miércoles, 25 de junio de 2014

Estamos aforando por encima de nuestras posibilidades


El rey Juan Carlos estrena un nuevo tipo de aforado, el de quien goza del privilegio no por su cargo sino "por ser quien es" (Foto:EFE).

Ajeno por completo al creciente malestar ciudadano que ya se manifiesta abiertamente en la calle, en las urnas y hasta en las mismas instituciones, el gobierno del Partido Popular acaba de anunciar oficialmente que sí, que el Rey Juan Carlos, cuando abandone el trono, tendrá un aforamiento especial y absoluto que le protegerá de cualquier tipo de denuncia tanto civil como penal. Hace apenas dos meses, no estando todavía planteada la abdicación del monarca, ya se aprobó incluir entre los españoles aforados a la Reina Sofía y a los príncipes. Estamos ante la perversión hasta la caricatura de fórmulas que, hace muchos años, nacieron para garantizar el ejercicio democrático de la política a salvo de presiones o amenazas exteriores y que han desembocado en un entramado de leyes de tintes mafiosos donde lo que se pretende es dificultar la tarea de la justicia si esta osa acercarse a los poderosos.

viernes, 20 de junio de 2014

La gran felación monárquica


La corona de Felipe VI (Foto EFE)


Impresionante, muy acertado, preparado, moderno, renovador, el que necesitábamos, adecuado, oportuno, generoso, responsable, voluntad de servicio, austero, discreto, valiente, elegante, sobrio... Podría llenar este artículo sólo con un 10% de los adjetivos y las expresiones de loa escuchadas ayer a los medios durante la proclamación de Felipe VI. Son palabras que equivalen a los gemidos de una gran felación, una inmensa felación monárquica, como si los ciudadanos fuéramos imbéciles o tuviésemos alma de súbditos. Quede claro que yo no tengo rey, no le reconozco a nadie el derecho a ser autoridad si no es escogido por el conjunto de los ciudadanos. Un rey no elegido siempre es ilegítimo.

jueves, 5 de junio de 2014

La última corrida del rey Juan Carlos

El rey Juan Carlos, a su llegada ayer a la Plaza de Toros de las Ventas para contemplar una corrida (Imágenes: Libertad Digital)

Los españoles ya no son menos que los catalanes. El "sistema" también les niega su derecho a decidir. A los catalanes, el derecho a decidir sobre su autogobierno; a todos los españoles, el derecho a decidir sobre su forma de gobierno. ¿Cómo iba el "sistema" a permitir un referéndum en Catalunya? Si así hubiera sido, ahora se habrían quedado sin excusa para negar la consulta sobre monarquía o república. La democracia tiene estas cosas, cuando abres una puerta ya no hay forma de cerrarla, así que lo mejor es negar la democracia, aguantar, cargar todas las baterías de los grandes medios de comunicación a favor de la causa y, erre que erre, impedir que sea el pueblo quien decida. No hay duda de que es un comportamiento antidemocrático pero el "sistema" siempre se comporta así, hasta que revienta.

martes, 3 de junio de 2014

La sucesión monárquica, ahora o nunca.

El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, antes de iniciar la comparecencia sin preguntas en la que valoró la abdicación del rey Juan Carlos (Foto: Javier Lizón. EFE)

Que justo cuando hay un cambio de rey se nos diga que no es el momento de debatir sobre la monarquía como modelo de Estado y, por contra, se aceleren los trámites sucesorios como si se acabara el mundo es la muestra de que España vive institucionalmente a la deriva. No es que el poder no entienda lo que está pasando, lo entienden perfectamente y, precisamente por eso, intentan pararlo.

La historia reciente de España y el origen dictatorial de la monarquía parlamentaria de Juan Carlos I justifican abiertamente la discusión "republicana". Es más, y aunque eso ya tenga que ser la conclusión del debate que se nos hurta, lo que me parece que se impone es rematar el proceso con una consulta a toda la ciudadanía para saber si la mayoría está a favor de la monarquía o de la república como forma de Estado.

