domingo, 27 de enero de 2013

Lección de mal periodismo, la dan Moreno, Jiménez y "El País"

La "fugaz" portada de "El País" del pasado jueves con la falsa foto de Hugo Chávez.

Francamente no sé por dónde empezar. Así que, dado todas las críticas que han de venir a continuación, arrancaré reconociendo el ejercicio de trasparencia que ha hecho hoy "El País" al publicar el relato de los hechos que llevó al periódico a cometer el inmenso error de publicar el pasado jueves, una fotografía falsa del presidente venezolano, Hugo Chavez, entubado.
Lo que sigue es un análisis, en base al artículo "Relato de un error" firmado por José María Irujo y Joseba Elola, de la tremenda equivocación de "El País", de las malas prácticas que se destapan, de la falta de criterio de profesionales supuestamente muy cualificados y de las muchas contradicciones que se ponen de manifiesto. No voy a analizar el artículo sino lo que explica el artículo. Más allá de sus intereses económicos o sus simpatías ideológicas, "El País" siempre había mantenido un rigor profesional que lo destacaba de sus competidores. Por eso, lo sucedido esta semana ni tiene perdón, ni debería quedar así.
El trabajo de Irujo y Elola está bien pero a mi me ha asaltado el pensamiento de si no hubiera sido todavía mejor que este reportaje se le hubiera encargado a un par de los buenos profesionales que se quedaron en la calle después del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) aplicado recientemente en "El País".
Iré por orden.
El texto empieza reseñando que el director de "El País", Javier Moreno, estaba en Davos:

"Moreno está en Davos (Suiza) asistiendo al Foro Económico Mundial en el que se reúnen las élites sociales y económicas del planeta". 

La cuestión inicial que se plantea es qué hacía el director de "El País" en Davos. El escrito de Irujo y Elola menciona Davos como el sitio donde "se reúnen las élites sociales y económicas del planeta". No creo que el director de un rotativo deba incluirse en semejante grupo. Un director no es un relaciones públicas, por eso a un director se le consulta en los momentos de crisis y, precisamente, por eso hubiera estado bien que Moreno no estuviera en Davos.
En la primera conversación que, según recoge el artículo, mantienen el director adjunto, Vicente Jiménez, y Javier Moreno, aquel le anuncia la existencia de la supuesta foto de Chávez, le dice que está en venta, advirtiéndole que la imagen ha sido ofrecida primero a "El Mundo". Resulta, además, que el contacto con la agencia que hace la oferta, "Gtres Online", no es más que un comercial con quien contacta el Jefe de Fotografía en una comida para obtener más información...

"Luis Magán [jefe de fotografía] va a comer con el comercial de la agencia y lo va a intentar [obtener la información]".

... y que no permite ni siquiera que se le envíe la foto al director en Davos para que pueda formarse una opinión.

"... el comercial de la agencia, Manuel Montero, rechaza su difusión".

Vamos, todo de lo más oscuro. Todo muy poco profesional. Todo muy alejado del supuesto rigor profesional de "El País".
Incluso cuando finalmente puede ver la foto, Javier Moreno parece no entender la importancia de lo que lleva entre manos, ni cuál es su papel como director. Su comentario es:

"Me mostraron la fotografía montada sobre una cartulina blanca. Pedían 30.000 euros y respondí que no. Me parecía la típica subasta entre periódicos", recuerda Moreno, que sugiere ofrecer 10.000.

Respondió que no por 30.000 euros; 10.000 ya era otra cosa. Error: la cuestión no era el precio sino la foto en si.
Una vez vista la imagen de marras en Madrid, las dudas se mantienen. No existe ni siquiera la certeza de que el que aparece en ella sea Chávez. No es que todo lo que rodea la imagen esté lleno de interrogantes, tampoco está claro que el fotografiado sea Chávez.

"Magán sube con la foto al despacho del director adjunto, Vicente Jiménez.
-¿Esta agencia será de fiar, no?, le pregunta Jiménez.
-A mí me parece que es Chávez, le responde Magán".

 A estas alturas, no hay pues un solo dato objetivo que lleve pensar que se está ante una foto real.
Es preciso recordar aquí que el "Libro de Estilo" de "El País", todo un referente del periodismo en España, dice en su punto 1.24 que "el periodista trasmite a los lectores noticias contrastadas". Hasta el momento, no solo no había ninguna noticia comprobada sino que todos los datos son abiertamente sospechosos. Toda la cúpula directiva del periódico se ocupa de la cuestión y el antes mencionado Magán asegura a Irujo y Elola que:

"En esos momentos estamos manejando la sensación de tener una exclusiva mundial".

