lunes, 15 de abril de 2013

La versión 2.0 del carlismo de "Dios, Patria y Rey"

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"Dios, Patria y Rey" era, con sus variantes, el lema del carlismo. En el mismo ámbito, Sabino Arana acuñó aquello de "Dios y Leyes Viejas". Viendo la actualidad de los últimos días, da la sensación de que el poder sigue en sus trece "carlistas" mientras la sociedad va por otro lado. El distanciamiento no es raro. Abrazar los principios carlistas, aunque sea con ropajes 2.0, es huir de la realidad, cerrar los ojos a como está cambiando la sociedad y, por tanto, alejarse de ella. Estamos en tiempos de ni Dios, ni patria, ni rey, ni, por supuesto, leyes viejas y, por más que el poder se empeñe, todo lo que se haga en esa dirección está condenado al fracaso. El inmenso problema es no reconocer al diferente y negarse a convivir con él. La diversidad es lo propio de las democracias pero como aquí todavía vivimos con el espíritu de la dictadura no hay manera de entenderlo. La convivencia ha de pasar por la negociación y por la búsqueda de puntos de acuerdo en los cuales todos nos podamos sentir mínimamente cómodos, aceptando que no será la voluntad de nadie la que se imponga de forma total y absoluta. Son tiempos de geometrías variables, no de trágalas. El final de la dictadura franquista fue un punto y aparte que no se resolvió adecuadamente porque quienes venían de detentar el poder intentaron cambiar el aspecto del país para seguir, en el fondo, con los mismos privilegios de siempre en manos de las mismas personas de siempre. Se cambió la forma de poder pero sin que cambiara quien detentaba ese poder. Eso ya no vale. Ha valido durante casi 40 años pero ya no.
La Iglesia, los militares, la Banca, el Rey y sus cortesanos están en caída libre y sus mamporreros, los grandes partidos, son bultos sospechosos en los que ya nadie confía. Ahí están las encuestas para demostrarlo y eso que los grandes medios no cesan en su campaña conservadora de mantener lo existente tal como está; sin ellos, los cambios que se acercan serían ya una realidad hace tiempo. La crisis institucional que vive España es la consecuencia de la contradicción entre la voluntad del poder de mantener lo viejo y la certeza de la ciudadanía de que todo eso está caducado y que el cambio de fondo que no se hizo efectivo a finales de los 70 se tiene que hacer ahora.
¿Dios? Ese concepto solo esconde a un inmenso "lobby" que tiene en las "misas multitudinarias" sus particulares escraches, y donde no llegan las misas llegan los editoriales de su prensa. Todo para no perder privilegios, ni dinero, ni presencia en la enseñanza. Todo para irse de rositas de los recortes generalizados y para poder seguir hablando de caridad cristiana mientras usan las herencias que reciben para hacer negocio a costa de desalojar a los pobres inquilinos pobres que habitan sus nuevas propiedades.
¿Patria? La bandera esconde una gran cartera, el inmenso negocio de los que copan desde hace decenios los puestos claves de la administración española y no están dispuestos a ceder porque saben que si se muestran débiles se desmorona todo; se desmorana la administración y los inmensos negocios que permite. La misma moral religiosa que pretenden universal la traducen en una sola manera de ser español y le ponen la cruz a quien discrepa, sabiendo que en su intransigencia está la radicalización del conflicto. Les interesa radicalizar el conflicto porque eso facilita apelar a lo más primario de las personas, al odio al distinto, eso mantiene cohesionada a la tropa y, por si las moscas, siempre tienen a mano alguien para advertir de que "el ejército está para lo que está".
¿Rey? Juan Carlos y su corte se han evidenciado como una gran sociedad anónima, antidemocrática, oscura, lejana y cara. La perversión del supuesto sistema de iguales que supone la existencia de un Rey, y de un heredero, y de otro heredero, y así hasta el final de los tiempos, es un germen de corrupción imposible de controlar. Lo estamos viendo con el culebrón de la Infanta. En el momento que hay un ámbito de poder por encima del común de los ciudadanos, cuya existencia no depende de la voluntad general, solo hay que "colgar" de esa institución todo el entramado de poder real que existe en el país. Por eso, obispos, militares y banqueros (más el añadido de sus servidores en los grandes partidos) forman la corte del Rey.
¿Leyes viejas? Pues sí, la ley vieja, vieja, vieja es la Constitución de 1978 que, no hay que ser muy clarividente para verlo, da pie a garantizar los privilegios de la Iglesia, de los militares, del Rey... y ya puestos, de los mencionados manporreros que dirigen a los dos grandes partidos que pueden funcionar de forma absolutamente antidemocrática pese a ser los "supuestos agentes claves" de la democracia. Por eso el PP y el PSOE, cuando gobiernan, en lo aquí referido, son igual de conservadores. Que un supuesto nacionalista catalán "padre de la Constitución" como Miquel Roca Junyent haya sido el elegido para defender a la hila del Rey en un caso de corrupción quiere decir que, ya, ni disimulan.
Muy bien, pues por todo esto empieza a ser un clamor la necesidad de cambiar la Constitución, para cambiar de fondo el "carlismo" todavía vigente en España, para que no haya ni dioses, ni patrias, ni reyes que puedan ser impuestos. Un clamor que no se va a detener.

1 comentario:

Perlimplín dijo...

¿Pero con esta entrada quieres decir que el Gobierno es carlista??? Mamma mía, a mí me parece que tú estás mucho más fuera de la realidad que los carlistas. ¿Pero cómo va a ser ninguno de los gobiernos centralistas actuales, que nunca tienen en cuenta a los representados, que están en contra de la verdadera representación del pueblo, del juicio de residencia sobre cargos públicos y que de católicos no tienen nada, cómo van a ser esos gobiernos carlistas, hombre?

Dejando aparte que los carlistas tienen propuestas mucho más realistas y adaptadas a la actual coyuntura de ruina del sistema de lo que crees: http://www.carlistas.es/descargas/programa.pdf