viernes, 23 de noviembre de 2012

El iceberg catalán

Artur Mas (izq.) entrando en La Moncloa junto a Mariano Rajoy (Foto: EFE)

Las tácticas políticas se parecen bastante a los icebergs: lo que se ve es solo una séptima parte de lo que hay. Además, las tácticas políticas son siempre frías y las más de las veces, pese a estar diseñadas por gente que se las da de estrategas, acostumbran ir a la deriva.
Por todo esto, a mí lo del "borrador fantasma" que acusa al candidato de CiU a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas, de tener cuentas ocultas fuera de España me huele fatal; me da la sensación de que las cosas no son exactamente ni lo que parecen, ni como nos las están contando. Creo que es necesario reflexionar sobre algunos datos que están en la realidad pero nadie parece querer leer.
Me sorprende muy mucho tanta torpeza por parte del Partido Popular. La irrupción en campaña de la mano de un periódico tan ligero de principios como "El Mundo" del supuesto documento incriminatorio, más todo lo que ha sucedido a continuación, solo beneficia a CiU. No se entiende, pues, lo que hace el PP aviniéndose al juego. Ante una denuncia tan pobremente sustentada, los convergentes han tenido muy sencillo asumir el papel de víctimas. En el imaginario catalán, la lectura simple que se puede hacer de lo que está pasando es que si España "odia" a Catalunya y España está atacando al candidato Mas, está claro que la conclusión es que Mas es Catalunya; vamos, la identificación que siempre han pretendido los convergentes. La campaña hecha. Si se consigue que la imagen de perseguido de Mas cale en los sectores más nacionalistas que podrían estar pensándose, por ejemplo, votar Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), los republicanos perderían votos y los herederos de Pujol los ganarían.
Si el PP no quisiera alimentar el víctimismo de Mas tendría dos opciones: dar los datos del borrador y traerlo al mundo de los vivos desde el limbo de los espíritus malignos que parece habitar o, si no dispone del documento, dar carpetazo al asunto. Lo primero acabaría con Mas, lo segundo, zanjaría la cuestión. Pues bien, no hacen ni una cosa ni la otra: el borrador no aparece pero el ministerio del Interior dice que existe algo que no concreta y, por ejemplo, el ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, acusa veladamente a Mas de ser un evasor de capitales. En resumen, alimentan la sospecha, con lo cual lo que crece en Catalunya es la sospecha de montaje. No cuadra.
Igual que no cuadra que la candidata del PP a la presidencia de la Generalitat, Alicia Sánchez Camacho, no se canse de predicar que CiU tiene un pacto secreto de gobierno con ERC. Se entiende que es un pacto para el supuesto de que los convergentes no lleguen a la mayoría absoluta. Con lo cual da la sensación de que el mensaje de Sánchez Camacho va dirigido al electorado más moderado que pueda albergar dudas respecto al sentido de su voto. Parece que la candidata del PP esté promoviendo una mayoría absoluta de CiU para evitar que caiga en brazos de ERC.
¿Cuándo surge el "borrador" de marras? ¿A principio de campaña cuando CiU parecía un firme candidato a poder gobernar en solitario? No. Aparece con fuerza en la segunda mitad de la campaña justo cuando todas las encuestas lo que apuntan es que CiU se está deshinchando y que el horizonte de conseguir una mayoría absoluta parece una quimera.
Para el gobierno de España, así como para los grandes poderes financieros y empresariales españoles, catalanes incluidos, sería mucho más cómodo y tranquilizador un resultado que diera 68 diputados (mayoría absoluta) a CiU y 15 a ERC, que no otro que dejara a los convergentes en 63 y a Esquerra en 20. Después del 25, una Convergència sin mayoría suficiente no podrá pactar los recortes y el austericidio con el PP como hasta ahora, mientras, por otro lado, se apoya en los soberanistas hacia la independencia. Esta esquizofrenia ya no será posible, o será mucho más complicada. A partir del domingo, la debilidad de Mas será sinónimo de mayor protagonismo de la izquierda. En cambio, la hegemonía de CiU significará menos presencia de las formaciones más abiertamente independentistas y manos mucho más libres para seguir con las políticas neoliberales en marcha. Perfecto.
Todo lo que se está debatiendo sobre corrupción es una pura maniobra de despiste. El borrador de marras no es más que una cortina de humo que desaparecerá pasadas las elecciones. Convergència i Unió están rodeada de corrupción, corrupción de verdad, contrastada y perfectamente judicializada, que es como se dice ahora. ¿Por qué no se apela a ella? Pues porque esa es real y es mejor no tocarla, como el famoso 3% que denunció Maragall y del que jamás se supo. A Maragall se le calentó la boca, dijo lo que todos sabían pero luego esos mismos "todos" se ocuparon de taparlo.



Los casos de corrupción persiguen a CiU desde casi antes de llegar al poder en 1980. Por destacar solo dos, desde el "caso Treball", por el que se condenó a personas cercanas a la cúpula de Unió por llevarse dinero que nunca ha aparecido, hasta el "caso Palau", que puso de manifiesto que a través de la "Fundació Trías Fargas" se desviaba dinero hacia Convergència, no es que haya dudas de corrupción, lo que hay son evidencias. Recuérdese que Convergència tuvo que aportar su sede central como pago de la fianza impuesta por el juez y que, recientemente, aunque haya pasado desapercibido, el gobierno Rajoy indultó algunos de los políticos de Unió del "caso Treball" (ver vídeos 1 y 2).
Pues pese a todo, ahí están Josep Antoni Duran i Lleida i Artur Mas haciéndose los ofendidos ahora por una extraña maniobra que viene desde Madrid cuando han vivido encogidos de hombros mientras los jueces catalanes les decían que el dinero que llevaban en los bolsillos era robado.
Me da que el oasis catalán puede estar convirtiéndose en el iceberg catalán. Atentos, aunque solo sea para no picar en el primer anzuelo que ande suelto.

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