domingo, 23 de junio de 2013

El PP y mi abuela

Ni Consuelo Ciscar, aunque se le parezca, ni Rita Barberá, la madre del valenciano, según el PP, es  la "Dama de Elche"

Mi abuela se llamaba Carmen y nació en 1908 en Llavaneres, comarca de El Maresme, un pueblecito situado 35 kilómetros al norte de Barcelona que, por aquel entonces, no llegaría a los mil habitantes. Hija de una familia de labradores, mi abuela, que gastaba esa inteligencia natural que da el sentido común y la ausencia de comodidades, se quedó en los estudios básicos. Era catalanoparlante aunque si se tenía que pasar al castellano... pues lo hacía. Lo entendía mejor que lo hablaba, pero lo hablaba bien. Había trabajado en casas de señores ricos y en esos ambientes, también en Catalunya, el castellano es de uso habitual. Mi abuela no había viajado mucho aunque, ya mayor, hizo alguna escapada a Lisboa, Roma o París. Eran viajes organizados por la Parroquia y ella iba encantada. Lo que sí hacía bastante a menudo era pasar unos días conmigo en  Bétera, donde vivo, comarca del Camp de Túria, muy cerquita de Valencia. Bétera es un pueblo valencianoparlante y a mi abuela, que sordeaba un poco, le gustaba poder salir a la calle, sobre todo ir al mercado de los martes, y entenderse con la gente sin tener que abandonar el catalán. Todos la entendían y ella a todos entendía. Se sorprendía de que en lugar de "sortir" (salir) le hablaran de "eixir" aunque recordaba que a la salidas posteriores de las casas, en Llavaneres, siempre se le había llamado "eixida". Cuando escuchaba a alguien hablar de una "granera" ( escoba) no le sonaba nuevo pese a que ella toda la vida había dicho "escombra" porque se acordaba de una parienta lejana que tenía en Tivissa, en Tarragona, que también usaba "granera". Si a mi abuela alguien le hubiera dicho que las señoras del mercado de Bétera hablaban en un idioma diferente al suyo le habría contestado con una media sonrisa, algo así como: "estàs de broma...", que traducido y actualizado vendría a ser "tú me estás vacilando".
Pues sí, el Partido Popular mantiene que mi abuela, barcelonesa, y las señoras que le vendían lechugas y tomates en el mercado de Bétera no hablaban el mismo idioma. Los del PP están en una campaña para que la Real Academia Española (RAE) modifique su diccionario para contemplar el carácter diferenciado del valenciano respecto al catalán. Para ello, esta semana han presentado una proposición de especial urgencia en Les Corts Valencianes. Aseguran que el valenciano viene del íbero con influencias griegas, latinas y fenicias y que su origen nada tiene que ver con el catalán. O sea, que mi abuela era políglota y murió sin saberlo. Porque, claro, en aplicación de las teorías de los muchachos de Rajoy, la buena señora hablaba dos idiomas, valenciano y catalán, a los que, siguiendo la misma lógica, cabría añadir el mallorquín, el alguerés y, desde hace unas semanas, el LAPAO; eso que siempre había sido el catalán que se hablaba en las poblaciones aragones colindantes con Lleida y que ahora, también por obra y gracia del PP, ya no es catalán sino la "Lengua Aragonesa Propia del Aragón Oriental" (LAPAO). Pero no se queda ahí la cosa. Recuerden que les he dicho que mi abuela también, como no, hablaba castellano, con lo cual podemos concluir que, en realidad, hablaba también argentino, venezolano, chileno, mejicano, peruano, ecuatoriano, boliviano, colombiano, nicaragüense, uruguayo, paraguayo... En fin que no sé como mi abuela no acabó de interprete en la ONU. Así por encima, no le salía por menos de treinta idiomas distintos. Además, lo orgullosa que estaría mi abuela de saber que su nieto, un servidor, a toda la lista de lenguas hasta ahora enumeradas le añadía ingles, escocés, galés, irlandés, norirlandés, australiano y unos cuantas docenas más que harían demasiado largo este artículo. En resumen, que cuando escuchen al PP decir que el catalán y el valenciano son dos idiomas distintos, ríanse de ellos, llámenles ignorantes, búrlense... pero sobre todo piensen que tal discurso no es más que una nueva prueba de la falta de honradez del partido de Mariano Rajoy. Son tramprosos y las mismas trampas que montan para llevarse el dinero de la visita del Papa, las recalificaciones urbanísticas o las ayudas al Tercer Mundo, las montan para ganar votos al precio que sea. Consideran que el secesionismo lingüístico les puede ser electoralmente rentable y, ahora que las encuestan no les son propicias, se aferran a él como tabla de salvación. No es nada personal. A ellos el valenciano les importa una higa, de hecho no lo hablan, y si lo utilizan es para destrozarlo. Lo que pasa es que, como siempre que ven acercarse la tormenta, sacan el valenciano en procesión, las esencias, el enemigo exterior. Si han de mentir, mienten; si han de ir contra los científicos, van, y si han de negar las evidencias, las niegan. No conocen la vergüenza, ni tienen sentido del ridículo. Puede que otras veces les haya funcionado, esta vez a no. Están aplicando recetas que ya no valen. Lo que hoy se cierne sobre el PP no es una tormenta sino el diluvio universal. Están amortizados y de ésta no se escapan a golpe de ocurrencias. Como diría mi abuela son "un desfet de temps"' o sea, un atajo de inútiles.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que el valenciano proceda del fenicio, cartaginés, arameo o lo que les salga del escroto me la suda. Ahora... lo que me inquieta es que estos calientapoltronas parece que tienen linaje directo con los romanos y concretamente con Julio Cesar, por lo de:
" Divide y vencerás ".

Anónimo dijo...

El valenciano, el mallorquín y el catalán son lo mismo, cada uno con sus castellanismos particulares y sus diferentes formas territoriales. Todo es la misma lengua, pero no significa que todo sea catalán, como algunos lo dictan, ni tampoco valenciano todo o mallorquín.