domingo, 25 de noviembre de 2012

Una Catalunya más plural, más de izquierdas y un poco menos española

Caras largas cuando Artur Mas ha salido a comentar los resultados de CiU (Foto: Lluís Gené)
 
Todavía veo las televisiones ardiendo en tertulias cuando me dispongo a escribir mi primer resumen de la jornada electoral del 25N en Catalunya.
Empecemos por lo obvio. La victoria de CiU ha sido una derrota. Mas vio en la manifestación del 11S la plataforma para reforzar su gobierno, disolvió el Parlament, convocó elecciones y sale de ellas más débil de lo que estaba.
Mas ha perdido. Yo creo que debería dimitir pero no es lo fundamental. Ha perdido "su" proyecto soberanista pero no ha perdido "el" proyecto soberanista de Catalunya. Catalunya ha dicho que sí a más soberanía, que adelante con el proyecto independentista pero que Artur Mas y CiU no pueden ser sus abanderados, que no se fían, que estamos ante un proyecto mucho más compartido. Por supuesto, no creo que las elecciones hayan sido inútiles. Yo creo que el resultado es muy significativo. Unas elecciones nunca son inútiles.
Catalunya sale de estos comicios con su mensaje reforzado. Ha votado casi un 70% del censo. Inmenso.
El mensaje resultante es que Catalunya está por avanzar en el proceso hacia un mayor, muy mayor, soberanismo. Los soberanistas han crecido 380.000 votos; los contrarios, 190.000, si incluimos a los socialistas. Aunque sean los más españolistas los únicos que multiplican por tres sus diputados, Ciutadans que pasa de 3 a 9, su considerable presencia no pasa de ser testimonial. Además no se puede decir que lo que pierde CiU lo gana ERC y que,por tanto, todo sigue igual. No es verdad, los votos de ERC "pesan" mucho más independentismo que los de CiU. De hecho a los convergentes seguramente se les ha cobrado su fe del converso, su poca credibilidad, su oportunismo independentista; ya se sabe entre el original y la copia... Parece mentira que lo haya entendido mejor la prensa extrajera que la de Madrid.

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) muy reforzada de los comicios y es, por primera vez, la segunda fuerza del Parlament (Foto: TVE)

Con la fuerza de ese 70% de participación, el mapa político catalán se hace mucho más plural. No se fragmenta, ese es un análisis premeditadamente en negativo, lo que se hace es más plural, más democrático incluso. Las diferencias entre los partidos se acortan. Pierden los grandes y ganan los pequeños. Es verdad, la gobernabilidad es más complicada pero el Parlament nuevo es más representativo, más equlibrado.; para gobernabilidad sencilla, las dictaduras. La cámara catalana también se polariza. Los que retroceden son los más "centrados", en cambio los que suben lo hacen por posiciones más cercanas a los extremos, lo cual no es sinónimo general de extremismo. En este sentido, la aparición de la Candidatura d'Unitat Popular (CUP), los más de izquierdas, los más independentistas y los más alternativos,  no puede ser obviada ya que han armado su candidatura sin presencia en los medios, sin dinero y sin casi tiempo. Han entradopor la puerta grande, aunque mantienen que ellos seguirán haciendo la política en la calle.

 
David Fernández, el número 1 de la CUP por Barcelona, en su primera comparecencia pública después de conocer los resultados (Foto: EFE)

Más cosas, y muy importantes. Sube la izquierda y baja la derecha. La izquierda gana unos 600.000 votos (ERC, Iniciativa y CUP); en cambio la derecha pierde 140.000 (CiU, Solidaritat y PP). En posiciones discutibles ideológicamente PSC y Ciutadans, juntos, representan una mejora de 110.000. Incluso colocando a los socialistas (retroceden 60000 y van camino de la insignificancia) con la izquierda y a Ciutadans (avanzan 170.000 con la derecha), la izquierda seguiría teniendo, de largo, un crecimiento indiscutible. Tal dato es muy importante ya que Catalunya ha dicho muy claramente no a los recortes. Este es otro de los mensaje poco discutibles. De eso ha de tomar nota Mas, pero también Rajoy, y Fabra en Valencia, González en Madrid, etc...

Ciutadans, el partido con un discurso más marcadamente españolista, es proporcionalment el que más sube, pasa de 3 a 9 escaños, aunque sin capacidad de ser decisivo (Foto X. Cervera)


Claro que a CiU se le complica la composición de su gobierno. Se le complica incluso la investidura. De todas formas, los grandes problemas de Más no vienen por el lado de avanzar hacia el referéndum que lo apoyan 107 de los 135 diputados del Parlament. Donde Mas está en un buen lío es en cuanto a la política a aplicar en el día a día. ¿Con quién pactará los nuevos recortes? ¿Habrá nuevos recortes? ¿Los acordará con el PP? ¿Convencerá a los socialistas? Estas son las arenas movedizas de los convergentes.
Mas ha apuntado claramente a ERC como principal implicado en facilitar la gobernabilidad pero con los republicanos se entenderá relativamente fácil cuando hable de banderas pero, seguramente, no tanto cuando tengan que decidir cuestiones relacionadas con la cartera.
Por último, ¿alguien se acuerda de las denuncias de las cuentas en el extranjero de Artur Mas? Ya nadie. El tema  ha servido para lo que ha servido: para  nada. Madrid y el PP de Mariano Rajoy  tienen hoy un problema territorial mucho mayor que el anterior a las votaciones, el mapa parlamentario se les ha movido a peor, con una mayoría absoluta de Mas hubieran estado más cómodos, pero no lo han conseguido. Ni poniéndolo en el disparadero como si fuera el gran enemigo de España han logrado hacerlo un líder indiscutible para los catalanes. Desde mañana el gobierno de Madrid, pero también el PSOE de Rubalcaba, tienen un buena piedra de toque para poner a prueba su capacidad de diálogo, su talante democrático y su cintura negociadora. Las primeras palabras de la secetaria general del PP, María Dolores de Cospedal, no hacen albergar grandes esperanzas. Siguen con lo retahila de reproches y su miopía. Me temo, pues,  que suspenderán claramente esta nueva prueba y lo pagaremos con más tensión, más ruido y menos futuro. Los grandes partidos seguirán demostrando que su tiempo ya ha pasado, que las mayorías absolutas y absolutistas han  ya son historia y que toca entenderse con generosidad y sentido común. O sea, que nace un nuevo horizonte en el que los diplodocus partidistas no volverán a ser lo que eran. Tanto da que se llamen PSOE, como CiU, como PP.

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