lunes, 28 de octubre de 2013

Mercadona pretende rematar al comercio de barrio

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Juan Roig, presidente de Mercadona, sonríe con dos naranjas en la mano. (Foto: Juan Carlos Cárdenas)


Mercadona pretende convertir en oro todo lo que toca, incluso sus errores, incluso sus intentos monopolísticos. Ahora resulta que está revisando su estrategia con los productos frescos y va a dejar de lado su política de "todo envasado", "todo en plástico" por "todo fresco", "todo preparado en directo".
Lo que antes era bueno ahora es malo. Lo que tantos éxitos se supone que les proporcionó ahora se abandona. Claro, se han dado cuenta de una cosa que cualquiera que tuviera ojos y menos prepotencia que ellos podía ver con solo acercarse a sus supermercados: alrededor proliferaban los establecimientos de fruta y verdura. Una fruta y una verdura mucho más fresca y buena que la que Mercadona ofrecía en sus tiendas.
Los medios de comunicación destacan que Juan Roig, el dueño de la cadena de supermercados, ha reconocido su error y subrayan como muy meritorio su ejercicio de autocrítica. No le veo el mérito por ningún lado. Reconocer un error tiene valor cuando las víctimas del fallo son otros, no uno mismo. Se puede destacar que un político que ha hecho, por ejemplo, una pésima reforma laboral reconozca su error cuando se demuestra que su apuesta ha sido un fracaso. Las víctimas de su error serían en ese caso los ciudadanos y, por tanto, su reconocimiento es una forma de pedir disculpas. En el caso de Roig no hay nada de eso. La víctima de su error es su empresa, sus beneficios, es decir, él mismo. Por tanto, allá  él si quiere reconocer o no reconocer su fallo. A nosotros, qué caray nos cuenta ¿Cómo se puede ser tan papanatas y destacar la autocrítica de Roig?  Poner la lupa en el "reconociemiento" de Roig desvía la atención de lo fundamental: Mercadona va a rematar a las tiendas de barrio. Las que todavía quedaban, las que habían maniobrado ágilmente ante su fuerza bruta, van ser sufrir una nueva acometida. "Alrededor de cada Mercadona hay ocho fruterías", ha dicho Roig. "Ahora vamos a por ellas", le ha faltado añadir. "Teníamos unas chirimoyas que parecen balones: las tiras al suelo y rebotan". Vaya, qué pena que haya esperado a ver que el negocio no era redondo para acabar con ellas; lo podía haber hecho cuando se  percató de que vendía material defectuoso. Mucho llamar "jefe" al cliente pero, con las chirimoyas (y demás), se las metía dobladas a sabiendas.
A mí me parece que si el negocio que no hace Mercadona en productos frescos se lo reparten entre ocho, tampoco está tan mal. Teniendo en cuenta que en 2011 la cadena superó los 19.000 millones de euros en ventas y los 500 en beneficios, igual no pasaría nada si las cosas siguieran como están. Pero no, Mercadona pretende acabar con el poco comercio de barrio que queda. Ya veremos qué pasa.
Para garantizarse esos productos frescos que ahora necesita, Juan Roig plantea tratar directamente con los productores primarios y no con los proveedores, como han hecho hasta ahora. Habla de "dignificar el trabajo del agricultor, el pescador y el ganadero". Lo que es seguro que esa "dignificación" pasará porque sea Mercadona quien ponga los precios, decida la duración de los contratos y, por supuesto, fije los márgenes. De momento, Roig ya ha lanzado el primer aviso: "el sector agrícola no está suficientemente obsesionado con la productividad".  Productividad y obsesión, dos palabras peligros por separado y que suenan a amenaza si se juntan. Cuando Mercadona se decide por acercarse al agricultor se supone que se distancia de la agricultura intensiva (e igualmente en pesca o ganadería) con lo cual estaríamos ante productos que requerirían más mano de obra, con precios más altos y, por tanto, estamos ante menos productividad. Justo lo contrario de la "obsesión" de Roig. A cambio serían productos de más calidad y todo más sostenible, pero igual eso no le preocupa siquiera al todopoderoso dueño.

