sábado, 1 de diciembre de 2012

Lo peor de Canal 9 está en despachos

                En el centro, Francisco Camps, entonces president de la Generalitat valenciana, y José López Jaraba (der.), director general de RTVV (Foto: Levante).

He repetido hasta la saciedad, en todo tipo de foros y ante todo tipo de públicos, que los trabajadores de Radiotelevisión Valenciana (RTVV), en general, ni hemos sido ejemplares, ni estamos en condiciones de andar por ahí sacando pecho. No se nos puede echar en cara falta de entrega, ni de esfuerzo, ni de dedicación en nuestros puestos de trabajo. Nuestro error ha sido la falta de compromiso con el sentido de nuestra tarea y con la razón de ser de la empresa. Todavía hoy es vergonzoso ver nuestros informativos,  y es evidente que los hacen trabajadores de la casa, malos periodistas. Igual que los papeles de las trampas económicas cometidas han pasado por mesas de trabajadores del departamento contable que les han dado el curso que tocaba y se han callado, en lugar de hacer una fotocopia y buscarle mejor uso. De todas formas, quienes desde fuera, y hartos con toda razón de la tele que pagan, critican la comodidad  y la falta de resistencia a los abusos de la plantilla de RTVV, podrían ir pensando qué hubieran hecho en nuestro caso o, mejor dicho, cuántas veces se han quemado ellos a lo bonzo ante una injusticia. Digo quemarse a la bonzo porque denuncias, lo que se dice denuncias, ha habido muchísimas y, sin ánimo de poner en marcha el ventilador de las culpas, eso que se llama la sociedad, si resulta que no se enteró de lo denunciado, igual es que tampoco es una sociedad demasiado atenta y ejemplar. En resumen, que centrar el juicio simplemente en la acción de los trabajadores es como mirar el dedo cuando alguien te señala la luna.
Voy a poner un ejemplo de análisis desenfocado. Hace unos días apareció en prensa que Canal 9 estuvo pagando durante dos años 10.325 euros mensuales por sus retransmisiones de las carreras de Fórmula 1 a un locutor llamado Víctor Seara. A principios del pasado mes de noviembre dejó de trabajar para la casa.  Cuando trascendió la información todo el mundo se llevó las manos a la cabeza: ¡10.325 euros, qué barbaridad! Una anécdota:  Pocos días después de la noticia sobre su sueldo,  Seara, de origen argentino y, por supuesto, castellanohablante, estuvo por la redacción de Canal 9 y, ante el estupor de quienes lo vieron, bromeó repetidamente sobre que se le caían los billetes del bolsillo de tan forrado como estaba y sobre lo famoso que se había hecho desde que su nombre había salido en prensa. El mencionao locutor, además de un más que discutible sentido del humor, tiene también una noción muy laxa de lo que es la televisión pública. Por eso, en sus últimos programas en Canal 9 no era extraño verle hacer las entrevistas ante unos grandes cartelones de un circuito de karts que es de su propiedad. Sería que, por si alguien pudiera considerar que la información que ofrecía no era gran cosa, un poco de publicidad, suya, claro, podía ir bien para completar.
Dicho todo esto, y aquí empieza lo importante, Seara ni entró en Canal 9 saltando la valla, ni falsificó las firmas de su contrato, ni se llevó más de 10.000 euros mensuales colándose de noche en el departamento de nóminas, ni se mantuvo en su puesto de trabajo poniéndole una pistola en la cabeza a alguno de sus jefes. Nada de eso. Si Seara cobraba es porque alguien le pagaba.  El locutor apareció por Canal 9 al rebufo de esa megalomanía del president Camps que metió a la cadena en unas retransmisiones de la Fórmula 1 tan inútiles como caras. Ecclestone quería más y más, Camps era su vasallo y los vasallos de Camps, incluyendo a los que tenía en Canal 9,  eran todos tan pelotas que nadie dijo nada. Se necesitaban narradores para las retransmisiones y el tradicional provincianismo valenciano acomplejado nos llevó a apostar por el último de los componentes del equipo que hacía la F-1 en Telecinco. El clásico fichaje estrella que acaba estrellado. De nombre, Víctor Seara. Se coló en las pantallas de Canal 9 de la mano del director general de RTVV, José López Jaraba, que sigue en el cargo. Sus más de 10.000 euros al mes se los pagó Jaraba, con el beneplácito del entonces secretario general Vicente Sanz. Ellos pagaban. Con el dinero de todos, ellos cumplían con ese escandaloso contrato. Cómplices de ese abuso fueron la entonces directora de Canal 9, la hoy consejera de Turismo de Alberto Fabra, Lola Johnson; su jefa de Informativos, Maite Fernández, y su jefe de Deportes, Alberto Gil, en la actualidad jefe de Comunicación del Levante U.D. Cuando piensen en el atraco a las arcas públicas que supone semejante sueldo, no piensen en Víctor Seara sino en quienes lo hicieron posible. Y la cosa siguió. Seara no se mantuvo en su puesto contra la opinión de los nuevos responsables que fueron llegando. En Canal 9 se sobrevive diciendo siempre que sí y los inquilinos de despachos aplican la doctrina a rajatabla. Todos estaban encantados o, al menos, hacían como si lo estuvieran; empezando por el nuevo secretario general, Juan Prefaci, quien ahora pilota el rocambolesco ERE en RTVV que va camino de ser el más denunciado de la historia. Al locutor de la F-1 le respetaron su contrato, y le rieron las gracias, sus jefes sucesivos: Luis Redondo, como nuevo director de Canal 9, que incluso viajó con Seara a Brasil, acompañados por el supuesto responsable de la F-1 en la cadena, José Mascarell; Salud Pedrós, que sustituyó a Fernandez al frente de informativos, y Carlos Egea, como superior directo  y responsable inmediato de su continuidad, ya ligeramente por debajo de los 10.000 euros, desde la jefatura de Deportes.
Si se entiende el "caso Seara" se puede entender lo que ha sucedido durante los últimos años en RTVV. Las explicaciones y las causas de los desastres nunca están en lo que se ve. Cebarse en aquello que no son más que consecuencias es pura miopía. Lo que no se puede pasar por alto son todas las decisiones que se han tomado/obedecido en los despachos y que han llevado la empresa a la bancarrota. Ese es el nucleo del mal. La miopía lleva a culpabilizar a los trabajadores y  no a los directivos, los verdaderos verdugos, que, por cierto, serán los que sobrevivirán al ERE. Todos los nombres que han aparecido en este artículo seguirán en Canal 9, para poder seguir con sus abusos, con sus arbitariedades y su desprecio a los ciudadanos que les pagan. Que conste en acta para que quienes  hoy cargan contra los trabajadores tengan a quien señalar cuando todo siga igual o peor por más que 1198 personas lleven ya un buen tiempo en el paro.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicidades. Verdades como puños, escrito con serenidad y conocimiento de causa.

