martes, 6 de mayo de 2014

Rajoy, el derecho a decidir de los catalanes... y dos huevos duros.

Esta portada de "El Mundo", de enero de 2010, recoge una entrevista al actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando estaba en la oposición y acababa de visitar una oficina de empleo para conocer la realidad de la gente sin trabajo.

Con sus "bueno, vamos a ver..." y sus carraspeos dubitativos, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acaba de destacar en su entrevista en la Cadena SER que todo va mejor pero que no hay forma de que esa mejora se concrete en beneficios para los ciudadanos.  El discurso de fondo es que, para la gente normal, la crisis no es coyuntural sino estructural: tenemos que acostumbrarnos a vivir mal y, dentro de ese mal, vamos a ir mejorando. A quienes ven sombras les llama aguafiestas pero él ni sabe de donde van a salir los puestos de trabajo que necesitamos, ni reconoce que, con la perdida de derechos aplicada, ya ni trabajar garantiza "poder llegar a final de mes".
El PP llegó al poder acusando al PSOE de haber negado la crisis, de su visión cosmética sobre la realidad, de verlo todo de color de rosa, de destacar "brotes verdes" allá donde solo había drama, ahora Rajoy hace lo mismo, con un tono todavía más triunfalista. Su discurso es que todo es relativo, la EPA es "solo una encuesta" y frente a un dato negativo siempre encuentra otro de positivo para compensar.
Tan relativo es todo que ni se acuerda de cuando habló con Aznar por última vez, ni ha encontrado a nadie en su partido que le pueda explica "algo" de lo que pasó con la gestión del dinero negro que les llegó para pagar tantos sobresueldos y hasta la reforma de su sede. Siendo como es el líder de un partido en el que tiene manos libres para designar todo tipo de candidatos sin consultar a nadie, resulta curiosa que no tenga forma de saber de dónde sale el dinero con le que trabajan y han trabajado.
De Catalunya dice que es un problema de "gran envergadura" y que todo es cuestión de hablar, igual que sobre la reforma de la Constitución, pero luego se niega a concretar qué está dispuesto a negociar o cuál es su punto de partida para empezar a discutir. Contrasta tanto misterio con un reconocimiento que ha hecho cuando se ha  referido a la reforma del artículo 135 de La Constitución que se hizo en 2011. "Me llamó Zapatero por teléfono y le dije que sí". O sea, que para poner en la Carta Magna que han de cobrar antes los bancos que las personas (por ejemplo, Bankia antes que los dependientes), eso sí, con una llamada de teléfono vale, pero para ajustarla a las demandas de los ciudadanos, eso ya se verá, según, depende, quizá, tal vez, más adelante...


Mariano Rajoy, paseando por Nueva York en septiembre del 2013. (Foto:EFE)


El proceso por "el derecho a decidir" que se está viviendo en Catalunya es, en miniatura y con otro título, muy similar al proceso de cuestionamiento del actual orden social, político y económico que se está dando en los países desarrollados. La misma independencia que hoy quieren muchos catalanes para su país es la que querrían disfrutar millones de ciudadanos, catalanes y no catalanes, que ven su vida hipoteca no por unas fronteras indeseadas sino por una pobreza y falta de futuro que les devora. Los parados, los sin futuro, los desesperados no son ciudadanos independientes, no son ciudadanos libres, en realidad, no son ciudadanos sino rehenes.
Para nada es casual que, pese a tratarse de cuestiones muy diferentes, los muros de contención sean los mismos ante un posible referéndum en Catalunya que ante la posibilidad de legislar para poner la economía al servicio del interés general: los grandes partidos gobernantes que no quieren que nada se mueva, que pretenden que todo se quede como está; en España, el PP y el PSOE, por eso concretan determinadas reformas constitucionales contra la gente con una simple llamada telefónica.
Si los gobernantes, básicamente la derecha liberal o la izquierda socialdemócrata, defendieran los derechos de la ciudadanía, no estaríamos ahondando la brecha de la desigualdad entre ricos y pobres como lo estamos haciendo en la actualidad. Los gobiernos occidentales, lejos de servir a sus votantes, sirven a sus financiadores partidistas, a sus compañeros de fiestas, a sus vecinos de jet... a quien realmente manda, es decir,  al poder económico.
Y aquí es donde la demanda del "derecho a decidir" de los catalanes resulta un pésimo ejemplo. Lo que está pasando en Catalunya es que hay una inmensa parte de la ciudadanía, yo diría que claramente mayoritaria, que  no está de acuerdo con el modelo de autogobierno que tienen y quieren poder optar por otro.
Ese es justamente el problema, que la ciudadanía pueda decir claramente con que no está de acuerdo y reclame una rectificación concreta. No es el duro nacionalismo español el que se enfrenta al nacionalismo catalán; eso, en realidad, es solo la fachada. En el fondo, lo que late es el pulso de la democracia contra el sucedáneo de democracia que tenemos.  La clave está en que si a los catalanes se les permite decidir sobre una cuestión territorial, a ver quien le niega luego a los españoles decidir sobre la concreción de la política económica. No, nada de derecho a decidir. El "mantra" es que ya nos autodeterminamos cada cuatro años cuando votamos tal o cual parlamento, tal o cual ayuntamiento. El sistema quiere votaciones amplias, muy generales, donde nada se concrete, donde se formulen grandes discursos en los que todo se mezcla y que, después, nadie es capaz de controlar.
A mí, el "derecho a decidir" de los catalanes me parece indiscutible pero su reclamación querría verla acompañada de otros referéndums que seguro que también tienen un amplio consenso social. Pongamos por caso consultar sobre la garantía de una renta básica de ciudadanía, sobre el cumplimiento de la ley de la dependencia, sobre los paraísos fiscales, sobre el reparto impositivo, sobre el derecho a la vivienda o sobre las ayudas a los bancos. Esa es la cruzada general y mucho me temo que, por ejemplo, Convergència no estará por la labor.