viernes, 18 de octubre de 2013

Estos valencianos que gobiernan están locos

El President de la Generalitat, Alberto Fabra, en el centro, junto a la alcaldesa de València, Rita Barberá, y algunos de los invitados al acto de presentación de su "Acuerdo de la Sociedad Civil de la Comunidad Valenciana". (Foto: EFE)

 Definitivamente al Partido Popular de la Comunidad Valenciana se le ven las vergüenzas. Como al  "Rey desnudo" de Andersen. Se acabaron los tiempos en los que todo el mundo reía las gracias de sus grandes eventos. Adiós, también, a esos espectaculares "saraos" que les montaba la trama Gürtel y convertían en gran ceremonia lo que no pasaban de ser bautismos de tercera. Donde no hay harina todo es mohína. Así lo constata hoy el PP valenciano. Qué lejos aquellos tiempos de Zaplana o Camps cuando se les llenaba la boca de "somos la envidia mundial" y la gente les creía. Ya no están esos nombres que tanto lustre daban a los gobernantes valencianos: se acabó Irene Papas, Gerard Depardieu, Norman Foster, Santiago Calatrava, Zubin Mehta, Lorin Maazel, Bernie Ecclestone... ya ni Julio Iglesias aparece por aquí. Es lo que tiene el clientelismo: cuando se acaba el dinero, te quedas sin amigos y cuando, pese a todo, se pretende sacar pecho, se hace el mayor de los ridículos.
El acto que ayer escenificó el PP en el edificio Veles i Vents del Puerto de Valencia los deja en evidencia. "Acuerdo de la Sociedad Civil valenciana", se titulaba. Sí, ya sé que quien organizaba era la Generalitat valenciana que, con su President Alberto Fabra al frente, pretende relanzar la imagen de la Comunidad Valenciana; lo que sucede es que no consiguieron reunir otra cosa que no fuera el universo "pepero" de siempre. Allí no estaba la sociedad valenciana como pretendían hacernos creer. Había solo una parte de ella, y una parte menor. Muy menor. Tanto tiempo amplificando su presencia no quiere decir que sea mayoritaria. Era la misma gente que lleva veinte años haciendo de teloneros en los grandes eventos del PP, colocada ahora como protagonista del acto porque ya no hay estrella a la que arropar. No es que no estuvieran los sindicatos, las universidades o los grupos de la oposición, es que no había nadie que no sintonizara con los organizadores, nadie que fuera alternativo, nadie con otra visión de las cosas. ¿Cómo se puede vender como unitario un acto así, tan lineal, tan poco plural? El PP recoge ahora los frutos de sus políticas. Han pretendido patrimonializar la sociedad valenciana, tanto que la han identificado con ellos mismos, y se lo han acabado creyendo. Expulsando y demonizando a cualquiera que pensara distinto, se han quedado con una supuesta sociedad que no era otra cosa que su corte (digamos su corte de honor) y así les está yendo. Ayer tuvieron más seguimiento los hashtags críticos con el acto que los oficiales puestos en circulación por la propia Generalitat.
El caso es que allí estaban. Alberto Fabra, con su discurso de estadista de grandes almacenes, y Rita Barberá, y su desubicado personaje. De Madrid se trajeron al presidente de Ford, por aquello de que tienen fábrica en Almussafes, y a dos profesionales valencianas de la la televisión que no se puede decir que estén en su mejor momento: Núria Roca y Cristina Tárrega.  Núria Roca, a quien no se le recuerda un éxito televisivo desde aquel concurso de animales llamado "Waku-waku", obra de Chicho Ibáñez Serrano, miren si ha llovido, asegura que no se enteró de las ausencias hasta el día antes del acto. Pues eso, este es el nivel. Bueno, no, la otra invitada, Cristina Tárrega, todavía está por debajo de ese nivel. Su discurso basado en el "Valencia es muy grande" y "los valencianos podemos" ejemplifica la altura de los contenidos. Las palabras de Tárrega solo son comparables a las del President Fabra que se quedó tan tranquilo cuando soltó que "ésta es la verdadera Comunidad Valenciana" y añadió que el acto era "un hito en la historia".
Hasta el periódico "El Mundo" califica hoy el acto como "Brindis al sol" y solo Canal 9, ahora rebautizado "Nou", es capaz de mantener que "la sociedad valenciana apoya a Alberto Fabra en el Pacto Social". Lo dicho, "están locos estos valencianos..."

