martes, 3 de junio de 2014

La sucesión monárquica, ahora o nunca.

El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, antes de iniciar la comparecencia sin preguntas en la que valoró la abdicación del rey Juan Carlos (Foto: Javier Lizón. EFE)

Que justo cuando hay un cambio de rey se nos diga que no es el momento de debatir sobre la monarquía como modelo de Estado y, por contra, se aceleren los trámites sucesorios como si se acabara el mundo es la muestra de que España vive institucionalmente a la deriva. No es que el poder no entienda lo que está pasando, lo entienden perfectamente y, precisamente por eso, intentan pararlo.

La historia reciente de España y el origen dictatorial de la monarquía parlamentaria de Juan Carlos I justifican abiertamente la discusión "republicana". Es más, y aunque eso ya tenga que ser la conclusión del debate que se nos hurta, lo que me parece que se impone es rematar el proceso con una consulta a toda la ciudadanía para saber si la mayoría está a favor de la monarquía o de la república como forma de Estado.

¿A qué vienen tantas prisas, tantos empujones? Mi respuesta es que tienen mucho más miedo del que aparentan. El "sistema" no ve claro el futuro y quiere tener las cosas lo más atadas posible. En este sentido, pretenden una Casa Real  fuerte y poderosa que pueda ser garantía de estabilidad (de conservación) de lo que hay, que, objetivamente, está en peligro. No son peligros menores. A la profunda crisis territorial centrada en la amplia voluntad de Catalunya de irse de España (luego vendrá el País Vasco) se le añade la constatación desde las recientes Europeas de que la crisis política que afecta a los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, los garantes de la alternancia sistémica, es más grande de lo previsto. Resulta indiscutible que vivimos una profunda crisis social que se le está yendo de las manos a las instituciones y que, pese a los almibarados discursos oficiales, en ninguno de sus aspectos tiene trazas de mejora.

Así las cosas, no hay tiempo que perder. La sucesión ha de hacerse ahora porque se necesita que Alfredo Pérez Rubalcaba, un hombre de Estado que igual da la cara por los GAL que por la reforma del artículo 135 de la Constitución, haga su último servicio. Ahora que se va es el momento de que, en nombre del PSOE, se queme en la hoguera de bendecir desde la izquierda el mantenimiento indiscutido de la monarquía borbónica. ¿Alguien dudaba de qué es la "casta"? ¿Alguien había pensado que igual no era verdad que el PP y el PSOE, a la hora de la verdad, son lo mismo? ¿Alguien no acababa de entender lo del bipartidismo? Pues ahí tienen todas las repuestas. En las palabras de Rubalcaba loando al Rey, sus servicios a España, sus merecimientos de gratitud están todas las pruebas del "PPSOE". Y claro, este "marrón" no se lo podía comer el próximo secretario general socialista a quien le tocará volver con el "racarraca" del diferenciarse del Partido Popular y enarbolar la bandera de la izquierda en el vano intento de seguir haciendo creer al votante que la alternativa a la derecha son ellos. Por eso, la escena de la sucesión la tenía que representar todavía Rubalcaba, para luego poder hacer ver que se pasa página.

El rey Juan Carlos, con los cuatro últimos presidentes del Gobierno. (Foto: EFE).

Además, los futuros resultados que se intuyen en el horizonte electoral de 2015 tampoco permiten pérdidas de tiempo. Si ya resulta de lo más antidemócratico que después de unas elecciones europeas en las que suben los partidos republicanos se haga un gran gesto de refuerzo de la monarquía, mucho más complicado sería hacerlo tras unas municipales y autonómicas, las de mayo del año que viene, en las cuales los grupos favorables a la superación del sistema siguieran creciendo. Y ya no digamos pasadas las generales previstas para finales de 2015 que pueden asentar un golpe todavía más doloroso y deslegitimador al bipartidismo de PSOE y PP.

Vamos, que era: "Felipe, coge el trono y corre". Ahora o, quizá, nunca.

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