jueves, 24 de enero de 2013

Los grandes partidos nos han secuestrado


Los ves y parece que todo esté bien. Siguen igual de altaneros que siempre. Por más que el fruto de su trabajo sea la ruina general, ellos no dan el brazo a torcer. Ahí está Cristobal Montoro descalificando a quien se atreva a pedirle explicaciones sobre la amnistía fiscal o los "sobres" del PP. Rodeados de guardias de seguridad siguen yendo a inauguraciones y visitas oficiales como si nada; protegidos por policías, ocupan sus escaños como si tal cosa; parapetados tras asistentes y pelotas, esquivan a los periodistas que les quieren hacer preguntas; escoltados por la Guardia Civil, atraviesan el país a bordo de sus coches oficiales; escondidos tras la presunción de inocencia huyen de sus responsabilidades políticas; con demoras, recursos y dilaciones, esquivan la justicia y la cárcel; amparados en sus gabinetes de comunicación e imagen, se inventan una excusa para cada problema, y a salvo en sus argumentarios sin complejos, justifican lo injustificable y se burlan de la inteligencia de los demás. Su festival, eso sí, corre de nuestra cuenta. Gastan trajes y corbatas que los hacen a todos aparentemente iguales. Comparten despachos, agapes y tertulias. Deben millones y millones a los bancos que, eso también, les recogen con diligencia cuando sus carreras políticas entran en barrena. Se relacionan con ricos y poderosos y se acaban creyendo iguales cuando, en general, no son más que sus perros falderos. Se lían con abogados y despachos de alcurnia y terminan firmando las leyes que éstos les pasan a la firma. Son los políticos gobernantes, los de los grandes partidos, los que mantienen el sistema. Ser de un partido minoritario no garantiza la bondad, faltaría más, pero los que ocupan los grandes cargos, los que ganan las votaciones que dan oxígeno al sistema que nos devora son los diputados y diputadas de los grandes partidos, para entendernos, los del PSOE, los del PP y los de CiU.

                  
Así defendía el socialista José Bono, expresidente del Congreso entre otros cargos, la necesidad de que PP y PSOE se entendieran al margen de los grupos minoritarios.

A los grandes partidos les debemos haber llegado a donde hemos llegado. Les debemos los seis millones de parados, las mayores facilidades que ha habido para dejarlos en la calle, los recortes en sus prestaciones. A los grandes partidos les tenemos que agradecer vernos con unas hipotecas que ya han dejado sin techo a casi 500.000 familias pese a que hay unas seis millones de viviendas vacías en España. Han sido ellos los que han saneado las cuentas de los bancos que, mientras recibían dinero público, despedían trabajadores y desahuciaban personas. La privatización de la sanidad, también es cosa suya, igual que lo es que la educación pública haya perdido el pulso frente a la privada. Ellos han sido los que han arropado a un Rey escogido por Franco, no votado por nadie y que tiene la Corte como el patio de Monipondio. El sistema electoral que les beneficia, también es cosa suya; igual que lo es la justicia repartida a cuotas. Por su culpa nos hemos quedado sin verdaderos medios de comuncación públicos, la información no pasa de ser una mercancía y el periodismo, una profesión incómoda. Nada de todo esto es fruto de la casualidad, todo se ha hecho con sus votos, con su defensa encendida, con su absoluta implicación.
Ellos son los mayores responsables de que los jóvenes más preparados hayan de emigrar, de que el futuro de nuestros hijos nos tenga en un ¡ay! y de que la zozobra nos venza. Han conseguido situar a la clase política, es decir, ellos mismos, como el tercer problema de los ciudadanos pero siguen presentándose como la única solución posible.



Lo que está sucediendo con la corrupción es tan inaceptable como representativo . Los casos explotan uno detrás de otro, el número de políticos imputados se acerca a mil, nadie en los grandes partidos cuenta lo que sabe, nadie tira de la manta, la justicia no avanza, nadie va a la cárcel, nadie dimite... pero todo huele cada vez peor. Ahora toca hablar de un "gran pacto anticorrupción" entre los dos grandes partidos. Dejar un pacto así en manos del PP y del PSOE es como dejar que la legislación antimafia la decidan las principales familias mafiosas. No tienen credibilidad ninguna. PSOE, PP y CiU, al menos a día de hoy, deberían callarse cada vez que se hable de corrupción y dejar que sean los demás quienes tomen decisiones. Los minoritarios deberían ser los responsables de redactar las leyes y ellos limitarse a votarlas afirmativamente. Ya sé que es una receta extraña en democracia pero mucho más extraño es que una democracia esté gobernada por una cuerda de presos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias Juliá por escribir certeramente lo que tantos pensamos.Mis sentimientos dispersos se amalgaman cada dia que leo tus cronicas.No le quito ni una coma a tu escrito.