viernes, 1 de febrero de 2013

"El País" y los 50 adjetivos sobre el Príncipe

En la reciente entrega del "Premio Cervantes 2012", los Principes fueron recibidos en Alcala de Henares al grito de "Borbón, cabrón, trabaja de peón".

Con filtraciones y todo lo que ustedes quieran pero lo que ha hecho estos dos últimos días "El País", en relación a los "papeles de Bárcenas", es un servicio a la democracia, a la política, al ciudadano. Por contra, lo que el domingo hizo "El País Semanal (EPS)" sobre el Príncipe Felipe (el reportaje "El tiempo del Príncipe") con motivo de sus 45 años es corrupción. No corrupción económica, no corrupción tipificada como delito, pero sí corrupción en el sentido de alteración de algo para hacerlo peor. El reportaje del domingo del "EPS" sobre el Príncipe Felipe era corrupción periodística. Dicho de otra forma, era convertir el periodismo en simple propaganda.
Pues eso, hablemos de periodismo y hablemos de "El País": ¿cómo se puede entender que el mismo medio que desvela los pagos de Bárcenas le haga un publirreportaje al Principe de la magnitud del que firmó el domingo Jesús Rodríguez? ¿En que España vive "El País"? ¿Cuál de las dos "Españas" es la buena? ¿Puede haber un Príncipe angelical como el que dibuja Rodríguez al frente de un Estado/cloaca como el que muestran estos dos últimos días? Eso no se lo cree nadie. Tal contraste deja más en evidencia todavía la desmesura halagadora del reportaje de Rodríguez.
Puesto que no hay dos "Españas", puesto que la real es la de la falsa contabilidad de Bárcenas y el PP, el reportaje del domingo del "EPS" es una mentira, una burla y una vergüenza para el periódico. Voy a hacer un pequeño recordatorio de lo que contiene el mencionado trabajo. Empezaré por los adjetivos y atributos varios que se utilizan referidos a la personalidad del Príncipe Felipe y a su tarea. Conste que lo hago a vuela pluma, seguro que me olvido de alguno:

"Sensible, cercano, satisfecho con su tarea, feliz, observador, contenido, no confiado, discreto, intachable, paciente, sonriente, obediente, concienzudo, cabezota, preguntón, ético, solidario, socialdemócrata avanzado, no abre la boca en vano, no es dado a sorpresas, tiene la obsesión de hacerlo bien, de ser útil, de unir y trabajar por España, de prestigiar a su país, de ser aceptado por todos, maduro, equilibrado, profundo, con aplomo, padrazo, romántico, intenta ser un ciudadano normal, obsesionado en conectar con la gente, humano, soñador, no comprende la conducta de Urdangarín, coherente, honesto, íntegro, solidario, servicial, útil, responsable, sereno, ni un mal gesto, ni una mala palabra..."

¿No está mal, verdad? Casi cincuenta adjetivos a cual más espectacular.
El reportaje pasa por encima de cualquier cuestión que pueda significar una sombra a la figura del Príncipe. ¿Corrupción en la Casa Real? Urdangarín, el "poco ejemplar". Nada más. La manzana podrida en un cesto virtuoso con el Príncipe como gran exponente. Eso es lo que se pretende vender. Infumable. La simple constatación del halo de opacidad que rodea a la Casa da pistas de cuánta y cuánta información está por desvelar.

Hay expresiones en "El tiempo del Príncipe" que son especialmente exageradas como cuando afirma que, en sus discursos, "hila tan fino como si tejiera las barbas de un antílope de Cachemira". Los desmesurados halagos al heredero de la Corona se hacen muy evidentes en el tono admirativo hacia los mencionados discursos. Así califica de "joyas" los siguientes dos pasajes:

1. “Hacer realidad mi deseo firme y permanente de adaptar y de adecuar la institución a los tiempos que vivimos en cada momento, impulsando un proyecto que une nuestra historia con el futuro, que engarza nuestra tradición a un espíritu de vanguardia y progreso”.

2. “Servir con dedicación al Estado, al conjunto de los españoles; trabajar por los intereses generales y promover acciones o iniciativas que sirvan al interés común, constituyen para mí un compromiso personal inalterable y sin matices. Una tarea, en definitiva, a la que dedico mi vida y que forma parte de mis deberes y convicciones, especialmente tras mi juramento de la Constitución. Y ahora también junto a la Princesa”.

