viernes, 8 de febrero de 2013

Rajoy se merece una moción de censura, y nosotros, también


El Congreso de los Diputados, durante un Pleno (Foto: EFE)

Vamos hacia una "Segunda Transición"; estoy convencido de ello. No aquella de la que alardeaba José María Aznar en los 90, sino una transición de verdad, hacia otra política, con otras formas, con otra gente y con otras leyes. Lo de los 70-80 fue la "Transición" institucional, levantó nuevos órganos de poder, blanqueó a la élite dominante, reinstauró la posibilidad de votar, legitimó una nueva clase dirigente y situó a los partidos políticos como piedra angular del sistema. Esto ya no da más de si; se agotó.
El bipartidismo PP-PSOE va con plomo en las alas. No solo en las de la gaviota "popular". El PSOE es cualquier cosa menos una alternativa. Ciertamente PSOE y PP no son lo mismo. Hay diferencias, claro que las hay, pero son diferencias en los márgenes del sistema. Son diferencias trampa que dan pie al espejismo de pensar que si uno te ahoga, el otro te salvará. No es cierto. Unos y otros trabajan a sueldo del "gran estrangulador", el gran poder económico. Como dice Eduardo Galeano, nos tratan como pollos en el horno a los que, eso sí, les dejan escoger la salsa con la que los cocinan. La "Segunda Transición" nacerá de la resistencia a ser cocinados.
Estamos cerca de unas elecciones constituyentes. Serán las próximas o las siguientes. El PP se resistirá tanto como pueda. En el PSOE habrá fuerzas, muchas, quizá mayoritarias, que también intentarán evitarlo. Será en vano. PP y PSOE, más los convergentes, quizá el PNV, quizá algún otro grupo añadido, son hoy aquellos procuradores franquistas que después de 1975 pretendían seguir con los "Principios Generales del Movimiento". A ver cuánto tardan en dar su brazo a torcer. El hartazgo de la gente es evidente, está en las encuestas, está en la calle, está en los centros de trabajo; pretender soluciones cosméticas es nadar contracorriente, es intentar engañar al ciudadano, es perder el tiempo.
El Debate del estado de la Nación que comenzará en el Congreso de los Diputados el próximo día 20 estoy seguro solo servirá para poner más en evidencia al gobierno de Mariano Rajoy y a él mismo. Nada se puede esperar de esa sesión. Rajoy no puede resolver los problemas planteados. Ni está en disposición de cambiar la política económica, ni acabará con la corrupción. Destituir algún ministro, se llame Mato o Montoro no soluciona cosa alguna. Quien debe dimitir es el propio Rajoy que ha mentido a los españoles y no es capaz de explicar las inmensas sombras de corrupción que penden sobre él, su partido y su gobierno. Un jefe que vive rodeado de corrupción y que ni la explica ni la resuelve es cómplice, por tanto corrupto, y los corruptos no son demócratas.
Por tanto, hay que ir más allá del Debate del día 20. Mi tesis es que el PP ostenta una mayoría absoluta "falsa". La tiene en las instituciones pero ya no en la calle. En la calle, pero también en las casas de aquellos que no frecuentan manifestaciones y protestas, ha perdido claramente la mayoría absoluta. Así pues, cualquier iniciativa parlamentaria está condenada al fracaso pero eso no la hace inútil. El PP, con su mayoría, se puede cargar incluso la ley de la gravedad o la existencia del Sol pero en democracia, ni hay victorias definitivas, ni las derrotas son para siempre. Es más, ganar o perder son dos posibilidades que están unidas; desde la victoria empieza el camino de la derrota, y viceversa.
La derrota del PP se está produciendo ya, pero no es suficiente. Es necesario empezar a construir la victoria alternativa del futuro. Para ello, las fuerzas que están por la "Segunda Transición" han de concretar sus pretensiones en el inicio de un camino cuyos primeros metros se pueden (y se deben) recorrer juntos. En este sentido, me parece que la presentación de una moción de censura es una iniciativa a considerar muy seriamente.  No para gobernar sino para emitir unos determinados mensajes: en primer lugar, la necesidad de una reforma de la ley electoral para hacerla más representativa y más participativa; y a continuación, la obligación de convocar unas elecciones que, inevitablemente, deberían tener un carácter constituyente.
Pero hay más, y no depende del resultado aritmético de la votación. La ciudadanía no necesita saber más del desgaste del PP, con lo que sabemos vamos servidos. Lo que falta por escuchar son las alternativas. Se echa de menos que alguien apunte una nueva senda por la que transitar, aquella que nos ha de servir a nosotros pero también a nuestro hijos. Eso, durante el debate de la moción, también podría quedar esbozado.
Una moción de censura, por su carácter constructivo, obliga a presentar un candidato para sustituir a Rajoy y un programa de gobierno. Por tanto, sería la ocasión para evidenciar que las cosas se pueden hacer mejor, de forma más abierta, más transparente, pensando en la gente y no en las finanzas. Sobre eso es sobre lo que la oposición debería llegar a un acuerdo. Convendría que los partidos empezaran a ocuparse de la cuestión.
No se trata de lanzarse al diseño completo de un programa de gobierno. Es cuestión de señalar un camino, un futuro: democracia participativa, regeneración democrática, transparencia, auditoria sobre la deuda, modelo de Estado, descentralización territorial, empleo verde, sostenibilidad, rentas máximas y mínimas, derechos básicos a la vivienda, al trabajo, a la información, a la sanidad, a la educación..., economía social, economía del bien común, control de la especulación financiera, banca pública, créditos con criterios sociales, reforma fiscal con atención a quienes más tengan y más contaminen, nuevo modelo energético, nuevo diseño de las geografías humanas... Alrededor de todo esto se debería armar una propuesta.
Para presentar una moción de censura se necesita la firma de 35 diputados. Izquierda Unida, tiene 11; Amaiur, 7; ERC, 3; BNG, 2; Compromís/EQUO, 1, y Geroa Bai, 1. Faltan diez. Del PP no van  a salir. Es difícil esperar que puedan ser de CiU, del PNV, de Coalición Canaria o de UPyD. Tampoco se puede contar con el diputado del Foro Asturias. Así las cosas, esas diez firmas, deben venir del PSOE. ¿Esto es posible? Se tiene que intentar.
Y sobre el candidato, ¿el acuerdo es viable? Yo creo que sí. Lo más evidente es que no puede ser del PSOE. Los socialistas no deben personificar la iniciativa. No le interesa a nadie, ni a ellos mismos. El PSOE, si algún rédito puede obtener entodo este proceso (complicado lo tiene), es,  precisamente, el de “lavar” su imagen gracias a sus compañeros de moción.
En cuanto a los demás, si situamos a todos los partidos en un doble eje izquierda/derecha y nacionalistas/no nacionalistas vemos que la posición más equidistante la ocupa Compromís-EQUO: más de izquierdas que el PSOE pero menos que IU; más nacionalista que el PSOE o IU pero menos que el BNG, ERC o Amaiur. Por tanto, la opción Joan Baldoví debería ser considerada. Quizá alrededor de su nombre se podría armar esa moción de censura que no derrocaría a Rajoy pero seguro que si lo derrotaría ante los ojos de miles de ciudadanos a quienes no les gusta lo que ven pero no ven nada alternativo.

1 comentario:

Berta Báguena dijo...

Opino lo mismo pero tu lo expresas con muchísima claridad, gracias