martes, 28 de enero de 2014

Catalunya, el PSC, la democracia y los partidos viejos


Pere Navarro, primer secretario del PSC, durante el Consejo Nacional de noviembre de 2013. (Foto: Joan Puig)

Fraude, poco respeto por la democracia y desvergüenza política, ese es el resumen del comportamiento de las direcciones del PSC y del PSOE con respecto al proceso hacia consulta soberanista catalana. Los podrán jalear los medios más conservadores, derechistas y españolistas, léase “El Mundo”, “ABC” y similares, pero su actitud es impropia de una formación democrática y, mucho más, de un partido progresista.

Núria Ventura, Marina Geli y Joan Ignasi Elena, los tres diputados que la semana pasada votaron a favor de pedir el traspaso a la Generalitat catalana de las competencias para la convocatorias de consultas, están ya camino de la Comisión de Conflictos. En breve serán expedientas y, seguramente, acabarán fuera del partido.
La cuestión aquí no es independencia sí o independencia no. Es otra cosa, es democracia y coherencia. Es el respeto al funcionamiento de democrático que se le debe exigir a un partido; por apelar a las tablas de lo “sagrado”, es cumplir, al menos, lo que dice la Constitución de 1978 sobre como deben proceden los partidos políticos.


El delito de Elena, Geli y  Ventura es haber pedido para Catalunya las competencias para convocar legalmente una consulta popular. No han pedido la autodeterminación, ni la independencia, ni la luna, solo las competencias. Pues bien, la dirección del PSC los expedienta en medio de descalificaciones de todo tipo y los pone en la rampa de salida hacia la expulsión.

Argumenta la dirección del PSC, con su primer secretario Pere Navarro, al frente, y  lo ratifica la cúpula del PSOE en Madrid, que los tres diputados en cuestión se han saltado un acuerdo del Consejo Nacional del partido y que eso es ir contra la democracia y contra las decisiones de la mayoría.

Mentira. Decir eso es partir de una visión política miope; es la vieja doctrina de que quien gana unas elecciones dispone de 4 años de gobierno por encima del bien y del mal. La democracia no es eso.

La cúpula del PSC cuando carga contra sus “díscolos” lo que hace es negarles la esencia representativa de su función de diputados, como si solo contara el partido, como si su decisión fueran un capricho particular mientras, por contra, lo que mantiene la dirección es el reflejo indiscutible de lo que quieren los militantes socialistas y sus votantes.

Pues no. Veamos para empezar lo que votaron los ciudadanos de Catalunya que en las autonómicas de 2012 se decantaron por la papeleta del PSC. Los socilaistas catalanes fueron a esas elecciones con un programa electoral que tenía un epígrafe titulado:

UN REFERÉNDUM PARA QUE LOS CATALANES Y LAS CATALANAS DECIDAN
En él se dice expresamente:

Manifestamos nuestro convencimiento de que los ciudadanos y las ciudadanas de Cataluña deberán decidir libremente sobre cualquier propuesta de cambio sustancial de las relaciones entre Cataluña y España, acordada entre las instituciones catalanas y españolas, a través de un referéndum en el que se plantee una pregunta clara a la que se deba responder de forma inequívoca, aceptando o rechazando el proyecto sometido a consulta.
A la vista de este pasaje es evidente que de la actitud de Ventura, Geli y Elena se puede decir cualquier cosa menos que no hayan respetado su “pacto” electoral con la ciudadanía.

Es más, una encuesta de “El Periódico de Catalunya”, su “Barómetro de Otoño”, indica que el 70% de los votantes del PSC en las autonómicas del 2012 están por el derecho a decidir y que esta cifra sube casi al 80% si consideramos a los que les votaron en las generales de 2011.