Posdata para valientes: Les dejo aquí una galeria de fotos del acto publicada opor "Valenciaplaza"... Fin de la cita.

sábado, 12 de octubre de 2013

Los "carrero blanco" de Canal 9 prometen democracia



Este es el nuevo logo de la Radiotelevisión Pública Valenciana que se estrenó oficialmente el pasado miércoles.


Esperaba que alguien se ocupara antes que yo de la presentación del "nuevo" Canal 9, ahora rebautizado simplemente Nou. Pero no. Fue el pasado miércoles, en horario de máxima (?) audiencia, y nadie le ha hecho ni caso. Nadie ha dicho esta boca es mía. Que Canal 9 es desde hace muchos años invisible para la inmensa mayoría de los ciudadanos es cosa sabida y, por tanto, ahora, su versión "tuneada" no podía esperar demasiada atención. La obsesión nominalista de la directora general Rosa Vidal es una ingenuidad. El nombre no hace la cosa y por mucho que desaparezca el número nueve y se intente que todo suene "Nou", la novedad no se ven por ningún lado. Que la mona por más que se vista de seda mona se queda es algo que se sabe desde antiguo y parece mentira que Vidal siga pensando que, con atajos, con trampas, se puede escapar de la propia sombra.
La nueva etapa de Canal 9 nace huérfana de un mínimo de credibilidad. La misma presentación demostraba que La Nou se deja en manos de exactamente las mismas personas que pilotaron y personificaron las época que se dice pretender superar. Lo que se vió no dejó lugar a dudas. Uno a uno fueron desfilando por pantalla los presentadores y periodistas que durante los últimos años han sido colaboradores necesarios, cómplices, cuando no autores directos, de toda la manipulación, la censura y la persecución profesional que se ha dado en Canal 9. Oírles hablar de pluralismo, de compromiso, de la necesidad de protestar, de implicarse y demás zarandajas movía a una mezcla de tristeza y asco que te llevaba a esbozar una sonrisa como mueca, para no llorar.
La puesta en escena, más allá de lo simple y pobre que fue, impropia hasta de una televisión de barrio, resultó un ejercicio mayúsculo de cinismo. Hay que tener mucho cuajo para, sabiendo perfectamente, porque estaban allí, lo que ha pasado en Canal 9 durante los últimos años, conociendo lo que ha sucedido  con la gente, salir a defender un modelo democrático de televisión público, y decir "ahora sí que lo vamos a hacer". Los que, simpáticos y campechanos, aparecieron en la tele como adalides de la democracia informativa saben que todos los trabajadores (compañeros suyos)  que en su día se implicaron en la denuncia de abusos están hoy despedidos y que si, por contra, ellos siguen en la casa es, precisamente, porque se han pasado diez, quince o veinte años callando, obedeciendo, manipulando o censurando.
Resultó muy oportuno introducir el apartado de informativos con una canción cuyo estribillo decía "después de tantas animaladas". Si no era buscado, la canción fue un gol por toda la escuadra, y si se puso adrede, peor, no se puede tener tanta cara. Y es que los responsables de las "animaladas" estaban en la presentación. Todos estaban allí. No había ni uno con las manos limpias, no salió un solo inocente. La política seguirá controlada por las mismas personas de siempre. Se anunciaron tertulias "con todos" que quedan en manos de quienes presentaban informativos en los que se escondía Gürtel, se manipulaba a los muertos del Metro, se falseaban los datos económicos o no se informaba de los casos judiciales con implicados del PP.