No sé como se puede tener esa sensación sabiendo que "El Mundo" tiene, según se asegura, la misma oferta sobre la mesa. En todo caso, se trata de una exclusiva mucho más de tipo comercial que periodístico. En este sentido, es pertinente plantearse también en este instante cuál es el verdadero valor informativo de la supuesta foto. Eso de la "exclusiva mundial" suena muy importante pero más allá de ser dudosamente respetuosa con la dignidad del enfermo, no sé que información aporta. Todo el mundo sabe que Chávez está mal, que tiene cáncer y que su estado es grave. Una entubación así no aporta dato alguno. Cualquiera en un quirófano ofrecería una imagen parecida, al menos a la vista del común de los lectores. Hay que recordar que el mencionado "Libro de Estilo" en su punto 1.39 especifica que: "las fotografías con imágenes desagradables  solo se publicarán cuando añadan información".


Una mujer leyendo un ejemplar que no llegó a ser retirado de esa primera edición de "El País"  del pasado jueves (Foto: Andrea Comas) 

El caso es que uno de los subdirectores, Jan Martínez Ahrens se reune con el famoso comercial que hace de intermediario y llega a la conclusión de que:

"El relato es francamente flojo, vago y difuso".

 Luego habla con el director de la agencia. La conversación que se transcribe es:

"-¿Te la han podido colar?, pregunta Martínez Ahrens.
-Me la han podido colar, responde Van Eyck."

Al final, Martínez Ahrens le pasa la información al director adjunto Jiménez. Le pasa, por tanto, nuevas dudas, más sombras, más interrogantes... pero el proceso no se detiene. ¿Qué les impulsa a seguir para adelante? A estas alturas ya no puede ser otra cosa que la obsesión por apuntarse una exclusiva. Tanta contumacia en no pararse a pensar, la ausencia de voces críticas entre tanto jefe parece la consecuencia de que la decisión de publicar ya está tomada y que no quieren que nada la haga descarrilar.
De hecho, el precio parece ser el único problema. Jiménez lo deja bastante claro a continuación cuando ya se ha llegado a un acuerdo sobre lo que se acabará pagando:

"Cuando pactamos el precio [15.000 euros] decidimos publicarla", recuerda el director adjunto.

El director Javier Moreno intenta eludir su máxima responsabilidad y dice que que le han dicho que la agencia confirmaba la veracidad de la foto, cosa que no se produce en ningún momento, al menos según se desprende del reportaje que estoy analizando "Relato de un error". Sus declaraciones a Irujo y Elola no se sostienen:

"En un momento dado me trasladan la convicción de que la agencia lo ha verificado, que la historia es buena, que vamos adelante. No me dijeron que había muchas dudas porque si hubiera sido así lo habría parado, pero como había incógnitas sin resolver le pedí a Vicente que en el texto se añadieran, como información adicional, las preguntas a las que no habíamos podido responder. No como cautela sino como información complementaria. Creí que lo más honesto era reconocerlo".

 La contradicción es flagrante. Dice que "no me dijeron que había muchas dudas" pero añade que dio órdenes de publicar la foto con "las preguntas que no habíamos podido responder". ¿Le parecerá eso pocas "dudas"? En cuanto a lo de la honestidad en reconocer las incognitas, es un error. No es cuestión de honestidad, es anterior, era cuestión de profesionalidad y de rigor. No se había comprobado nada.
De ser, por ejemplo, Angela Merkel la protagonista de la imagen, ¿se hubiera publicado? Yo diría que no... pero bueno, es solo mi opinión. Sigamos.
Moreno reconoce el error (¡faltaría más!) y acaba su argumento con algo que no pasa de ser una mala excusa sin base:

"Creíamos tener verificada una fotografía que no habíamos verificado".

¿Cómo puede ser que los más destacados directivos del mejor diario de España y uno de los más prestigiosos del mundo puedan creer que tienen verificada una fotografía sobre la que no tienen ni un solo dato que la autentifique? Estamos hablando de la cúpula directiva de "El País", ¿en que basaban su creencia? En todo caso en el reportaje de Irujo y Elola no consta nada en que la pudieran basar.
La apostilla con la que se acabó publicando la falsa imagen de Chávez, al parecer dictada por Moreno, refuerza todavía la falta de rigor que envuelve todo el proceso:

 "EL PAÍS no ha podido verificar de forma independiente las circunstancias en que fue tomada la imagen, ni el momento preciso ni el lugar. Las particularidades políticas de Cuba y las restricciones informativas que impone el régimen lo han hecho imposible".

