martes, 1 de enero de 2013

El discurso de la marmota vuelve por Navidad

            
En la película "El discurso del Rey", una anécdota, la tartamudez, da sentido a toda la historia que se cuenta. En el caso del Rey Juan Carlos, otra anécdota, la cacería de Botsuana, puede ser el principio del fin de su historia.

El Rey Juan Carlos necesitó en Nochebuena aparecer en un total de 25 cadenas para congregar alrededor de su discurso a 6'9 millones de personas. No voy a entrar en los contenidos de su perorata. Fue lo de siempre, un repaso por los temas de actualidad con la misma actitud de quien habla del tiempo en un ascensor camino de la planta 17 de un edificio de oficinas; todo lugares comunes, tópicos y discurso oficial políticamente correcto.  Sabemos lo que dirá antes de que empiece a hablar pero se fabrica una imagen de falsa expectación que solo pretende dar sentido a un hecho que no lo tiene: lo que diga el Rey no le importa a nadie, no influye en nada, no cuenta para nadie. Es un cortinaje más del teatrillo montado desde 1978 para mantener esa imagen de normalidad democrática que, luego, en  el día a día de cada cual, hace aguas por todos lados. Se recortan derechos, se pierden servicios básicos, las instituciones se llenan de corruptos, el gobierno nos miente, las televisones nos desinforman, salvamos a los bancos que nos deshaucian... pero no importa, nuestra democracia se fundamenta en los ritos, y los ritos perduran, cada cuatro años se vota y cada Nochebuena, discurso. Igual que los presidentes del Consejo General del Poder Judicial han de viajar en primera por "cuestiones de imagen"; faltaría más.
Las palabras navideñas del Rey Juan Carlos igual que llegan sin que nadie las necesite pasarían también desapercibidas si no fuera por la entregada labor de los grandes medios, esos que ya no dan abasto para mantener un sistema que se deshilacha por momentos. Son ellos los que se encargan de, una vez escuchado,  darle vueltas y vueltas a un discurso que no es más que un trámite para poder llegar  al discurso del año que viene. Se le ocurre a sus colaboradores escribirle, como en 2011, aquello de que "todos somos iguales ante la ley" y el "ohhhh!!!" resuena de despacho en despacho, de redacción en redacción y cubre la calle. Este año, a falta de alguna frase de este tipo, la gran novedad ha sido el marco.
El Rey ha hablado no desde el Salón de Audiencias, como era habitual, sino desde su despacho. Igual el traslado puede hacer variar el curso de la historia pero a mi, con perdón,  me parece una gilipollez. Atentos, dicen que se pretendía situar al Rey en su puesto de trabajo, en el "tajo",  para compensar esa imagen que se ha creado (que se ha ganado) de personaje ocioso y un punto  irresponsable que es capaz de irse de cacería a Botsuana, de tapadillo y con sus amigotes/as, mientras la economía española está en el punto de mayor asedio por parte de los mercados. La idea de colocarlo medio sentado sobre su mesa no sé si fue muy buena. Yo, lo miraba, y, en lugar de mesa, lo que veía es ese elefante abatido sobre el que el Rey se apoyaba para que el fotógrafo, oficial por supuesto, inmortalizara la escena.
El discurso de la Nochebuena 2012 del Rey Juan Carlos fue el menos visto de los últimos años. Repito el dato, fueron menos de siete millones de espectadores en un país de más de 47 millones de habitantes. La audiencia media de los ocho minutos y cincuenta segundos de mensaje fue del 64'4%. Dicho así parece mucho pero no lo es. 40 millones de españoles ignoraron al monarca. El seguimiento real respecto a la población (el rating) no pasa del 14'6, y eso con 25 cadenas emitiéndolo en paralelo. De cada diez personas con las que nos cruzamos por la calle, poco más de una se interesó por lo que que tenia que decir el Rey. Castilla-León fue donde se dio la mejor audiencia, un 79'6, y en Catalunya y Euskadi, la peor, un 57'7. La verdad es que tiene mérito estar delante del televisor en ese momento y, mientras 25 cadenas te ofrecen lo mismo, optar por algún canal alternativo, debe costar hasta encontrarlo. Ahora que tanto se habla de la "democratización de la monarquía", cosa que me parece un oxímoron del tamaño de la "nieve caliente", estaría bien que este 2013 probaran a emitir el discurso por una sola cadena, así empezaríamos a saber cual es el interés "real" que despierta. El referéndum sobre monarquía o república podría dejarse para 2014. Es más, lo podríamos hacer coincidir con el de la autodeterminación de Catalunya. Al modo italiano, agrupar consultas para ganar en democracia. No sé, igual serían demasiadas cuestiones a la vez para un país más acostumbrado a los decretos que a las preguntas.

1 comentario:

veneno dijo...

El rey reina pero no gobierna, el gobierno incapacitado por eutopa, la autonomia recibe sumisa el despacho de Madrid y la ciudadania silenciosa aplaude las unicas soluciones posibles. Colorin colorado este cuento no se ha acabado.