lunes, 7 de abril de 2014

Ada Colau y el circo romano de "La Sexta"


Alfonso Rojo, en el centro sin gafas, a punto de entrar en el Palau de la Generalitat para comer con Francisco Camps, después de participar en un debate de Canal 9 (Foto: J. Aleixandre/ M. Molines)

Los debates de "La Sexta" son a periodismo lo que los Mcdonalds son a gastronomía (y los del resto de canales televisivos todavía son peores).
Acabo de ver la escena de Alfonso Rojo con Ada Colau. Me avergüenza ser periodista y compartir etiqueta con el tal Rojo, aquel a quien en su día Francisco Camps ya colocó en Canal 9 e invitaba a comer en el palacio de la Generalitat, a cambio de que negara su implicación en Gürtel. Lo de Alfonso Rojo no es peor que lo de Francisco Marhuenda, Eduardo Inda o la mayoría de los tertulianos de este tipo de programas.
Lo que hacen en estos espacios nada tiene que ver con el periodismo. Es un puro divertimento, un espectáculo tipo circo romano, en el cual un grupo de periodistas sin escrúpulos, de derechas por ideología o por simple interés económico, se ponen en ridículo a cambio de un buen sueldo.
Marhuenda, Inda o Rojo no tienen nada que ver con el periodismo. Su actitud caricaturesca es la del polemista profesional dispuesto a decir lo que sea para provocar o hacer reír. Para calcular su estatura profesional basta con mirar por encima sus productos informativos vendidos al mejor postor.
"La Razón", el periódico que dirigue Marhuenda, no pasa de ser una publicación humorística disfrazada de diario más o menos convencional. Con humor hay que aproximarse a sus descalificaciones, a sus exabruptos y, sobre todo,  sus genuflexos análisis de todo lo que suena a PP. "La Razón" es simple carnaza para lo más extremo de la derecha extrema española.
Sobre Inda, ver como "El Mundo" ha pasado de azote del "caso Gürtel" a olvidarse de la cuestión sin cambiar de semblante, aclara su carácter mercenario.
En cuanto a Rojo, más allá del sectarismo de su "Periodistadigital", se trata de un profesional del teatro que ha hecho de los insultos y los excesos verbales su patrimonio. Lo contratan de animador. Con ese bagaje va de televisión en televisión para ir dando su dosis a las masas espectadoras que igual consumen las cuestiones de bragueta de Belen Esteban que las reflexiones de Rojo.

En definitiva, se trata de freaks del mismo estilo que los tertulianos de "Sálvame", de la vieja "Tómbola" de Canal 9 o de cualquier otro espacio de telebasura amarillista. La diferencia es que los señores que nos ocupan en lugar de hablar del semen de sabores de Amador Mohedano hablan de recuperación económica o de los fundamentos democráticos de Rajoy que, para el caso, son irrealidades parecidas.

O sea, que no nos los tenemos que tomar en serio, ni un segundo, ni un milímetro, nada. Son bufones. No son periodistas. No tienen ni gracia, ni vergüenza. Cualquier ciudadano sensato debería hacer como si no se tratara de personajes reales, como si su presencia fuera consecuencia de una mala obra de teatro a la que se asiste.

Lo grave está en quienes les pagan y quienes tienen delante.

En el caso de Rojo, le paga "La Sexta", la misma de los "grandes y prestigiosos" programas de Jordi Évole o Ana Pastor. Le paga José Manuel Lara Bosch, le paga "Planeta". El negocio es el negocio. Lara igual encarga y pacta el "Premio Planeta" que mantiene "La Razón" para que contamine la democracia española. La "pela" es la "pela". ¿No hay posibles tertulianos conservadores que sean intelectualmente más honrados de Marhuenda, Inda, Rojo y compañía? ¿Tienen que aparecer siempre los mismos en todas las tertulias? Claro que los hay, lo que sucede es que lo que se pretende no son tertulias políticas sino payasadas con gritos, insultos, descalificaciones y sal gruesa para alimento de las bajas pasiones, y todo como si de algo serio se tratara. Son falsos debates para salvar las conciencias de quienes se avergüenzan de ver a Mercedes Milá en los debates de "Gran Hermano" pero, en el fondo, lo que les va es el canibalismo.

