martes, 20 de noviembre de 2012

Un lujo periodístico entre la masacre


Un palestino se despide de un familiar muerto en un hospital de Gaza después de un bombardeo israelí (Foto: Bernat Armangué. AP).

El periodismo está lleno de decisiones que teóricamente, solo teóricamente, tienen como criterio principal el interés informativo de las noticias que se ofrecen. Estar donde toca estar, saber lo que toca saber y hacérselo llegar de forma inteligible a la ciudadanía, ese es el deber del periodista. No es especialmente complicado. Bueno, se da la circunstancia de que las dos primeras fases (estar y saber) son las profesionalmente complejas pero es en la tercera (transmitir el trabajo) donde, pese a ser lo más simple, el proceso se complica. En esta tercera estación es donde aparecen más claramente las múltiples presiones que distorsionan el mencionado "modus operandi". Son los intereses ocultos: desde la voluntad del empresario de ganar el máximo dinero posible hasta el deseo del político de poner la información a su servicio, pasando por el uso de la información como chantaje. Puede pasar que lo descubierto acabe censurado, manipulado o que su presentación no responda al interés informativo sino que, a lomos del sensacionalismo, se valore más la forma que el fondo, aún a riesgo de desenfocar la propia noticia.
El antiperiodismo está lleno de ejemplos vulgares, de manipulaciones toscas, de censuras vomitivas... pero este artículo no va de esto: ni del periodismo basura de diarios como "La Razón", "ABC" o "El Mundo" que todo lo ven "según" afecte a lo suyos o a los demás; ni de los estrambóticos textos sin firma con los que "El País" nos sorprende de tanto en tanto para defender los negocios del grupo o las decisiones de sus directivos; ni de los gabinetes de propaganda a costa del erario público tipo Canal 9, Telemadrid o Televisión de Castilla-La Mancha; ni del periodismo en campaña de TV3; ni del TDT Party.
Quiero traer aquí un ejemplo de juicio informativo impecable en relación a un tema informativo importante: los bombardeos y matanzas de Israel sobre Gaza. Se refiere a la foto que encabeza este artículo y que es obra del fotoperiodista francés Bernat Armangué (aquí algunos de sus trabajos). David Airob, fotoperiodista de "La Vanguardia" cuenta en su blog como seleccionó la fotografía para su periódico y donde considera él que está el valor informativo de la instantanea:

"esa imagen no precisaba enseñar más. Las manos del hombre sosteniendo con ternura la mano del fallecido y besándola, aportaban toda la información. No eran necesarios más elementos".


Las imágenes de guerras, de muertos, de sangre, de desgracias son muy golosas para los medios. Lo espectacular, lo que conecta directamente con las vísceras sin pasar por el cerebro, está muy valorado. En el caso que nos ocupa queda claro que no siempre es así, y eso está muy bien.
Airob también reproduce lo que el propio Armangué le explicó por mail sobre el proceso de realización de la foto:

"Estaba en la morgue fotografiando los cadáveres cuando de repente entraron un grupo de personas y rodearon a un familiar muerto. Hablamos de personas y por lo tanto hemos de observarlas. Llantos, gritos, y besos de despedida fueron algunas de las cosas que sucedían allí dentro.

Vi como ese joven abrazaba la mano con mucha ternura, la acariciaba, y le daba un último beso. Lo fotografié y marché".

La foto, ayer, fue portada en multitud de periódicos de todo el mundo. En "La Vanguardia" abrió la sección de Internacional, en la página tres. En resumen, un episodio de buen periodismo y, encima, explicado desde dentro. Un lujo.

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