Estaban todos los que se han pasado años callando y ejecutando asegurando que, a partir de ahora, todo será crítico, profesional, democrático, transparente, abierto... Vamos, como si Carrero Blanco se hubiera presentado en 1975 como la garantía de una España democrática o, para hacerlo más actual, como si "El Bigotes", Carlos Fabra, Urdangarín o Bárcenas se pusieran como ejemplo tranquilizador de una futura gestión transparente y responsable del dinero público. Se habló de espacios de actualidad que serán "inconformistas" pero que seguirán dirigidos por personas que, en sus programas, siempre se han preocupado más de lo mucho que llueve o de lo poco fiables que son las echadoras de cartas que de la corrupción galopante que ha habido entre nosotros. Será pues, seguirá siendo, un inconformismo selectivo, más centrado en los 250 euros que estafa un miserable camello del barrio del Carmen que en los 250 millones que se puedan robar con la Ciutat de les Arts i les Ciències.
La frase con la que se presentó el programa de reportajes "Dossiers" me parece el resumen perfecto de la farsa que encerraba todo lo que se pudo contemplar. Dijeron que el espacio era un ejercicio de "mirar con imágenes históricas el pasado para contar la realidad de nuestro entorno". ¿No me digan que no es genial? La imposible pirueta de hablar del pasado para contarnos lo que está sucediendo hoy... Todo es más simple: los reportajes se harán sobre el pasado porque profundizar en el presente al gobierno del PP no le interesa absolutamente nada. Fin de la cita, que diría Rajoy.
Al final, después de un bloque que contenía una batería de demandas ciudadanas sobre el futuro de la cadena, apareció la directora general Rosa Vidal para asegurar que "las peticiones de la calle son las que se han tenido en cuenta para configurar la nueva Radiotelevision Valenciana". Un nuevo error. RTVV no ha de ser lo que digan una decena de entrevistados callejeros sino lo que marca la ley, esa que se ha pisoteado durante vente años, esa que nadie ha tenido nunca en cuenta, esa que ahora volverá a poner patas arriba RTVV cuando falle contra el reciente ERE del que la propia Vidal es rehén. Parece mentira que una abogada del Estado como Rosa Vidal desprecie hasta tal punto la ley y tenga tantos problemas para comprender el sentido de la empresa que dirige.
La presentación acabó con otra canción con una letra de lo más ilustrativo que, de nuevo, ponía de manifiesto que la dirección no ha entendido nada. Sonaba la frase "Se que nos queremos más allá de los platos que hemos roto", como si se quisieran compartir las culpas con los ciudadanos. Qué papelón. La ciudadanía no quiere a Canal 9, llámase así o La Nou. Y no la quiere precisamente por culpa de tantos años de delincuencia, irresponsabilidad y desvarío. Ponerse de perfil y hacer ver que predicando un tiempo nuevo, todo resuelto, es ceguera, y hacerlo con las mismas caras de siempre es pura tomadura de pelo.
En este sentido, fallaron los portavoces de los partidos de la oposición, Marga Sanz, Enric Morera, Ximo Puig y Mònica Oltra cuando aparecieron en pantalla. Su explicación sobre lo que esperan de la nueva etapa de Canal 9 no tenía interés ni sentido; eso era, en todo caso, lo que querían oír los directivos de la cadena y los dirigentes del PP. Lo que tendrían que haber explicado es cómo será la televisión pública que pondrán en marcha cuando en 2015 el PP pierda el gobierno de la Generalitat, Rosa Vidal sea historia y, de una vez por todas, cambien los directivos de la casa y desaparezcan sus cómplices.