jueves, 13 de diciembre de 2012

Llegar, firmar, arrasar y jubilar(se)

Alejandro Reig, nuevo director general de RTVV. No se conoce un caso como el suyo: no tiene otra tarea que despedir a 1.145 personas. Llega con la lista hecha, firmará y cuando lo haya hecho se irá. ¿Qué tiene que haber tras esa sonrisa de la foto para acceptar un puesto en estas condiciones?¿Qué falla para que se den este tipo de personajes en la administración pública?¿Cómo han de ser los políticos que les nombran? (Foto: Efe/Leonhardt)

Es mentira. No es cierto que Alejandro Reig de Rocha (con este segundo apellido estaba cantado que había de aterrizar aquí) no sepa como funcionan los medios de comunicación y, en concreto Canal 9. Reig, la persona que ha acceptado el papel de "despedidor máximo" de Radiotelevisión Valenciana (RTVV) por encargo del president de la Generalitat, Alberto Fabra, ha tenido incluso su día de gloria en Canal 9. Fue un martes, día 8 de junio de 1999. Acababa de dimitir como director de la empresa pública Vaersa y Canal 9 fue de lo más generosa con su abandono. ¿Canal 9 cubriendo una dimisión de un alto cargo de una empresa de la Generalitat? ¿Raro, verdad? Pues sí, los informativos de Canal 9 trataron su caso con esmero. En la noticia de la edición nocturna no solo salía Reig explicando su dimisión sino que se le añadía el entonces conseller de Economía José Luis Olivas (ufff) para decir que sí, que la dimisión estaba del todo justificada.  Recuérdese que en aquella primera legislatura de gobierno conservador  en la Generalitat, el ejecutivo era un "bipartito" PP-Unió Valenciana (UV) en cumplimiento de lo que se llamó "el pacto del pollo". Reig dirigía Vaersa dentro de la cuota de UV y dentro de una consellería de los regionalistas. Así que la suya era un dimisión "contra" un conseller de UV y, además, denunciando supuestas irregularidades en un concurso público del que luego jamás se supo. Demasiado para aquel Canal 9 que dirigía Jesús Sánchez Carrascosa. ¿Y qué otra particularidad tenía la dimisión de Reig? Pues que se producía exactamente a cinco días de las elecciones autonómicas de 1999 (aquellas que el PP ganó por mayoría absoluta y barrió a su socio de gobierno). A solo cinco días de pasar por las urnas, Reig dimitió, criticó y denunció al conseller de Unió Valenciana, abandonó el partido, se dejó entrevistar por Canal 9 y, para rematar, se pasó al PP. Todo en dos días. Ni que decir tiene que los populares no cabían en si de gozo y, claro, utilizaron Canal 9 para que todo el país fuera partícipe de la buena nueva.
Este es Alejandro Reig de Rocha el hombre que llega a RTVV para sentarse en una mesa y empezar a firmar despidos hasta que le quede un brazo como el del tenista Rafa Nadal y, después, irse a su casa a disfrutar de la jubilación para la que le queda apenas un año. Los que le conocen aseguran que Reig es lo que se conoce como un "bon vivant", así que lo de disfrutar de la jubilación nunca estuvo mejor dicho. Para no decepcionar a los incondicionales, y ser fiel con su trayectoria respecto a RTVV, Fabra nombrará a Reig en base a una ley derogada y despreciando la vigente; le pondrá el cartelito de "provisional" para que no intervenga ni el Consejo de Administración pero, al mismo tiempo, tendrá poderes desde el minuto cero para su tarea de limpieza. Así espera Fabra burlar la ley  y nombrarlo sin nombrarlo. Cuando un gobierno  maquina trampas para escapar de la legalidad sin necesidad de cumplirla solo tiene una lectura:  no son demócratas y tienen pésimas intenciones. No es nada nuevo pero me sorprende que, a estas alturas, con la que se les viene encima, sean tan malvados, tan torpes y tan evidentes.
La carrera profesional de Alejandro Reig ligada a cargos políticos empezó en 1992. Venía de desempeñar diferentes puestos directivos en la empresa hortofrutícola Pascual Hermanos y, después, estuvo en el Banco Urquijo. Desembocó en el ayuntamiento de Valencia de la mano de Unión Valenciana. Reig era del sector de Társilo Piles, en ese momento, uno de los hombres de confianza del líder de UV, Vicente González Lizondo. Alejandro Reig fue nombrado director general de la empresa de rehabilitación del casco histórico, Valencia Antiga. El gerente de la sociedad era el hoy conocido empresario inmobiliario, y muy ligado al mundo de las Fallas, Juan Armiñana. Reig duró menos de un año en el cargo. Entró en enero y lo dejó en noviembre.