¿A qué vienen tantas prisas, tantos empujones? Mi respuesta es que tienen mucho más miedo del que aparentan. El "sistema" no ve claro el futuro y quiere tener las cosas lo más atadas posible. En este sentido, pretenden una Casa Real  fuerte y poderosa que pueda ser garantía de estabilidad (de conservación) de lo que hay, que, objetivamente, está en peligro. No son peligros menores. A la profunda crisis territorial centrada en la amplia voluntad de Catalunya de irse de España (luego vendrá el País Vasco) se le añade la constatación desde las recientes Europeas de que la crisis política que afecta a los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, los garantes de la alternancia sistémica, es más grande de lo previsto. Resulta indiscutible que vivimos una profunda crisis social que se le está yendo de las manos a las instituciones y que, pese a los almibarados discursos oficiales, en ninguno de sus aspectos tiene trazas de mejora.

Así las cosas, no hay tiempo que perder. La sucesión ha de hacerse ahora porque se necesita que Alfredo Pérez Rubalcaba, un hombre de Estado que igual da la cara por los GAL que por la reforma del artículo 135 de la Constitución, haga su último servicio. Ahora que se va es el momento de que, en nombre del PSOE, se queme en la hoguera de bendecir desde la izquierda el mantenimiento indiscutido de la monarquía borbónica. ¿Alguien dudaba de qué es la "casta"? ¿Alguien había pensado que igual no era verdad que el PP y el PSOE, a la hora de la verdad, son lo mismo? ¿Alguien no acababa de entender lo del bipartidismo? Pues ahí tienen todas las repuestas. En las palabras de Rubalcaba loando al Rey, sus servicios a España, sus merecimientos de gratitud están todas las pruebas del "PPSOE". Y claro, este "marrón" no se lo podía comer el próximo secretario general socialista a quien le tocará volver con el "racarraca" del diferenciarse del Partido Popular y enarbolar la bandera de la izquierda en el vano intento de seguir haciendo creer al votante que la alternativa a la derecha son ellos. Por eso, la escena de la sucesión la tenía que representar todavía Rubalcaba, para luego poder hacer ver que se pasa página.

El rey Juan Carlos, con los cuatro últimos presidentes del Gobierno. (Foto: EFE).

Además, los futuros resultados que se intuyen en el horizonte electoral de 2015 tampoco permiten pérdidas de tiempo. Si ya resulta de lo más antidemócratico que después de unas elecciones europeas en las que suben los partidos republicanos se haga un gran gesto de refuerzo de la monarquía, mucho más complicado sería hacerlo tras unas municipales y autonómicas, las de mayo del año que viene, en las cuales los grupos favorables a la superación del sistema siguieran creciendo. Y ya no digamos pasadas las generales previstas para finales de 2015 que pueden asentar un golpe todavía más doloroso y deslegitimador al bipartidismo de PSOE y PP.

Vamos, que era: "Felipe, coge el trono y corre". Ahora o, quizá, nunca.

lunes, 2 de junio de 2014

El "cambiazo" monárquico que no cuela

El Rey, entregando al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, su abdicación. Foto: EFE

No te puedes fiar de las elecciones, las carga el diablo. Miren si no lo que pasó en abril de 1931, unas "pobres" elecciones municipales acabaron con el rey Alfonso XIII y trajeron la II República. Ahora, ochenta y tres años más tarde, unas "simples" elecciones europeas con apenas el 50% de participación, se han llevado por delante al rey Juan Carlos I, el nieto del que cayó en 1931.

Resumiendo mucho me parece que la decisión de hoy del Rey tiene bastante que ver con lo que le pasó a su abuelo. Para que no venga la III República, me aparto y que entre mi hijo. Tras unas elecciones europeas en las que han ganado posiciones los partidos republicanos, se fuerza el cambio de rey para alejarnos de la posibilidad de una República; será muy hábil pero no parece demasiado democrático.