Otro dato: el Consejo Nacional del PSC, del 17 de noviembre de 2013, que planteó su oposición a la reclamación de competencias lo decidió con el 84% de los votos de sus miembros. Teniendo en cuenta que el grupo parlamentario del PSC en el Parlament de Catalunya lo integran veinte diputados, que tres de ellos votaran en la cámara autonómica a favor de pedirlas no deja de ser el reflejo exacto de lo acontecido en el Consejo Nacional. Tres sobre veinte es justo un 15%, o sea que las proporciones del Consejo Nacional se reflejaron exactamente en el grupo parlamentario. ¿Cuál es el problema? Ellos se han desmarcado de la mayoría pero han hecho que la voz del grupo refleje exactamente la opinión del partido.

Pero hay más, sin pretender ser exhaustivo hay bastante más. No es solo que  lo llevaran en su programa electoral o que su electorado defienda mayoritariamente lo votado por los "díscolos", el propio Navarro dijo hace unos meses que pese a no estar de acuerdo con la consulta no se iban a oponer a ella y, por si faltaba algo, hay que recordar que la Constitución (otra vez la Constitución contra los constitucionalistas) niega el mandato imperativo de los parlamentarios. Todavía más: en enero del año pasado, los socialistas presentaron en el Parlament una propuesta para impulsar las reformas necesarias para que "los ciudadanos de Catalunya puedan ejercer su derecho a decidir a través de un referéndum o consulta acordado en el marco de la legalidad". Bien, pues para eso se reclaman las competencias, para hacerlo dentro de la ley.

Incluso el propio acuerdo del Consejo Nacional de noviembre pasado, el del 84% “famoso” que ahora se esgrime, lo que aprobó fue que solo se estará a favor de una consulta pactada con Madrid. Por tanto la transferencia de competencias solo se haría efectiva con acuerdo, luego por ahí tampoco parece que la reclamación sea ninguna deslealtad.

En definitiva, el problema es de concepción de partido, de funcionamiento interno de las organizaciones que son el vehículo de participación política en democracia pero que funcionan muy poco democráticamente. El comportamiento de la dirección del PSC es puro centralismo democrático. Antiguo, caduco, pasado de moda. Ninguna diferencia con el ordeno y mando del PP.

La número dos del PSOE, Elena Valenciano, se refería al caso hace unos días con la siguiente reflexión: “La pluralidad es fundamental en democracia y el respeto a las minorías, también, pero en democracia  se siguen las reglas de la mayoria”. Traducido sería algo así como que la pluralidad y las minorías son fundamentales en democracia pero solo serán tenidas en cuenta si coinciden con la mayoría. 

El problema del PSC y el de la izquierda tradicional es que se han quedado en fórmulas de funcionamiento que ya están superadas, que ya no las compra nadie de los nuevos votantes y que, poco a poco, se van a quedar solos. Su falta de democracia, su gran semejanza al PP y a la derecha en su manera de organizarse, es solo el reflejo de su falta de alternativa. El problema del PSC, o el del PSOE, no es que se hayan quedado sin discurso sobre el proceso soberanista de Catalunya, su drama es que no tienen alternativa al sistema que está ahogando a la población, machacándola, generando infelicidad, haciendo más ricos a los ricos y más miserables a los pobres, acabando con la clase media, expulsando del centro de la sociedad a las personas para colocar al capital. Eso es a lo que la izquierda tradicional no es capaz de contestar.

La receta es más pluralidad, más horizontalidad, más debate y menos consignas. Ahora los socialistas apuestan por la primarias. Podrán elegir al cabeza de cartel. Muy poca cosa. ¿Rubalcaba o Chacón? ¿Madina o López? Y luego, ¿qué? Las listas uniformes y sin sobresaltos más allá de los tradicionales pulsos internos. Ya puestos, los socialistas podrían probrar e ir a unas primarias de toda la lista de candidatos. Entonces veríamos si los que se quedan fuera del grupo parlamentario son Joan Ignasi Elena, Núria Ventura y Marina Geli o los consecuentes diputados que, como un/una solo/sola hombre/mujer, acataron lo dicho por su Consejo Nacional pese a ir en contra del programa electoral, de la mayoría de sus votantes y de lo dicho mil veces en mil foros distintos. Veríamos.

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