¿Joyas? ¿Acaso podría decir lo contrario? ¿Dónde están las joyas? Los pasajes destacados son lugares comunes, predecibles, solemnidad hueca. El reportaje no aporta un solo dato nuevo que no sean supuestas virtudes del Príncipe. La única crítica que se permite es que "es malo con los deportes de balón [...] y no es un prodigio de orden". Nos podría haber desvelado su expediente académico, sus viajes, sus gastos, quienes son sus amigos, dónde va de vacaciones, con quién, quién las paga, qué relación tiene con los grandes empresarios de este país, qué intervenciones en temas concretos se le conocen, cuál era su opinión cuando el Rey -ya sabedor de los negocios de Urdangarín- lo mandó al extranjero, que hizo él. 45 años deberían dar para bastante más que para una ristra inmensa de adjetivos admirativos.

Una joven navarra le planteó al Principe la necesidad de un referéndum sonre Monarquía o República. El Príncipe, espoleado por la corte que le acompañaba, zanjó la conversación con muy mal estilo.


Más allá de las loas al Príncipe, el reportaje del "EPS" contiene afirmaciones tan discutible como que "la Monarquía volvió a España en 1975 porque la nación la consideraba útil. Porque había un conseno en el Parlamento y en la calle". El párrafo no pasa de ser una opinión, y yo creo que sin fundamento. A diferencia del autor, yo diría que la causa principal para explicar la vuelta de la Monarquía es, simple y llanamente, que el dictador Franco así lo quiso. Sobre lo del consenso en el Parlamento en el año 1975, parece una broma. No había Parlamento, eran las Cortes franquistas. No había consenso, fue ordeno y mando.
Llama mucho la atención que la larga lista de adjetivos favorables al Príncipe no se basan en hechos concretos que aporte el periodista, ni en testimonios de personas que se identifiquen; son consideraciones de quien escribe sin que se sepa a qué responden. Las pocas fuentes ajenas que se apuntan no se identifican más allá de "una fuente de la Casa" o "un viejo colaborador". En realidad la única fuente identificada es la propia esposa del interesado, la Princesa Letizia, que, obviamente, no tiene más que buenas buenísimas palabras.

"Una persona que vale la pena [...] somos humanos, somos mortales, somos como cualquier matrimonio de nuestra edad".

Si el próximo domingo, "EPS" hiciera un trabajo similar con Luis Bárcenas seguro que también saldría de lo más bien parado. Con dos fuentes sin nombre y su mujer, seguro que Bárcenas pasaba de presunto chorizo a persona ejemplar.
Los pasajes finales del reportaje son descarados. No se me ocurre otra manera de definirlo. De forma inopinada aparece en el texto un libro: "En los últimos tiempos ha circulado por La Zarzuela un estudio titulado "Monarquías como marcas corporativas", dirigido por el profesor John M.T.Balmer, de la universidad británica de Bradford..." . El libro en cuestión, explica el periodista, enumera las fortalezas y debilidades de una monarquía. En cuanto a los activos cita:

"...  la estabilidad política que proporcionan [...]   su refuerzo de la imagen exterior del país; el ambiente positivo y con ausencia de conmociones políticas ideal para atraer inversiones; el selecto lobby de influencia que se ha establecido entre los monarcas europeos, asiáticos y árabes; su capacidad de proyectarse como un poderoso símbolo visual con siglos de antigüedad [...] el perfil avanzado de los países con un sistema monárquico..."

Cuando se refiere a las debilidades hace trampas ya que no detalla tales debilidades (la básica, su falta de carácter democrático y todo lo que ello supone) sino que hace un análisis estratégico de lo que debería evitar una monarquía en aras a su mantenimiento, que este parece ser el fin último de todo:

"... si las monarquías deterioran su reputación y prestigio por conmociones internas, si pierden el favor del legislativo o de la calle, están abocadas al ocaso".

Luego hay un canto al gran trabajo que puede hacer un rey por el bien de España, los lugares comunes de siempre: que si su representación exterior, que si su papel de equilibrio ideológico y territorial, que si arbitrar, que si moderar... Como si las repúblicas adolecieran de todo eso, como si la actual situación de España no sirviera, como mínimo, para poner en duda de que ha valido la Corona., como si la corrupción no estuviera también instalada en La Zarzuela, como si la gente no supiera que aquel Rey Juan Carlos que llegó al trono ligero de equipaje hoy aparece en las listas de los multimillonarios de Forbes...
En resumen, "El tiempo del Principe" me parece una pésima pieza periodística, propaganda pura y dura, por tanto, desinformación. Un contenido impropio de "El País". Impropio, inútil y contraproducente. Tal despliegue de baba no sirve a la Monarquía borbónica porque el lector de "El País" no se va a dejar influir por un reportaje tan descarado, ni sirve al periódico que solo puede que ver perjudicada su imagen. Tanta baba es contraproducente. Se llama "efecto boomerang". Con estos defensores, la III República está un poco más cerca. La traerán los monárquicos, por pesados.

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