viernes, 2 de noviembre de 2012

Telemadrid y Canal 9, testigos de cargo del PP

Ignacio González (izq.) y Alberto Fabra justifican los EREs en sus televisiones autonómicas con idéntico argumento: "ERE o cierre" (Foto: R. Mondelo)

El funcionamiento de los medios de comunicación públicos es una de las pruebas más evidentes del nivel de honradez y competencia de un gobierno. Lo es porque, a diferencia de otros ámbitos de gestión, las televisiones llegan cada día a nuestros hogares y, por tanto, es fácil darse cuenta de su su calidad, pluralidad, manipulación o sectarismo. En las políticas industriales o urbanísticas, por poner un ejemplo, es necesario  saber de la materia o hacer acopio de documentación para llegar a conclusiones. En el caso de la televisión, no. En televisión, basta con sentarse en el sofá y mirar. Se nos puede escapar algún detalle pero, en general, muy rápidamente nos percatamos de lo que se nos ofrece.
La mala televisión puede ser difícil de definir pero todo el mundo la detecta cuando está ante ella. Cuando nos mienten también se nota. Igual no le damos todo el valor que tiene, pero lo notamos. No caemos en la cuenta de que cuando nos sirven información manipulada nos están intentando robar el voto y, es evidente, que quien roba votos, cuando tiene ocasión, también roba dinero.
Así las cosas, Canal 9 y Telemadrid son indiscutibles testigos de cargo para el PP. Se trata de dos televisiones hundidas en el desprestigio social, en la falta de audiencia y en el déficit desbocado. Sus productos son profesionalmente indignos, democráticamente inaceptables y económicamente indecentes.



No es casual, pues, que ambas empresas se hallen en un proceso de Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que pretende llevarse por delante a tres cuartas partes de sus plantillas respetando, eso sí, a los directivos que, dicho sea de paso, son los responsables directos del desaguisado. Tampoco es casualidad que los máximos responsables políticos de las dos autonomías, ambos del Partido Popular, usen el mismo argumento para defender la necesidad del ERE: "Tenemos que elegir entre un ERE o cerrar".
El presidente madrileño, Ignacio González, ha dicho textualmente: "Si conseguimos hacer un ERE que nos permita mantener el servicio, lo haremos externalizándolo; si no podemos hacerlo, tendríamos que plantear en su caso el cierre". El discurso del gobierno valenciano es idéntico. Su vicepresidente, José Císcar, calca las palabras de González:  "la alternativa al ERE es el cierre" .
Lo primero que se debería recordar es que en ambos casos, el PP lleva ni más ni menos que diecisiete años gestionando las cadenas en cuestión y que, por tanto, si las empresas han llegado al borde de tener que cerrar es por su pésima administración. Éste es un detalle que pertenden obviar. El president de la Generalitat valenciana, Alberto Fabra, se defiende diciendo que "en ningún caso hay que hacer balance de lo que pudo haber sido y no fue porque en ninguna actividad, ni los medios de comunicación, ni la empresarial, ni la familiar, pasaría la prueba del algodón". González no va más allá de decir que la publicidad  "ha caído mucho" .
La grave es que no solo se han cargado dos empresas, también se han llevado por delante un servicio público esencial para la comunicación democrática y la información plural. Las leyes que en su día crearon tanto Canal 9 como Telemadrid se basan en la necesidad de medios públicos que garanticen a la población un mínimo de información y cocimientos de la realidad que les permita ejercer de ciudadanos en democracia. Informar y vertebrar a una sociedad por encima de los intereses empresariales que puedan defender los medios privados, ese era y es el sentido de Canal 9 y Telemadrid.Otra cosa es que alguna vez hayan cumplido las leyes que alumbraron su creación.
En Valencia y en Madrid, que es lo que aquí me ocupa, el Partido Popular nunca ha tenido el más mínimo interés por cumplir el sentido de sus medios de comunicación públicos. Estos medios han sido siempre extensiones de sus gabinetes de prensa, plataformas desde las que cuidar la imagen de sus presidentes de turno, llámense Gallardón, Aguirre, Zaplana, Camps... y hoy Ignacio González y Alberto Fabra.



Lo que sucede es que ahora la situación económica es tan grave, con la administración perseguida por acreedores de todo tipo y condición, que las televisiones públicas pueden acabar siendo el pagano de tan pésima gestión política. Antes de cerrar hospitales o escuelas, es mucho más sencillo cerrar televisiones. Servido con un poco de demagogia, la gente lo aceptará sin rechistar. El nivel de desprestigio de Canal 9 y Telemadrid es tan grande que nadie las echará de menos. Justificar la existencia de medios públicos que compensen el brutal desequilibrio informativo a favor del pensamiento de derechas y conservador  precisa de una pedagogía que los políticos ni saben ni quieren hacer; los del PP, mucho menos.
Fabra o González saben que cerrar Canal 9 o Telemedrid, pese a que signifique renunciar a un juguete en sus manos, no les dejará huérfanos de apoyos ya que disponen de una legión de medios privados a su disposición; medios afines en lo ideológico o medios secuestrados gracias a la publicidad institucional y demás.
El problema de que se cierren los medios públicos es de los ciudadanos, de la democracia. Dejar en una democracia la comunicación y la información en manos del mercado es renunciar para siempre a los mínimos de pluralismo exigible para que el votante pueda tener datos suficientes para formarse opiniones libres.
En relación a la información, a un gobierno no se le deben  exigir simplemente que no manipule los medios a su alcance sino que mueva todos los obstáculos que dificulten el acceso ciudadano a una comunicación democrática y a una información libre y veraz. Fabra y González son, en si mismos, dos de esos obstáculos pero ellos, puesto a mover, prefieren mover a los ciudadanos a la desinformación y a los trabajadores al paro.


Las dos ilustraciones pertenecen al blog "Los calvitos".

1 comentario:

veneno dijo...

Os imaginais que le planteara un ERE de extincion o una externalizacion de ciertos servicios a mi mujer. Seguro que acabaria en una tragedia emocional y economica. Sobre todo si le digo que la amo, que lo es todo para mi y que es por su bien. Asi es el amor de canal nou, falso, cinico y despreciable; pero la quiero, siempre me enamoro de los canales canallas.
NOU I LOVE YOUR :)