Y ahora, los buenos. ¿A qué va Ada Colau a un debate con Alfonso Rojo? ¿A qué van Nativel Preciado y todos los demás? ¿Tan mal está el periodismo que si no van a estos debates no pueden comer? Bueno, pues que lo digan. Lo contrario es ponerse a la misma altura que Marhuenda y los demás.  Cualquier persona intelectualmente honrada o simplemente honrada debería negarse a participar en estos programas.

Decía Ada Colau en un twit a las pocas horas del suceso:

"hacia 1año q no me invitaban a @SextaNocheTV Pero si es para llamarme demagoga, gorda y etarra, creo q prefiero no volver ".

Pues eso, no ir. Nunca. Esos debates no sirven para denunciar el drama de las víctimas de los desahucios o los excesos criminales de los bancos sino para poner en el mismo plano esas denuncias con los falsos argumentos en contrario o para generar el escándalo suficiente para desviar la atención.

Estos debates son como aquellos combates de "catch" en los que unos hinchados y sobreactuados luchadores se golpean, se insultan, se tiran del pelo y se dan patadas ante el regocijo de los espectadores que rodean el ring. Por eso, Rojo fue expulsado pero volvió a los seis minutos. La diferencia es que en esas peleas, todos, todos los participantes, árbitros incluidos, reconocen la farsa. Aquí, en cambio, algunos van de puros y honestos sin darse cuenta (o haciendo como que no se dan cuenta) de que su papel es de comparsa, de cómplices necesarios para hacer contrabando de mercancía televisiva fraudulenta. Ya tardan en abandonar o, si no lo hacen y mantienen su pureza, ya tardan en reconocer su papel de encubridores.

martes, 1 de abril de 2014

La desgracia de la socialdemocracia


"Después de perder 155 ciudades, la izquierda pierde Matignon (la presidencia del Gobierno)", así se interpreta desde la izquierda francesa la decisión de Hollande (izq.) de nombrar primer ministro a Manuel Valls (c.) después de la derrota en las municipales. (Foto: FP)


¿Cómo puede ser que si las políticas austericidas de la derecha están machacando a la gente, la izquierda no barra en las elecciones? Esa es la gran pregunta que se plantea la "izquierda" europea acostumbrada a ganar. Hasta ahora, cuando esa "izquierda" perdía el poder, subía una derecha que, cuestión de tiempo, en unos años ellos volvían a sustituir. Ahora ya no. Ahora la derecha se eterniza en las instituciones, ellos son breves paréntesis y la gente parece que para sustituir a los conservadores de siempre, en lugar de mirarlos a ellos, mira todavía más a la derecha. ¿Cual es el problema?, se cuestionan con semblante preocupado. Pues, como en aquellas rimas de Becquer, a la "izquierda" se le debe contestar lo mismo que en el poema: "el problema eres tú".
Perdonen lo simple de mi diagnóstico pero el gran problema es que la supuesta "izquierda" no es de izquierdas. La alternativa socialdemócrata a Merkel, a Rajoy, a Sarkozy, a Berlusconi, a la "troika"' etcétera, etcétera... no es alternativa sino complemento, continuación o cómplice.

