miércoles, 11 de septiembre de 2013

Explicación olímpica del independentismo catalán

Imatge d
Una niña con una bandera independentista por el centro de Barcelona. Foto:Jordi Cotrina.

Ahora que España está en plena resaca de la derrota de Madrid como ciudad candidata a los Juegos Olímpicos de 2020 y hoy que es "11 de setembre" y miles de catalanes  de la mano gritan "adiós España ", ver conjuntamente ambas cosas puede ayudar a los españoles a entender la fuerza del independentismo catalán y la firme determinación social que lo sustenta.
En los días previos al 7 de septiembre y a la decisión del COI Buenos Aires sobre quien había de organizar los Juegos del 2020 se habló mucho de la candidatura de Madrid como un proyecto de país, como un proyecto ilusionante, como un proyecto compartido capaz de unir transversalmente amplísimos sectores de la sociedad española. Se habló de la movilización ciudadana, de un altísimo apoyo social. Se decía que era un reto compartido al que la gente se incorporaba porque el protagonismo era compartido, porque era de todos. No era necesario ser un aficionado al deporte para dejarse arrastrar por la esperanza o la euforia de Madrid 2020. Así al menos se vendía por parte, precisamente, de los sectores más reacios al nacionalismo catalán y a sus reivindicaciones.
Pues bien, quien entienda la fuerza ilusionante y cohesionadora de un proyecto como Madrid 2020, básicamente deportivo, que lo multiplique por mil y tendrá lo que representa para los catalanes su "plan independentista". Puede aceptarse o negarse, dialogar o no, ponerse manos a las obras o hacer como si no sucediera nada pero los catalanes no se van a conformar con seguir como hasta ahora, ni siquiera les valen parches cosméticos en forma de más o menos dinero. Ya no es eso...
Con el horizonte del referéndum prometido para 2014 en primer plano, el proceso hacia la independencia de Catalunya es un movimiento social absolutamente transversal. No se debe leer en clave de partidos políticos. Por raro que suene, incluso entre los votantes del PP habría quien votaría sí a la independencia. El sueño nacional de los independentistas de siempre se ve acompañado de la ilusión de miles y miles de ciudadanos recién llegados a la reivindicación. El motor es mucho más que un cálculo. Son emociones. Sueño e ilusión. Dos palabras clave que explican que cuanto más duros se ponen los adversarios, cuanto más amenazan, más crece la marea de banderas catalanas coronadas por una estrella. El entusiasmo siempre es contagioso y el independentismo catalán está entusiasmado.
La ilusión no son unos Juegos, no son tres semanas de deporte y fiesta. Aquí el reclamo es ser dueños de su propio futuro, edificar un nuevo país, empezar de cero, estar ahí cuando todo se ponga en marcha, formar parte de la historia. Esa misma aura que tuvo la Transición después de Franco es la que hoy tiene el "adiós España". Los balcones de Barcelona están llenos de "estalades". No hoy que es 11 de septiembre. Hoy desborda. Me refiero al mes pasado, al mes que viene. El proceso está en marcha. La ilusión está creada y tanto da que las expectativas no vayan a cumplirse, que el Estado propio no sea la tierra prometida. Las cosas no son como son, ni como van a ser sino como las percibe la gente. Catalunya tiene su proyecto y lo va a sacar adelante. No se les va a cruzar ni el PP, ni la Constitución, ni Estambul o Tokio.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, felicidades.

Anónimo dijo...

De verdad la foto de una niña te parece apropiada, sabe lo que quiere esa niña, va ser más feliz si es independiente, en fin..