lunes, 19 de noviembre de 2012

Catalunya vota mucho más que a Mas

Artur Mas, en el Parlament (Foto: L.V.)

¿Quién dice que el proyecto soberanista catalán depende del resultado de Convergència i Unió el próximo domingo? ¿Qué pasaría si a CiU le faltaran hasta 30 diputados que estuvieran en manos de la Candidatura d'Unitat Popular (CUP) o Esquerra Republicana o Iniciativa? ¿Qué importa lo que saquen los convergentes si los soberanistas ocupan más de 100 de los 135 escaños del Parlament?
De cara a las inminentes elecciones catalanas es muy conveniente no confundir los resultados "en" Catalunya con los resultados "de" Convergència i Unió. Que a los convergentes les interese tal confusión para, en su tradicional maniobra de identificar una parte por el todo, ganar votos, vale; que interese en Madrid o desde las posiciones más centralistas en general para deslegitimar el soberanismo si CiU no llega a la mayoría absoluta, también vale... pero ambas posiciones son interesadas y falsas.
Hoy Artur Mas ha sido entrevistado en la Cadena Ser y , en cumplimiento de lo que viene siendo la táctica de su campaña, se ha envuelto en la bandera catalana y ha dejado caer que el proyecto soberanista, el proceso hacia la independencia de Catalunya, depende de su particular resultado. No es cierto. Mas, refiriéndose a la posibilidad de que CiU no llegue a la mayoría absoluta, ha dicho que "si el liderazgo que debe tener el país no está claro y reforzado esto se intentará convertir en un punto débil [...] El proyecto no quedará abortado pero si debilitado porque si el que lo tiene que liderar se puede decir que no sale reforzado pues el proyecto queda debilitado". Repito, no es cierto.
Las muchas encuestas que se están conociendo sobre las elecciones del domingo apuntan que CiU tiene muy complicada la mayoría absoluta (68 escaños). Así pues, la convocatoria electoral anticipada igual no les sale a los convergentes tan rentable como esperaban. Lo que también vaticinan las encuestas, eso sí, es que el proyecto soberanista, que es mucho más que CiU, tendrá un apoyo mayoritario. En general, los distintos sondeos dan a los partidos que, más o menos abiertamente, están por la independencia un centenar de los 135 escaños del Parlament y, si nos referimos a los que están por la convocatoria de un referéndum, estaríamos hablando de casi 120 escaños. Por eso no se entiende la pregunta con la que Pepa Buena, a modo de conclusión, ha despedido hoy a Mas en la Ser: "¿cómo gestionará la frustración de este pueblo si de las elecciones del domingo no sale una mayoria soberanista que ponga en marcha el proceso soberanista?". A quien las encuestas auguran problemas es a CiU, no al soberanismo. Por eso, si no es desde una equivocada o interesada identificación de Convergència con Catalunya, la pregunta plantea un escenario poco verosímil.
Por tanto, al margen de que CiU consiga o no la mayoría absoluta, lo que parece fuera de toda duda es que el soberanismo arrasará. La demanda de ¡Volem un referéndum! sonará tan fuerte como aquel ¡Volem l'Estatut! de la transición. Así las cosas, ni Mas puede hacer ver que el futuro pasa por su resultado, ni las fuerzas,  poderes y partidos centralistas tienen argumentos verdaderos para poner en cuestión la mayoritaria voluntad de los catalanes sean cuantos sean los votos que consiga CiU.
Catalunya no es solo Convergència i Unió. El futuro del pueblo catalán no depende de que los convergentes lleguen a los 68 diputados o se queden en 60. El mensaje ciudadano será inequívoco más allá de los votos concretos de una determinada candidatura. Si Mas no llega a la mayoría absoluta el problema será para el propio Mas, ya que, muy probablemente, su pueblo le estará diciendo que les gusta el proyecto pero no tanto quien se postula para pilotarlo.
Me parece que el domingo saldrá de las urnas catalanas un encargo claro de hacia donde ir en la cuestión nacional, lo que me temo es que el mensaje será mucho más confuso en el terreno económico. Ese será otro de los fuegos que deberá apagar Artur Mas si no obtiene la mayoría absoluta, ¿qué políticas económicas aplicará? ¿Con quién las pactará? ¿Con el PP, como hasta ahora, mientras con los demás enfila el camino de la independencia? Complicado. Más madera, Mas.

1 comentario:

Anónimo dijo...


Que Pepa Bueno o cualquier periodista o ciudadano anónimo confunda la candidatura de CIU con el deseo soberanista de los catalanes no significa otra cosa que el desconocimiento que se tiene en España de Catalunya. Por ejemplo, a la mayoría de españoles les resultaría más fácil entender la teoría de las cuerdas que la diferencia entre catalanismo e independentismo. Tal ignorancia de lo catalán es, evidentemente, interesada y potenciada por los gobiernos y la mayoría de los partidos políticos de España, su rancia concepción centralista del estado les impide contemplar otras posibles relaciones territoriales y les lleva a demonizar todo aquello que rebasa sus estrechos parámetros.
Tampoco entienden, o no saben, que Artur Mas como presidente de la Generalitat de Catalunya es un simple depositario de las demandas del pueblo catalán; demanda que le fue encomendada el 12 de septiembre de 2012 de manos de Carme Forcadell, presidenta de l’Assemblea Nacional Catalana, para que la propia Generalitat, como Institución del Estado que es, la tramitase ante el gobierno de España. No estoy muy segura del soberanismo de CIU, de hecho hasta hace unos meses no lo era; si Artur Mas se hubiese negado a tal cometido después de la clamorosa manifestación del 11 de septiembre habría cavado su propia tumba política y la de su partido. Ante semejante situación no ha tenido más remedio que recoger el testigo e intentar sacar réditos electorales.
Que lo consiga o no ya dependerá del “seny” de los votantes, no conozco a ningún catalán con dos dedos de frente que apruebe la política de recortes efectuada, y que dice tener intención de seguir, del govern del Sr.Mas.