martes, 18 de diciembre de 2012

La ola

Casi siempre coincido con el sociólogo Manuel Castells. Hoy firmaría a pie de documento su entrevista en "El País" pero el titular ("La izquierda ha desaparecido") me parece equívoco. En este sentido, la selección del título puede haber conseguido llamar la atención pero no apunta en la dirección correcta. De lo que Castells habla es de la crisis de la izquierda, y las cosas que están en crisis no tienen porque haber desaparecido.
La izquierda no ha desaparecido; continúa existiendo en todo el mundo, también en España. Otra cosa es que, a día de hoy, sean las ideas más de derechas, más neoliberales y más fachas, las que se estén imponiendo a nuestro alrededor sin que los partidos que, tradicionalmente, se consideraban representantes de la izquierda parezcan tener nada que decir. Igual es que muchos de ellos eran bastante menos de izquierdas de lo que presumían. Nuestro PSOE, por ejemplo. Cómo no ha de haberse convertido el PSOE en un instrumento inútil para la izquierda cuando desde el gobierno se ha comportado como un simple instrumento de la derecha, eso sí, con una pátina de progresismo en lo social.
Pero la izquierda existe. Es más, ante la evidencia de que las cosas no funcionan, cada vez resuenan más actitudes y argumentos que no defienden darle una capa de modernidad o sensatez al sistema económico y político vigente sino que hablan de superarlo. Es como una gran ola que se acerca. Se trata de acercar el poder al ciudadano, gobernar con él. Ya está bien de legislar en perjuicio de la gente con el argumento de que, a medio plazo, los beneficios serán generales. Nos mienten. Contra esa mentira es contra la que se rebela la izquierda. Los sacrificios de hoy no son las ventajas de mañana. Los sacrificios de hoy no son más que un reparto injusto de las rentas. Los sacrificios de hoy se agotan en si mismos, no tienen otro sentido que enriquecer a los que ya eran ricos a costa de empobrecer a todos los demás.
Por tanto, y para no confundir, solo hay discurso de izquierdas allá donde se proponen cosas valientes y atrevidas, no políticas cosméticas sino alternativas transformadoras. La Constitución Española ya no da para más. Es preciso concretar medidas económicas que lleven el dinero de donde está, aunque sean paraísos fiscales, a los bolsillos de las clases populares. Es preciso reforzar los servicios públicos. No sobra "estado del bienestar", lo que sobran son defraudadores fiscales y leyes a su medida. De ésta no salimos con competitividad sino con cooperación, entre todos; repartiendo rentas y repartiendo sacrificios. No puede ser que los jóvenes más formados se tengan que exiliar, que se vayan quienes no acepten pagar impuestos y quienes quieran explotar a los trabajadores, ya veremos a qué rincón del mundo se llevan su miseria moral, a ver si les compensa.
El sistema no da para más pero su resistencia es fuerte. Hemos llegado a su columna vertebral, la estructura financiera, y ahora la batalla ya es a todo o nada. Cuentan con el miedo de la gente, con su resistencia a las aventuras pero incluso eso ya tiene las horas contadas. Su caída será lenta pero es segura. Disponen, todavía, de un muro de contención poderoso, se llama sistemas electorales en combinación con los grandes medios de comunicación. Su tarea es procurar que todo siga como siempre, crear la imagen de que todo el mundo tiene cabida en el sistema y de que todo se puede resolver en él. Ya no cuela. La nave presenta vías de agua por doquier. Miramos las bancadas del Congreso y cada vez hay más voces discordantes. Ni el sistema electoral puede bloquear su llegada a los escaños, ni el silencio de los grandes medios consigue hacerlos invisibles. El malestar popular es mucho más fuerte de lo que se refleja en los datos electorales. Una par de cuestiones: ¿cómo hubieran sido de diferentes los resultados de las últimas elecciones catalanas si Convergència i Unió hubiera tenido la misma presencia en los medios que, por ejemplo, la CUP? ¿Por qué la presencia en los medios siempre depende de los resultados anteriores? ¿Es para garantizar la estabilidad? ¿Qué estabilidad? La de los puestos de trabajo no será; ni la del disfrute de una vivienda, ni de unos derechos sociales mínimos... entonces, ¿de que estabilidad estamos hablando? La única estabilidad que les perocupa es la del reparto de rentas. Lo dicho, nos mienten.

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