Yo quiero empezar por decir que no tengo la sensación de deberle nada al rey Juan Carlos. Justo al revés, él está en deuda conmigo. No solo porque le he pagado todos sus desvaríos, desde el caso Noos hasta sus aventuras africanas a la caza de elefantes y de princesas centroeuropeas, sino porque no me ha explicado nunca de dónde ha sacado su fortuna, ni por qué es tan amigo de los más abyectos sátrapas mundiales.

Sí, la abdicación del rey Juan Carlos es una estrategia política para apuntalar un sistema en entredicho y me parece un momento de lo más oportuno para plantearnos la posibilidad de convertir España en una República. No es oportunismo, es oportunidad. Nuestra monarquía es la herencia de un dictador, Francisco Franco. Antes del golpe de estado de 1936 teníamos una República. Lo había votado la gente. Esa era nuestra última referencia democrática. Bien está que se haya usado la votación de la Constitución de 1978 como argumento del apoyo popular al Rey pero es que de eso han pasado 36 años y nadie nacido después de 1958 pudo votar esa Constitución. Ahora es un buen momento.

Y lo es, además, porque la Monarquía Borbónica es el mayor exponente de un sistema político que no funciona, que está en crisis y que precisa de una revisión a fondo. Juan Carlos I es el primer representante de la casta social que domina este país contra sus propios ciudadanos, que pone los intereses financieros por delante de los intereses de las personas. Una casta que componen nuestros gobernantes, las cúpulas de los grandes partidos, los políticos profesionales que encadenan cargos desde hace 30 años y también, y sobre todo, porque son los que de verdad mandan, los grandes banqueros y los grandes hombres de negocios, periodistas, jueces, cardenales y generales incluidos.

Se impone una reforma constitucional en profundidad pero antes, como catalizador del cambio necesario, es preciso aprovechar este momento para convocar un referéndum sobre la monarquía. Ha de hacerse. No es una cuestión legal, no es que la Constitución diga eso o lo otro sobre la sucesión de la Corona. Es un tema político de mucho calado. Un tema fundamental. Una ocasión que no se puede dejar pasar. Acepto, incluso, la brutal desigualdad con la que los grandes medios de comunicación tratan la cuestión. Es igual, convóquese referéndum. El vergonzoso mamoneo sobre la la figura del Rey, el peloteo al Principe, la posición miserablemente genuflexa de periodistas de todos los medios y la eterna campaña de imagen sobre la institución monárquica no hace más que poner en evidencia que si esto es democracia, yo soy astronauta. Con la cantidad de páginas y horas de radio y televisión dedicadas a glosar la imagen de la Familia Real, el cura de mi pueblo haría años que sería el Papa de Roma.

Para quienes duden del bipartidismo PP/PSOE como garantes de esta falsa democracia en la que cuatro deciden por todos y en la que los intereses de los poderosos valen más que las necesidades del común de la gente, estén atentos a la pantalla. Escuchen a Rajoy, escuchen a Rubalcaba, y díganme dónde están las diferencias. Me muero por oír a Eduardo Madina decir lo que piensa el PSOE 3.0 sobre la abdicación del Rey... y si no dice nada es que piensa lo mismo que Rubalcaba. Pues eso: el PPSOE.
El cambio de Juan Carlos por Felipe no va a adormecer a los catalanes, seguirán queriéndose ir. Ni tampoco va a tranquilizar a los que quieren un verdadero cambio de sistema social y político en España. Ya nadie se conforma con migajas. Hacer ver que cambia todo para que nada cambie es muy viejo. Eso no es cambio, eso es "el cambiazo", ese folio trampa que los malos estudiantes hacen en casa para luego colárselo al profesor como si se supieran la lección... Que no, que no cuela.