la piedra angular de un "sistema" que los margina, que los manda al paro, que los expulsa del país? ¿Cómo la va a respetar nadie que sepa que, después de tanto declararla intocable, la reformaron en un fin de semana veraniego, con dos llamadas telefónicas, para poner por escrito (artículo 135) que tenían más derecho a cobrar los bancos alemanes que los dependientes españoles? Desde ese día, es papel mojado. Aun así, lo que se reclama en la calle, en primera instancia, no es retocar la Constitución. Es más simple, y se puede hacer sin más trámites, se trata de consultar a la ciudadanía si quiere monarquía o república y, si sale república, entonces sí, reformamos a fondo la Constitución. Consulta, solo una consulta... De la reforma, hablaremos luego.

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