lunes, 16 de septiembre de 2013

El dedo de Javier Cercas































Javier Cercas firmando libros durante el Sant Jordi de 2009. Foto: EFE.




Ser inteligente y saber escribir posibilita algo que está al alcance de pocos: hacer pasar como argumentos sólidos y bien fundamentados lo que son poco más que ocurrencias u opiniones muy fácilmente rebatibles. Javier Cercas es inteligente y escribe bien, por eso sus puntos de vista son siempre interesantes aunque el artículo que escribió ayer en "El País" ("Democracia y derecho a decidir") sobre la independencia de Catalunya y el derecho a decidir haya que encuadrarlo más en el apartado de filigranas dialécticas y medias verdades que en el de aportaciones serias al debate. Los catalanes con sus demandas independentistas señalan la luna y Javier Cercas se empeña en hablar del dedo. Su escrito mantiene que el derecho a decidir no existe y que antes de convocar un referéndum sobre la autodeterminación de Catalunya es preciso que unas elecciones evidencien que "una mayoría clara e inequívoca de catalanes quiere la independencia". No estoy de acuerdo con ninguno de los dos planteamientos. Intentaré explicarme.
1. Sobre el derecho a decidir: Tiene razón Cercas cuando afirma que "en democracia no existe el derecho a decidir sobre lo que uno quiere, indiscriminadamente. Yo no tengo derecho a decidir si me paro ante un semáforo en rojo o no: tengo que pararme. Yo no tengo derecho a decidir si pago impuestos o no: tengo que pagarlos". La trampa está en que la reivindicación del derecho a decidir sobre la independencia de Catalunya no se demanda "indiscriminadamente", ni tiene la connotación caprichosa que se desprende de "lo que uno quiere". Nada tiene que ver con saltarse los semáforos o no pagar impuestos, cosas que, por otra parte, si algún día generan una respuesta masiva de los ciudadanos planteando su sustitución por otro tipo de métodos o prácticas,  también podrán ser revisadas. El derecho a decidir es una demanda en la que coinciden centenares de miles de ciudadanos catalanes, por tanto merece ser tomado en serio. La frase "no se puede ser demócrata y estar a favor del derecho a decidir" es una provocación innecesaria que no merece más comentario.
2. Sobre la necesidad de unas elecciones plebiscitarias: Vincular la posible celebración de un referéndum a una elecciones previas a las que todos los partidos, obligatoriamente, deban concurrir dejando claro si quieren o no la independencia es, como mínimo, tramposo. Unas elecciones no han de convertirse en un plebiscito, no es propio de demócratas. Las elecciones son otra cosa. Para plebiscito ya está el referéndum, pues usémoslo. Que en España las consultas al pueblo, al margen de los comicios, sean un acontecimiento excepcional no debe hacernos olvidar que en muchos otros países son muy habituales. El voto en unas elecciones tiene en cuenta muchos aspectos y desnaturaliza su sentido centrarlo todo en una sola cuestión. Yo puedo ser independentista pero que el programa económico que me resulte más atractivo sea el de una formación no independentista o puedo no ser abiertamente independentista y confiar en la política educativa que propone una formación que sí es independentista, ¿qué tengo que votar? ¿El sí o no a la independencia es anterior a todo lo demás? Pues si es así, lo dicho, referéndum.
La participación ciudadana que se vehicula a través de los partidos responde a la complejidad de hacer compatible la democracia directa con el funcionamiento de los órganos institucionales. Por eso, los programas con los que los partidos concurren a las elecciones son amplios y detallados. Un sí o un no a la independencia es algo que no precisa de intermediarios, no tiene sentido hurtárselo a la gente y mediatizar las respuestas a través de los partidos.
Además no es razonable pretender que la demostración de la existencia de una mayoría independentista sea anterior al referéndum. Dice Cercas que "si hay una mayoría de partidarios de la independencia, habrá que celebrar un referéndum; si no la hay, no". Bueno, lo que debería explicar el autor es el por qué de esta independencia a dos vueltas.  Si las elecciones ya demuestran que hay una mayoría independentista, ¿para qué se necesita el referéndum?, ¿qué sentido tiene obligar a una consulta para demostrar lo que ya sabemos? Demuéstrame que quieres la independencia para que yo te pregunte si quieres ser independiente... Extraño, ¿no?
En definitiva, que si a Javier Cercas no se le ocurren nada más que razones procedimentales para evitar la convocatoria de un referéndum, si ni él es capaz de esbozar una alternativa que pueda resultar atractiva para que los catalanes, mayoritariamente, quieran seguir en/con España... es la que cosa está muy mal. Perder el tiempo hablando del dedo no resolverá nada.

3 comentarios:

Ricardo Errante dijo...

Absolutamente de acuerdo. Buena respuesta y apreciación sobre los "peligros de la inteligencia".

VENENO dijo...

Sobre los "Peligros de la inteligencia" aqui en Valencia "No tenemos nada que festejar" y en las instituciones politicas, empresas publicas y demas cortijos mediatos aun menos. Ací no ni ha perill, som el perill

Nom i cognom amb ena dijo...

A part del lapsus del "derecho a decir", trobo a faltar a l'article un element clau, la necessitat de desemmascarar el principal dèficit dels arguments de Cercas: la suposició que vivim en una democràcia. La sobirania popular limitada (sense poder decidir sobre monarquia o república), la desigualtat davant la llei (article 3), el rol de l'exèrcit franquista (art 8) fan impresentable la constitució neofranquista. A sobre, l'únic article que s'aplica és que diu que no cal complir la llei o les sentències judicials quan beneficien els catalans. I no parlem de separació de poders... que deu ser que el carnet del partit i el del tribunal van a butxaques diferents. I haurem de tornar a recordar que es va redactar i promoure en un context de terrorisme franquista, sense plenes llibertats ni de partits ni de premsa, fet que la deslegitima per si sol. Si és nom d'aquesta democràcia que el senyor Cercas ens ha de negar l'autodeterminació reconeguda a la Carta de les Nacions Unides, no m'estranyarà veure'l aviat com a membre de la FAES.