PD: La distinta actitud de Rajoy en las dos fotos que acompañan el texto me parece un ejemplo muy aclaratorio de cómo funciona la política en España: cuando se está en la oposición y no se tienen responsabilidades directas se "baja al pozo" de la realidad (en este caso, se visita una oficina del INEM) y cuando se gobierna se pasea por Nueva York  con formas y comitiva de alto cortesano.

3 comentarios:

Pedro dijo...

Buenos días Julià,

En mi opinión estamos cayendo en una mezcla peligrosísima de conceptos de forma interesada por unos, inocente por otros y equivocada por otros más. El "derecho a decidir" se ha convertido en un mantra que todo lo acepta, todo lo acapara y vale para todo, tanto para pedir cualquier cosa bajo procedimientos democratistas como lo contrario, para ocultar detrás del democratismo lo que es claramente una conceptualización nacionalista y/o economicista.

Lo primero que habría que centrar en este debate son los límites del democratismo, o mejor, dónde situar el límite entre el democratismo y la democracia radical.
Una vez decidido por parte de todos que la democracia formal (votar una vez cada cuatro años) es claramente insuficiente, debemos saber decir claramente por qué lo es, en qué debe entrar el ciudadano a decidir por democracia directa y también dónde está el límite de esto.

Hay que fijar un límite teórico, evidente: El 51% no puede ejercer una dictadura sobre el 49%. Eso es muy importante tenerlo claro porque está en la esencia de la democracia misma: La protección de las minorías, los derechos inalienables, etc. Esto es esencial, fundamental y no podemos saltárnoslo de ninguna de las maneras por muy decepcionante que sea la realidad actual. No hacerlo es el inicio de un populismo incontrolable.
Creo que todos aceptamos que una mayoría coyuntural del 51% no debe poder, por ejemplo, acabar con la libertad religiosa, o la libertad de expresión, o la libertad de prensa. Ni consideramos moralmente que deban poder limitar los derechos de los homosexuales, ni la igualdad de la mujer, etc.

Hablando claro, democracia radical implica tanto abrir una serie de campos a la democracia directa y continua (impuestos, elección primaria de representantes y cargos públicos, partes de presupuestos, etc) como la limitación de otras muchas (garantizar que las libertades y derechos ciudadanos no puedan ser puestas en duda).
Yo veo que ninguno de estos límites está claro, y no lo está porque estamos extrapolando desde un punto de vista erróneo, el derecho "a decidir" catalán.

Luego hay otro asunto, que es cierto infantilismo o inocencia a la hora de tratar ciertos temas. Creo que necesitamos un poco de realismo en todo esto y saber que el mecanismo cristalino, perfecto y escrupuloso no existe, y que al final todos priorizamos la moral social que tenemos a la hora de hacer política.
Por ejemplo, Abraham Linconl reinterpretó las leyes americanas a conveniencia para acabar con la esclavitud y acabar con una guerra de secesión que el consideraba que debía ganar en nombre de valores supremos como la igualdad de los hombres y de la democracia. No fue ni escrupuloso ni perfecto en su actitud, pues de haberlo sido la esclavitud hubiese perdurado, pero estaba guiado por un gran valor moral.

Cuando no se reconoce el derecho a decidir de Cataluña se puede hacer desde muchos puntos de vista. Puede ser por nacionalismo español puede ser por interés, pero también puede ser por un valor supremo que se crea que solo puede ser defendido desde la unidad.
Yo estoy en ese tercer grupo. Para mi abrir la sandía de unas secesiones cuyos orígenes son el nacionalismo por un lado y cierto tipo de interés económico por otro me parece la violación clara de los valores que yo defiendo, que son la igualdad tanto económica como de derechos.
Y por eso creo es un gravísimo error mezclar el asunto de la autodeterminación catalana con cualquier atisbo de democracia radical o de derechos democráticos. Por mucho que algunos de sus defensores en CAT (véase ICV) crean que ese proceso es un catalizador de cambios progresistas no lo es, lo más probable es que de llevarse a cabo catalice cambios reaccionarios y neoliberales.

Saludos,

Anónimo dijo...

Comparar les fronteres amb la llibertat d'expressió és, simplement, una trampa. Són dos coses tant diferents que resulta impropi d'una anal.lisi seriós com el que has fet caure en eixe sensesentit.

Julià Álvaro dijo...

Molt interessant reflexió Pedro, moltíssimes gràcies.