Veamos tres ejemplos recientes, todos del pasado domingo. Muy concretos:

1.Ante la crisis financiera que se desata en Europa en 2008,  el conservador Nicolás Sarkozy, desde la presidencia de la República Francesa y de la mano de su compañera alemana Angela Merkel, aplica y defiende el "austericidio"  como única solución a los problemas económicos. En 2012, el socialista François Hollande descabalga a Sarkozy como presidente francés con un discurso de reformas sociales pero, pasados seis meses, su única reforma resulta ser bajar los impuestos a los más ricos y disminuir el gasto público. "Pacto de Responsabilidad", le llamó, cuando en realidad es lo mismo de siempre: pedir responsabilidad a los que menos tienen para que los poderosos aumenten sus beneficios y tengan a bien repartir. Cosa que no hacen, claro. Nunca lo hacen.
¿Resultado? La estrella Hollande pierde brillo, llegan las elecciones municipales del pasado domingo y los socialdemócratas sufren un varapalo, vuelve a ganar la derecha y se multiplica la extrema derecha. Ante eso, la reacción de Hollande es... Irse más a la derecha. Su decisión es nombrar nuevo primer ministro al socialista más de derechass de Francia, Manuel Valls, que, desde el ministerio del Interior, ha hecho la competencia al Frente Nacional en cuanto a políticas xenófobas.

2. El PSOE presenta por todo lo alto a su candidata europea Elena Valenciano. Lo hacen en un mitin en el que atacan a la derecha europea por olvidarse de las personas y proteger solo a los ricos. Cargan contra Rajoy por ultraliberal, por acabar con el Estado del Bienestar y por sus recortes y más recortes.   En la primera fila, aplauden con entusiasmo Zapatero, Rubalcaba y Felipe González que se ponen en pie para aclamar al candidato socialista a presidir la Comisión Europea, Martin Schulz, a quien presentan como el azote de la derecha europea, como la garantía de la izquierda continental, como el hombre que, cuando llegue al cargo, cambiará Europa. Lástima que Schulz lleve 20 años de silencioso eurodiputado; lástima que sea en la actualidad ni más ni menos que el presidente del Parlamento Europeo, lástima que quien lo ha escogido como candidato sea el Partido Socialista Alemán que apoya al gobierno de Merkel; lástima que en enero, y a través de un mensaje de twitter, felicitara así a Rajoy por sus reformas:

3.Los socialistas catalanes, el PSC, plantean la celebración de elecciones primarias abiertas a la ciudadanía, como vía para recuperar la confianza de la gente y demostrar que los progresistas tienen otra forma de hacer política más horizontal, más trasparente y más democrática que la derecha gobernante. Este fin de semana han hecho las primarias para el Ayuntamiento de Barcelona... Y resulta que han comprado a centenares de inmigrantes de los barrios periféricos de la ciudad para que votaran a favor de un determinado candidato.  El pastel se ha descubierto, la misma dirección socialista reconoce que, efectivamente, ha habido trampas. Incluso el candidato ganador dice que sí, que votaba gente comprada que cuando le preguntaban no sabía ni que estaba votando. ¿Se anulan las elecciones? ¿Abandona el supuesto candidato beneficiado? Ni lo uno, ni lo otro. El argumento es que las mesas en las que se han detectado las trampas no son significativas. Sobre cómo queda el ganador de un proceso en el que se reconoce que se han comprado votos y qué grado de credibilidad puede tener para presentarse como alternativa progresista y democrática a la derecha, nadie ha dicho nada.

En definitiva, y todo en el mismo día: si la izquierda que la ciudadanía mayormente visualiza es ésta, la de mis tres puntos, no es extraño que la derecha siga ganado por incomparecencia de rival. Esta izquierda también es la derecha. La alternativa, pues, está en otro sitio. Lástima, otra vez, que los grandes medios de de comunicación no tengan interés en buscarla y explicarla (como ejemplo valga el editorial de hoy mismo de "El País" que lamenta el avance de la derecha a la vez que aplaude el nombramiento del "derechista", ellos le llaman pragmático y no sectario, Valls). Es más, lástima que se dediquen a esconderla con el mismo entusiasmo que Zapatero aplaudía el domingo a Martin Schulz cuando éste cargaba contra la política de recortes, para entendernos, contra lo que él mismo había inaugurado un 12 de mayo de 2010.