A la que la derecha, en 1995, ganó al PSPV-PSOE en las elecciones autonómicas, y con el pacto PP-UV, Alejandro Reig volvió a la administración. De la mano de su partido de siempre, UV, aterrizó en la empresa pública Valenciana de Aprovechamiento Energético de Residuos SA (Vaersa). Allí estuvo hasta la ya comentada dimisión en 1999. Durante ese periodo no se le recuerdan más que polémicas. A nivel de dirección efectiva su paso dejó poca huella. De hecho, cuando dimitió, su cargo estuvo vacante casi dos años y la empresa siguió funcionando con normalidad. En el tiempo que permaneció al frente de Vaersa, Reig fue acusado de invertir dinero sobrante de la empresa en el paraíso fiscal de Islas Caimán a través del Banco Urquijo, una práctica de la que el propio PP había afeado en su día a los socialistas. La cantidad invertida rondó los cinco millones de euros (unos 800 millones de pesetas de la época). Una de las primeras denuncias del Comité de Empresa de Vaersa fue que Alejandro Reig había sido el responsable directo del despido de dos trabajadores con experiencia en la casa para colocar a dos líderes locales de UV de Cocentaina y Alcoi. Las críticas de clientelismo siguieron y se llegaron a denunciar hasta 30 casos de militantes valencianistas que habían sido contratados por Vaersa en esos primeros meses de gobierno.
De todas formas, su actuación más sonada fue cuando intentó sustituir a más de 200 trabajadores de las brigadas contraincendios por nuevo personal. Pese a que el convenio les reconocía preferencia para seguir en sus puestos, Reig intentó el relevo en base a unos simples tests psicotécnicos que debían pasar igual los aspirantes que los que ya habían ocupado las plazas. Las protestas se sucedieron y el plan de sustitución en masa quedó en nada. Luego se fueron haciendo contrataciones puntuales pero sin despidos. Todo sucedía en marzo de 1997. Durante la polémica, Alejandro Reig liberó de toda responsabilidad al entonces conseller de Medio Ambiente, José Manuel Castellá. "El conseller no tiene nada que ver con esto", declaró  Reig. Tanta fidelidad se resquebrajó dos años después. De golpe y por sorpresa, con la convocatoria del mencionado concurso para contratar una campaña publicitaria. Su dimisión fue oportuna y sonada. En realidad fue un caso más del inmenso transfugismo que se dió en aquellos años desde Unió Valenciana al PP. Entonces el conseller Castellà definió a Reig como "agente doble" y "un capítulo más en la compra de voluntades por parte del PP".
Lo cierto es que el PP no tardó en contestar. Una vez tomó posesión el nuevo gobierno, el president de la Generalitat, Eduardo Zaplana, colocó a Alejandro Reig al frente de la entidad pública de promoción de suelo industrial Sepiva, desde donde pilotó la privatización de las ITV a mayor gloria del negocio del entorno del partido. Casi seis años después aterrizó en la Fundación de la Ciudad de las Artes y las Ciencias  a la que ha dejado en fase de liquidación. Así hasta ahora.  Siguiente estación, fin de trayecto: RTVV.
Quienes han trabajado con él definen a Reig como un hombre de trato fácil pero absolutamente obediente a las órdenes que recibe "desde arriba", un directivo que nunca toma decisiones por su cuenta y que trabaja al dictado. Hombre hábil y profesional obediente, Reig llega a RTVV con el objetivo de prestar el último servicio al partido que debe los últimos 20 años de su carrera profesional y a quien, a buen seguro, también le deberá la dorada jubilación que le espera. Me temo que solo los nubarrones judiciales que se le acercan pueden amargarle un poco su plácido retiro... pero seguro que eso también lo tiene controlado y le compensa.

2 comentarios:

Ciutadà Poblavallbona dijo...

molt bon article!!!!

Luis Lizarán dijo...

Señoría, yo no sé nada de televisión...
Hace falta ser muy indecente para dirigir una empresa sin tener ni idea de lo que diriges, y además despedir a cientos de trabajadores.