 Es decir, se reconoce que no se ha verificado nada y se culpa implícitamente a las "particularidades políticas de Cuba [que] lo han hecho imposible". Este último extremo raya la simple mentira, ¿qué tendrán que ver las "particularidades cubanas" con todo esto si en ningún momento se hizo el menor intento de confirmar la autenticidad de la información con otras fuentes que no fuesen los que ofrecían la foto de marras. Además, en la columna que acompaña la imagen se colaban también dos datos falsos o, como mínimo, sin base alguna: se decía que la foto fue tomada "hace unos días", cuando no se tenía ningún conocimiento al respecto, y que correspondía a su tratamiento en Cuba, cosa que tampoco se había confirmado. Ambas afirmaciones eran necesarias para contextualizar la foto pero, quien lo escribió, tenía que ser consciente de que su texto no estaba apoyado en nada sólido.
Más allá de esto, lo que hubo fue un intento evidente que llevarlo todo en secreto porque se valoraba más la protección de la supuesta exclusiva que su confirmación. Pésimo periodismo. Hablar de error es muy benevolente ya que hubo muchas ocasiones de evitarlo. Hubo malas prácticas conscientes. La negativa a consultar al colaborador de "El País" en Venezuela, Ewald Scharfenberg, les deja en evidencia:

"Altares [redactor jefe de Internacional] propone hablar con el colaborador en Caracas, Ewald Scharfenberg, pero se decide no comunicarle la noticia por temor a que a través de la conversación telefónica se filtre la exclusiva".

O sea, que ante la posibilidad de que intentando confirmar la información se pueda filtrar la exclusiva se opta por no confirmar nada. Prueba evidente de que lo que más se valoraba era la exclusiva y no que fuese o no fuese cierta.
Luego ya todo se dispara. Se publica la imagen, de inmediato explotan los tuits advirtiendo del error, se da marcha atrás cuando ya es imposible. Vamos, el desastre se ha consumado.
Seguramente, si se hubiera consultado a Sharfenberg, éste les hubiera dicho que ya hacía dos días que la imagen en cuestión circulaba por Venezuela y que incluso la televisión pública cubana se había hecho eco de la existencia del falso vídeo del que se extrae la foto. En el reportaje de Irujo y Elola, Sharfenberg  asegura que:

 "Me pareció increíble que, algo que para cualquier venezolano era un timo, fuera en la portada de El País".

                
Este es el vídeo del "falso Chávez" que ya el lunes de la semana pasada comentó el periodista Walter Martínez en su espacio "Dossier" de "Venezuela TV" y "Telesur". Así lo explicaba Martínez en ese momento.

Dicho todo esto, no creo que se pueda desligar la metedura de pata de "El País" de lo que está sucediendo últimamente en este diario. Desde siempre, "El País" podía cometer excesos, se podía notar que, de vez en cuando, determinados intereses económicos, ideológicos o partidistas pasaban por delante de los criterios informativos a la hora de elaborar una noticia. Lo cierto es que pasaba bastante menos que en los medios de la competencia, de forma mucho menos evidente y, sobre todo, el producto, en general, igual que sus profesionales, mantenían una imagen de rigor y de rectitud muy superior al resto. Esto es lo que lo hacía el mejor, el más prestigioso, el más exigente y, también, el más exigido. Esto es lo que se ha roto en "El País" desde hace unos años. Sea por sus fracasadas aventuras multimedia, por su vulgares campañas promocionales, por sus escoradas posturas neoliberales, por la figura del presidente de PRISA Juan Luis Cebrián, por su extraña política de contratación de firmas, por su descapitalización profesional, por la precariedad laboral creciente, por su último ERE... el caso es que es esa imagen de rigor la que está hecha añicos. Lo de esta semana es una gota más. Saber que toda la cúpula estaba en el ajo y nadie levantó la mano para decir "¡qué coño estamos haciendo, nosotros somos "El País!" me hace pensar que nos esperan nuevos capítulos parecidos, igual de tristes, igual de ridículos.
Quizá no tiene nada de particular: el periodismo, tal como lo hemos entendido hasta ahora, está muerto y ya incluso "El País" parece reclamar un digno entierro, acordé con lo que fue y ya no es.

2 comentarios:

Antonio Rodilla dijo...

Enhorabuena por el artículo. Arcadi Espada escribió en su libro "Periodismo práctico" que las fotografías hay que "cogerlas por los pies". Y menciona a Susan Sontag, que habla de la necesidad de que toda imagen lleve uno. Y esta fotografía, cogida por ahí, se hace cenizas.

Como dices, parece que, de alguna manera, la cúpula de El País quiso creer que la fotografía era verdadera. Y ya sabemos que nuestros deseos sólo funcionan vistiéndolos de argumentos razonables. Así, quisieron vencer, no convencer. Ni siquiera convencerse a sí mismos.

Anónimo dijo...

Gracias, con menor detalle y más brevemente, he expuesto parecida opinión en algunas páginas webb.Me alegro de que la consulta de la cuenta de twitter de Javier Valenzuela me haya traído hasta esta aportación. En el blog de Ramón Lobo ya expliqué mi desacuerdo con su reflexión. Es verdad que Lobo está en una situación más delicada por su colaboración con la SER. Le veo también muy "pelotas" con el entorno de la Sexta. ¿ No aon cosas así las que terminan deslegitimando a gente de valía? ¿No corren en caer en peligros, (salvando las diferencias) en los que ha incurrido El País?.

Luis Martínez.