Rosa dijo...

Y lo más increíble de todo esto: ninguno de ellos se siente responsable de lo que han hecho ni de lo que está sucediendo ahora. Todos desde el primero hasta el último se parapetaban y se siguen refugiando en el conocidísimo slogan de la cadena: "órdenes de arriba". Ellos eran/son "arriba".

Anónimo dijo...

Lo siento por vosotros pero Canal 9 está lleno de gente, la gente se ha pasado años y años callada, solo ha habido movilización cuando ha habido peligro (de privatización con Zaplana y de ERE ahora). Nadie echará de menos Canal 9, debisteis pensar en eso antes. Y perdona veo como hacen consejeros de admon. a gente como Rosa Solbes (divina a la que conozco bien), a Chelo Miralles (presentadora que venden como periodista y a la que nunca he oido una sola crítica) o Chardí (que mucha Universitat pero jamás ha denunciado nada) y veo que la oposición haría lo mismo que el PP. En resumen, lo siento por vosotros pero mi hermano es dependiente y no cobra.

Conxa dijo...

Anònim 2: Si no has sentit a Xelo o llegit a Chardí és que no tens bones fonts d'informació, jo els he escoltat i llegit, i si no els hagueren castigat cara a la paret el teu germà hauria eixit denunciant la situació d'impagamemt en portada en l'informatiu de Canal 9

Anónimo dijo...

No, no he sentit Chelo, ¿on ha escrit? Jo nomes la he vist presentar sense quejar-se mai. Chardí, ¿que ha escrit sobre la TV? Rosa Solbes, la llisc en El Pais i nada de nada. Pero és igual, si no entendeis lo que piensa la gente de la calle de Canal 9 os podeis seguir engañando.